|
ÍNDICE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA N.º 17 |
![]() |
||||||
|
Una vez más, más-una vez, y también un libro más, un más-uno, porque el día 28 de noviembre se pre-sentó, se sentó en el escenario del mundo Las 2001 Noches y 393 Noches de Repuesto, 1976-1997, un libro que si nos dejamos leer por él, en el acto de leer, habitaremos un territorio donde aprenderemos que lo hemos aprendido todo, casi todo, porque venía en un poema. También hemos despedido a 1997 y hemos escuchado hablar al siglo XX, nos ha dicho:
Sabemos que la vida consiste en arder en preguntas. La vida es una herida abierta que no se cura y además es causa del vivir. EXTENSIÓN
UNIVERSITARIA
Francisco Manuel gercía palancar LOS NIÑOS SONRÍEN A LA LUNA Los niños sonríen
a la luna, Crecen, Sobre la almohada
del padre que luchó,
María Chévez A LA MULTITUD Cuando la multitud
se aleja Cuando vuelvo entre
la muchedumbre Es en ella donde se
borda mi destino. |
Fabián Menassa de Lucia ELEGÍA A MIGUEL HERNÁNDEZ El hombre muere apenas si otro hombre lo nombra. Has nacido entre los pobres, Eres un hombre y poeta, No temes ningún peligro Sólo pides libertad, Ni siquiera eso te someterá Entre traslado y traslado Has nacido entre los pobres, Ya has muerto; ¡asesinos! Andrés González Andino A LOS POETAS Aparecieron llorando de entre los maizales, Caminaron juntos
|
|||||
|
El niño en el recorrido de su constitución sexual y antes de la represión del complejo de Edipo, dedica parte de su actividad al servicio de los intereses sexuales; comienza a investigar de dónde vienen los niños y utilizando datos que a su observación se ofrecen, adivina de las circunstancias reales más de lo que los adultos pueden sospechar. Generalmente, lo que despierta su interés investigador es la amenaza material de la aparición de un nuevo niño, en el que en principio no ve más que un competidor. El niño bajo la influencia de las pulsiones que en él actúan llega a formular numerosos teorías sexuales infantiles, tales como las de que ambos sexos poseen iguales genitales masculinos y que los niños se conciben comiendo y son paridos por el recto, y que las relaciones sexuales son un acto de carácter hostil, una especie de sojuzgamiento violento. Además hay lagunas insalvables en sus conocimientos pues ignoran la existencia del aparato genital femenino (vagina) y la existencia del coito, lo cual obliga al infantil investigador a abandonar su labor, considerándola inútil. Esto no evita que éstas, consideras por los adultos como pueriles teorías sexuales, presenten una gran importancia como determinante para la formación del carácter del niño y como determinante del contenido de la neurosis que pueda adquirir posteriormente. Estos pasos son inevitables para el niño y si la neurosis es una pregunta podemos decir que los síntomas son los elementos vivientes de esta pregunta articulado. En el Análisis de la fobia de un niño de 5 años, Freud nos dice que si de él hubiera dependido se habría arriesgado a dar a Juanito una explicación más, que sus padres silenciaron. En tanto Freud es partidario de responder a las preguntas que el niño se llegue a plantear, no tratándose de informarle más, pero tampoco menos. Freud nos dice que le habría confirmado sus presentimientos revelándole la existencia de la vagina y el coito con lo cual habría disminuido todavía más el resto no solucionado y hubiera puesto fin a su impulso interrogante. Estoy seguro, nos dice, de que no hubiera perdido el amor a su madre, ni su naturaleza infantil con estas explicaciones y se habría convencido, en cambio, de que debía dejar de ocuparse de aquellas cosas tan importantes y tan imponentes, hasta que se hubiera cumplido su deseo de ser mayor. Freud es
partidario de responder Freud nos dice que se trata de sustituir el proceso de represión, automático y excesivo, por el dominio mesurado conseguido por otras instancias psíquicas, es decir sustituir la represión por un juicio condenatorio. Para Freud los psicoanalistas conceden demasiada importancia a los síntomas y se ocupan poco de sus fuentes de origen, que es por eso que la educación de los niños está pensada desde la idea de que nos dejen tranquilos, es decir terminar con los síntomas cuanto antes, que no nos opongan dificultad alguna. Dice: «Nos dedicamos a la cría del niño bueno y juicioso y no nos preguntamos si semejante educación es la más conveniente para el niño». Por eso que no se extraña que para Juanito fuera provechoso producir la fobia con lo cual consiguió llamar la atención sobre las dificultades ineludibles que se oponen a la educación infantil y que también le permitió recibir la ayuda del padre. Amelia Díez Cuesta
Que el nudo edípico es universal, en el sentido que es el que sostiene a cada humano. Todo comienza en él, sin embargo cada uno tiene una forma singular de posicionarse en él.
Que la tragedia se halla dominada por el sentimiento de un destino horrendo e inmerecido, que se cierra implacable en torno al ignorante culpable por obra de sus propias manos, por la ironía trágica en que se debate inconscientemente. Edipo impulsado a descubrir al culpable en sí mismo, por el inexorable nexo entre todos los anillos de la cadena hasta la revelación final. Siniestros deslumbramientos que iluminan abismos de horror.
Edipo como figura de la inmerecida y ciega infelicidad humana, presa del destino en emboscadas contra la fortuna y la potencia de la «tyche», como partera del puro acaecer, de la que Edipo se reconoce hijo. Era, por otra parte, la única manera de hacer entrar en la humanidad por la poesía semejantes horrores, mediante la exclusión de la voluntad del hombre en ellos y presentando al hombre como juguete del azar, no por obra de la voluntad de un dios sino de la estructura del lenguaje que domina la existencia. Sólo un grandioso poeta podía hacer de ello, como hizo Sófocles, una creación de la poesía.
Que los procesos intelectuales más complejos y correctos, a los que no es posible negarles el nombre de procesos psíquicos, pueden desarrollarse sin la intervención de la conciencia del individuo, sin embargo no hay acto humano en el cual no haya participación inconsciente.
Que lo inconsciente es el círculo más amplio en el que se halla inscrito el de lo consciente. Todo lo consciente tiene un grado inconsciente, mientras que lo inconsciente puede permanecer en este grado y aspirar al valor completo de una función psíquica. Lo inconsciente es lo psíquico verdaderamente real. |
Que una cosa es el privilegio de tu presencia y otra son los problemas que te ocultaba cuando estabas y que ahora «creo» que son debido a tu ausencia, y otra cosa, muy otra, es «creer» que cuando vuelvas se van a solucionar las cosas que yo tengo que solucionar con trabajo. Atribuyendo cuestiones a tu presencia y a tu ausencia me pierdo a mí mismo y también el efecto de tu presencia y de tu ausencia, algo que si no utilizara me llevaría a la producción y a la creación. Esto acontece cuando la atribución es al amor, a un otro, o bien a un cambio.
134. La poesía se
comporta conmigo, últimamente, como una amante
histérica en tratamiento psicoanalítico: un día sí,
otros días no, nunca seguido como ambiciona mi deseo,
nunca todo el día como ambiciona mi muerte. 135. Yo, también, estoy lleno de vicios, de
deformidades. Al fin y al cabo yo, también provengo de
la unión deforme que simbolizan un hombre y una mujer. Y
eso, me digo, habrá de ser para todos los mortales. Es
decir que, detrás de toda inmortalidad, siempre hay una
madre dándonos la teta y, ahí, la cuestión. 136. Los alucinados modernos son gente sin
padre y sin madre, o con padre y madre un poco idiotas,
religiosos, imbéciles o ausentes. 137. Ser poderosos no alcanza, después, hay que poder soportarlo, llevarlo adelante, hacerse cargo del amor que se genera con el poder, hacerse cargo del saber que se genera con el poder, eso es lo más difícil. 138. Hoy se termina el año 1985, éstos son los últimos compases. Ya pasó media década y nadie, todavía, ha podido superar las palabras que dijimos al comienzo de la década. Hoy estoy contento. Dentro de algunos años cuando se sepa todo alguien se preguntará cómo lo conseguía. 139. Arrebatados, locos, perdidos, todo lo que quieran, pero no tenemos que dejar de morir de hambre a ninguno de nosotros, aunque sea un haragán, un imbécil, un extraterrestre 140. Lo que tengo es una fiebre, una intensa fiebre emocional por descubrir, exactamente, cómo somos los humanos, por qué las mujeres viven como viven, por qué, por qué. Y un canto de calandrias apoderadas de S mismas huyen de mí. Soy el cantor de un porvenir que nadie vivirá. Un agujero en la propia existencia del hombre.
Soy lo que no hubo, lo que no fue. Más que una
fisura, una señal, un anticipo de la muerte. 487. Querer hacer todos los días algo diferente, es muy juvenil, poco práctico y no permite enamorarse de nada. Un estilo, quiero decir, también, necesita que algo se repita. 493. Hoy leeré algo, escucharé alguna palabra que me saque del circuito vicioso de mi voz. 498. El universo, querida, quiere decir otras vidas, fuera de nosotros.
500. Darle
aun afecto el sostén ideológico que lo sostiene, es
transformar un sentimiento. Ningún sentimiento actual
podría ser sostenido como tal sentimiento entre
nosotros, si transformamos nuestros modelos ideológicos. 502. Por toda esta debilidad del sistema psíquico fue que
Descartes dijo «Dos más dos son cuatro» y «Pienso,
luego soy». Porque lo único que permanecería
inmutable, aunque yo me transformara, era que dos más
dos era cuatro, cuando el psicoanálisis muestra que dos
más dos, en realidad, son ocho, como mínimo, el doble,
cada uno y su fantasma. 1.518. Una vida sin riesgos es una vida muy riesgosa y espero
no haberlo comprendido demasiado tarde. |
1. LOS INICIADORES DEL MODERNISMO No es verdad que Bécquer, Unamuno y Antonio Machado sean los precursores del modernismo en España y Latinoamérica, según pretende Juan Ramón Jiménez cuando escribe o pronuncia alguna conferencia sobre el tema. Ni precursores ni modernistas. Pero lo más inconsistente en estas afirmaciones es que Antonio Machado sea el fruto de «esa unión mágica de Unamuno interior y Darío exterior». Y si fuera poco, este Machado, el Machado épico que luego veremos, «es el que una parte de la juventud de lengua española incorpora hoy, dentro y fuera de España». El Machado épico, según Jiménez, es el tercer Machado: el romántico, el «más filosófico que metafísico», el «muy siglo 19». Los otros dos, el primero y el segundo, son el Machado influido por Rubén Darío y el Machado influido por Bécquer. A la contradicción de las proposiciones se une la falta de un concepto claro del modernismo y el propósito implícito de querer escamotearle a los latinoamericanos, la gloria de ser los verdaderos iniciadores y continuadores de la nueva poesía en España y América. El primer libro moderno de Rubén Darío, Azul, se publicó en Chile, en 1888, con un prólogo esclarecedor y profético de Eduardo de la Barra. Prosas profanas y Los raros aparecieron en la Argentina en 1896. En este año se suicida José Asunción Silva y nos deja el Nocturno que habría de imitar Gabriel y Galán en su poema Confidencia. Pero a decir verdad, tres años antes, en 1893, se publican en Brasil el Missal y los Broqueis de Cruz e Souza, el poeta negro que si no se difundió por haber escrito en portugués, es, en cambio, por los valores de su obra, tanto o más grande que Rubén Darío a quien aventaja en una calidad que éste desconoció: el impresionismo. El mismo año, es decir, en 1893, muere otro poeta modernista, el cubano Julián Del Casal. Cuatro años después, en 1897, aparecen en Colombia, el libro Ritos, de Guillermo Valencia, y en la Argentina, Las montañas del oro, de Leopoldo Lugones. El siglo XIX se va replegando sobre los albores del XX. Cruz e Souza muere en 1898 y al año siguiente se publica la Castalia bárbara del boliviano Ricardo Jaimes Freyre. Los últimos reductos se resquebrajan. El siglo se diluye no sin el tiro de gracia, que también le corresponde a Darío con su España contemporánea, aparecida en París en 1901. En esta obra que esboza la liquidación de las vigencias finiseculares de España, hay una frase que lleva el peso de toda su razón polémica. Esta frase dice sencillamente: la seca poesía castellana. Entretanto... ¿qué pueden oponer los españoles?... Un Bécquer que imita a Heine, por más que se le defienda de tal influjo... Un Núñez de Arce que no supera a Bécquer... Un Manuel del Palacio que nace muerto... Un Antonio de Zayas que confunde el cementerio con la poesía... Un Eduardo Marquina de cuyo nombre es mejor no acordarse... Un Salvador Rueda que navega hacia el olvido... Un Villaespesa que se nutre e imita a todos los poetas americanos... Una Rosalía de Castro que sólo vivifica el eneasílabo... ¿Y los demás?... Unamuno no conoce la literatura francesa, la más grande de su tiempo. Llama monos y raísonneurs a sus escritores, poseur a Mallarmé y duda de que Verlaine se pueda salvar. Se declara admirador de Maeterlinck, Wordsworth y Browning, le va gustando Amado Nervo (!), y ensalza a Kierkegaard y el misticismo. Es ya un perfecto irracionalista como lo han de reconocer él mismo y sus compatriotas. Tiempo después, en Contra esto y aquello (1912), habría de confesar que «eso que se ha llamado modernismo en literatura» es algo «respecto a lo cual... cada vez estoy más a oscuras de lo que sea». Nacido en 1864, Unamuno sabía lo que decía, como también lo supo en 1899 cuando escribió a Darío una carta en la que se expresaba con los siguientes términos: «lo que yo veo, precisamente en usted, es un escritor que quiere decir, en castellano, cosas que ni en castellano se han pensado nunca ni pueden, hoy, con él pensarse». Tal fue Unamuno. Un espíritu tradicionalista que no tuvo nada de moderno en el concepto revolucionario del vocablo. Un poeta que escribió sus primeros versos en 1907 y que no logró superar, en este aspecto, al mejicano Amado Nervo, el más débil de toda la pléyade del novecientos. Échese un vistazo a la voluminosa antología reunida por Luis Felipe Vivanco y se tendrá, sobre el que fuera brillante rector de Salamanca, la medida de un acendrado clasicismo que le impide superar la generación española de 1898. Ni aún le valen sus consejos para construir un idioma «más desgranado, de una sintaxis menos involutiva, de una notación más rápida» (V. Guillermo Díaz-Plaja: Modernismo frente a noventa y ocho, p. 157; Madrid, Espasa Calpe, 1951). Su obra sólo es la proyección de una batalla en cuya polémica no existían los signos de la renovación estética. Antonio Machado, influido por Darío, según lo reconoce Jiménez, fue un admirador del nicaragüense. Veamos el párrafo en el cual el guatemalteco Enrique Gómez Carillo le da noticia de dos poetas andaluces. Este le escribe a Darío desde París «rodeado de gauchos» y dice: «entre estos gauchos que me dicen che, escriba no más y no se dilate, hay dos andaluces (Antonio y Manuel Machado) artistas ellos, que le mandan a usted por mi intermedio, recuerdos admirativos». |
Y a Gómez Carillo ya lo conocemos. Darío mismo le señala el camino de París, y desde ahí aquél publica, en 1895, su Literatura extranjera, dando noticia de Verlaine, Mallarmé, Saint-Pol-Roux, Moréas, Stuart Merril, Henri de Regnier, Maeterlinck, Huysmans y otros. Se adelanta en un año a Los Raros. Pero no es nada más que un adelanto sin importancia, ya que el libro fue periodístico, sumario, apresurado a veces, y no tenía la penetración crítica que alcanzó el de Rubén Darío. De cualquier manera, la literatura del tiempo era patrimonio de los latinoamericanos.
Pensamiento sutil es el concepto de un intenso y desplegado acontecer. Se halla fuera de todo régimen adjetivo, sutileza, artificio o sentido común. Insiste sobre historias truncas que van desde Duns Scoto hasta Klossovski, pasando por un incierto Marx, lo impensable freudiano, la inmanente tontería deleuziana, la «nuance» de Nietzsche, la estética —que falta— en Heidegger o el monstruoso pensamiento derridiano. Todo ello entre otros. Por eso estimo que para transitar un «pensamiento sutil», sea cual fuere el que merezca llevar este nombre, es preciso —la precisión es sustancial— tomar, embebernos, con ciertas precauciones. I. Cuando uno viene de un pensamiento diferente, antagónico o disímil, es síntoma de una buena y honesta disposición intelectual no distorsionar el trabajo textual del autor, siempre nombre de un enigma antes que de una biografía. II. Las nociones o conceptos que son especialmente rechazados en este ámbito (p. eje. «causalidad», «analogía», «sujeto-objeto», «técnica», «presencia», «evidencia», «sentido común», etc.), no pueden reintroducirse por la ventana para hacerles realizar funciones que estén forcluidas. Tal operación es el efecto de una violencia simbólica que, un proceso intelectual serio, debería neutralizar, ya que anularía sobrepasaría sus capacidades. III. Cuando se desoyen expresamente las voces que resuenan en tales pensamientos, extrayendo de manera aislada o anecdótico algunos de sus elementos, esas formas de captura (mediante la cita o la referencia, desconociendo la operación que en ese momento se está realizando) no pueden disfrazarse bajo la idea «festiva» de que se está ejerciendo una tarea crítica. Lo que en realidad se efectúa es un ejercicio inútil y apresurado sobre el propio desconocimiento. Lo cual nada tiene que ver con los errores de apreciación, enfoque, interpretación o con los límites del propio abordaje que, a menudo, son las claves mismas de su prolongado enriquecimiento. IV. Lo que denomino conceptualmente «pensamiento sutil» requiere salir al encuentro de sus paradojas, de sus contra-opiniones. Cualquier permanecer a su costado, en sus gruesas evidencias o en sus rápidas captaciones, no sólo lo aleja, sino lo deposita y condena a las más siniestras manipulaciones. Por eso pensar «contra» tal o cual, además de parasitario, es una empresa estéril, consignada a reiterar de manera aburrida el punto de vista previamente asumido. No conozco un solo texto contra un gran pensador que no haya fracasado, víctima de esa bullanguera anticipación. Estoy recordando, sin mencionarlos aquí, algunos «dossiers» contra Marx, Nietzsche, Heidegger, Deleuze, Freud, Borges.... sólo por señalar un listado indicativo. Y esto por la sencilla razón de que un pensamiento se apellida «grande» cuando excede de sí mismo hacia todo aquello que abre y no le pertenece. V. Si a un «pensamiento sutil» quisiera atribuírsele un ser, sería justamente lo que nunca podrá ser, es decir, completarse consigo mismo. Sutil es, así, uno de los nombres de lo otro, de una radical diferencia. De ese modo es lo que escapa a toda «globalización». Desde este ángulo el presente amplificado, inédito, que caracteriza al espacio-tiempo cerrado de la «globalización», es considerado como un proceso de devastación. Esta ocluye pensar la temporalidad misma como constituyente de la otreidad, de su fue y de su será. Y, con su huracán del ya y el ahora —exigencias patológicas— arrasa con el sujeto que parece exaltar y la cotidianidad que simula satisfacer. VI. En fin, la no simplificación será la regla de juego de mis «atisbos» —no pretendo otra cosa—, siempre en escorzo, sujetos a constantes modificaciones. ¿Por qué regla de juego? Porque sabemos que existen juegos sin reglas. Y no ignoramos que se llaman «sacrificiales». No simplificación, marcas singulares, diferencias imperceptibles, resistencia creativa, grito sutil. No más «sacrificios». Un juego abierto que ponga a girar la vida con sus morires. Y, así, en adelante. Del libro inédito «Ensayos sobre el pensamiento sutil. Heidegger, Deleuze, Derrida» |
Erasmo, en su «Elogio a la locura» retrata con dureza a los que aborrecen y a los que adoran el dinero. De los primeros dice que son una plaga para la humanidad, en cuanto a los segundos les considera los peores locos y los más despreciables de todos los mortales. Attila y los Hunos no supieron aprovechar las riquezas conquistadas. Eran unos brutos desinteresados. Despreciaban el dinero. En el otro extremo, el avaro, caricaturizado e inmortalizado por Molière, nos resulta ridículo. Cree poseer lo que no se puede poseer, el objeto que sostiene el deseo. Ni lo puede disfrutar, ni lo puede intercambiar. Hace parte de su propia carne y al querer asirlo, lo deja escapar, es su fetiche, es decir una pantalla, un velo, una detención del deseo. ¿Y a cada uno de nosotros, qué le pasa con Don Dinero, ese poderoso caballero que parece llevar el mundo? ¿A qué grado de libertad tenemos que llegar cuando no nos animamos a imaginarnos, a ser plenamente ricos? Decir «No tengo tiempo... No tengo dinero» es no querer enfrentarme a lo que realmente no tengo. Lo que no tengo ni tendré jamás es al otro. Lo que no tengo ni tendré jamás es la inmortalidad. Al igual que el avaro intento suplir al vacío con un fetiche, en lugar de sumirme como un ser mortal que habla, un mortal cuya sexualidad son ante todo las palabras. La falta de dinero es un pretexto, me detiene antes del texto de mi vida que se queda postergado mientras me sigo creyendo inmortal. Pobre me quedo estancado en un estado infantil de necesidad. No crezco. La muerte parece entonces alejarse pero reina más cruelmente. Siendo pobre, apenas vivo. Nadie pide a quien no tiene. Me voy quedando fuera del intercambio. No tener para no dar es una de las formas más crueles del narcisismo. No hay peor rico que el que se disfraza de pobre. Es como un hombre lleno de vitalidad que no quiere dar a la mujer que llama impropiamente amada el calor de su fuerza, es como una mujer que teniendo un tesoro de ardiente dulzura cierra las piernas y el alma. Para el psicoanálisis, el dinero se inscribe en la política del deseo. Propone una concepción del dinero dentro del intercambio social, en un mundo donde, además de yo mismo, viven también otros. Al dinero fetiche del avaro que al querer alcanzarle se escapa opone el dinero en circulación ya que la riqueza por ser tiene que circular. Por eso Freud ambicionaba un psicoanálisis posible para toda la población, un hecho exquisitamente comunitario. Cuando nos preguntan si existe alguna contraindicación en psicoanálisis solemos contestar que la única contraindicación es no pagarlo para que el psicoanalista no se quede con el producto de su trabajo: la vida del analizante. |
Para que el analizante pueda decidir el valor de su propia vida más allá de lo que había decidido la determinación familiar o social, para que pueda hacerse cargo de su propio nombre es fundamental que el psicoanalista no necesite ni su amor ni su dinero. Con el psicoanálisis se va produciendo un sujeto deseante. Un sujeto deseante encuentra la manera de ponerse en circulación para hacer algo por su propio deseo. Hablando, aprende a amar. Va tejiendo lazos sociales que lo sostienen y lo enriquecen sumergiéndole en el mundo. Cada vez que dejamos de desear, nos empobrecemos, perdemos el mundo. Claire Deloupy Marchand
El viento movía lentamente una cortina blanca y transparente. Era el único resto digno que quedaba, y a pesar de estar torcida y descolocada, era tan bella. Parecía la bandera de una rebelión, era la única que se plantaba allí en medio de todo ese infierno, tan blanca, tan inocente y desafiante, rotundamente sola. No se escuchaba un solo ruido, tan sólo el rumor del viento besando, amando la cortina. La ciudad amanecía envejecida, incólume. Sus columnas rotas me hablaban, me torcían el espinazo, me aguijoneaban las vértebras, se movían como cuerpos sólidos dentro de mis manos, mis brazos, sentía los dedos larguísimos. El dolor era material, podía tocarlo, palparlo. Busqué unos cigarrillos que nunca tuve, no suelo fumar y deseé palpar la humedad de unos ojos cualquiera. Mirarlos detenidamente, y articular algo así como una sonrisa, apretando los dientes, porque sé que en ese momento no me hubiese salido ninguna palabra. Tan sólo el silencio que nos hubiese unido tanto. Es ese puente que hube de atravesar cuando en un movimiento inútil giré la cabeza y ahí lo ví. 0 vi lo que quedaba de él, o probablemente lo había visto antes y no quise enterarme. Mi vista se fijó. Un bracito corto sobresalía en una montaña de escombros, a su lado, trozos del periódico de ayer. La Embajada del Japón en Perú había sido liberada, todos los guerrilleros muertos. Entre tantos escombros, allí, aquí, grité, mascullé mi grito. Era como si nada hubiera ocurrido. A los muertos del Perú se los había tragado un agujero negro, a mi dolor, el silencio. Paola Duchên |
POESÍA, PSICOANÁLISIS, LOCURA
Parece ser, debo enfrentarme a un público hambriento de saber. Y un espíritu hambriento de saber, no ambiciona saber, sino leyes, para su espíritu desesperado. Orden significa, para estas almas, progreso. Y progreso significa bienaventuranza, porque no todos pueden acceder a ese don. Y si todavía no sé, cuánto pagarán ustedes por este encuentro conmigo, estoy empezando a comprender, cuánto me tocará pagar a mí. Haber perdido el rumbo en plena América Latina, no es haber pagado poco, y sin embargo, eso sólo, no da la medida de mi apuesta. No sólo vine a comprobar lo que de beneplácito estoy comprobando, sino que, más bien haríais en no dudarlo, vine a comprometer en la conversación la dirección de mi vida. Y si de poco valen mis palabras, estarán mis escritos y los escritos de mis escritos. POESÍA, PSICOANÁLISIS, LOCURA. Tengo toda la paciencia que tiene que tener un árbol perenne. Se imaginan esa solemnidad. Y no soy, como dicen algunos de mis versos, un pájaro cantor, sino, más bien, cientos de pájaros cantores anidan en mis propias entrañas. Soy, por eso, la madre de lo que canta en cada pájaro cantor. Y lo que crezco contra el tiempo hace efímero el vuelo de los pájaros, me llaman: POESÍA. Tengo en mí, todas las muertes y todas las vidas que de mí hicieron la eternidad. Hombre de piel y amianto, caricatura de un fuego contra sí mismo. Y no ha de ser vano a mi edad preparar un ciclo de conferencias. No está mal entonces, que yo tenga mi posibilidad. Haciendo gala, y agradeciendo en este hacer al que, antes de mí, pronunció estas palabras, Osvaldo Ortemberg, de un saber no sabido, y que, precisamente, es a partir de él que yo os puedo decir: toda la diferencia, se puede marcar en el uso. Está claro, por ahora, que tengo que producir cinco conferencias y tengo entendido haber pedido lo me habéis otorgado: cinco conferencias sobre PSICOANÁLISIS, POESÍA, LOCURA. Y sabemos, porque somos hombres cultos de nuestra época, se me ha hecho acceder a un lugar desde el cual se puede impartir ideología. Y la ideología, no tiene en cuenta de su transmisor ninguna otra cosa que la posibilidad de transmitirla. Ella, la ideología, más que preguntar por el color, pregunta por los mecanismos. Todo lo que repite, todo lo que reproduce, hace su bien y su belleza. Sé por lo tanto, que aunque brillante pueda ser en mí una exposición donde el método psicoanalítico atraviese la vida del hombre, y no sólo su poesía, que eso sería suficiente, sino también en estos tiempos que corren, su propia locura. Que ahí, donde en mí se repita una palabra, en vosotros se cerrará un sentido. Y ahí, donde yo hable de mi conocimiento y no de lo que me siento capaz de saber frente a ustedes, ahí se abrochará en ustedes una definición, quiere decir: una vez más se cerrará en ustedes, un sentido. ¿Quién, me pregunto, estará preocupado por la locura, sino quien la ha rozado? ¿quién habrá de interesarse por la poesía, sino el blasfemo? El que todavÍa no pudo levantar sus faldas y hundirse en ella para siempre. El que no soportó el olor a vida de la poesía. Ese, es el que está preocupado por ella. Nuestra conversación goza de detalles que la hacen una conversación interesante y no porque entre nosotros habrá dinero y su consecuente trabajo realizado, sino, más bien, estoy proponiendo dejar que hable en nosotros lo que de humano es capaz de hablar. Y si damos este paso, no sólo las ciencias han quedado a nuestras espaldas, sino también, lamento decírmelo (porque yo soy su enamorado) habrá quedado a nuestras espaldas, también, la poesía. Y si ha de ser algo bueno para vosotros que algunas de las piedras que se interpongan en vuestro camino queden a vuestras espaldas, no ha de ser bueno para mí que quede a mis espaldas, precisamente, aquello que había de sostener, en mi discurso, frente a ustedes. Porque poesía y ciencia son, quiero deciros, un límite casi biológico, frente a la dimensión de la pasión que quieren encubrir y que, hoy, ha traído un poco de ella el título de la conferencia, ya que de la locura se trata cuando queremos descubrir los límites de la creación, para que con este límite y sin más, encontrarle un sentido a ella, la locura, invitada hoy, más por sus honores que por los nuestros y sin embargo, capaz de dejarse arrastrar como una cualquiera entre nosotros, para que hagamos de ella y precisamente contra ella, un modelo contable, que si no cura del todo al paciente, por lo menos curará un poco al psicoanalista. Cuando hablamos de poesía, no hablamos de una poesía que nos descubra el centro del amor, sino de una poesía que produzca amor en los hombres. |
Más que una ciencia para descubrir sentidos, una ciencia que no deje tranquilo ningún sentido, ninguna verdad. Un método que más que revolucionar, se revolucione. Y hoy, no he venido a preguntarme por mi ser porque yo, es cero. Tampoco vine a preguntarme por vuestro ser, porque en vuestro ser anida la sustancia de mi carencia, y ese deseo de plenitud es vuestro ser. Y tampoco vine a preguntarme por los astros celestes que surcan el espacio a diario, porque no es de las posiciones que ocupamos en el espacio de lo que hemos venido a hablar, sino precisamente de lo que a todos sobrecoge y a todos por igual, el tiempo de nuestra relación. Y si del tiempo ha de tratarse, sabemos entonces, que ha de tratarse, también, de desprenderse de algunas trabas, para que del tiempo pueda tratarse. Y si del tiempo se trata, deberá saberse que habrá violencia en nuestras mentes y en algunos de nosotros- habrá violencia en el corazón (que como se sabe no es una violencia aconsejada, porque produce daño en el propio corazón) porque el tiempo será, una irrupción brusca y desmedida en nuestra manera de ser que, hoy, precisamente, se nos está dando por confundirla con nuestra manera de pensar, que es por ahora, y hasta que no se demuestre lo contrario, lo único que tanto ustedes y yo, estamos en condiciones de arriesgar. Y si esto tendrá que ser un entrechocar de saberes, o bien, un entrechocar de retóricas, se irá sabiendo en la práctica de esta contradicción. Ahí donde la práctica por tal, nos hará propietarios de un trozo de realidad y, ahora, por las palabras que ella ha pronunciado impunemente por nosotros, dueños y señores, tendremos que ser ese pedazo de realidad, y defenderla. Quiero decir que es como psicoanalista que se me reclama en este territorio, ya que no es del saber que no se consume. Lo que parece no consumirse en este territorio es un psicoanálisis que arrase, no sólo la vida del psicoanalista, sino también la vida del paciente. Un psicoanálisis donde el psicoanalista, más allá de su condición de asalariado, no se someta hasta el límite de no poder cumplir ya con su función. Función que de devenir como tal, tendrá mi deseo en eso porque sólo el deseo de quien se ocupa de eso, desea la función. Y si eso de ser la función, invade eso de no ser nada en mí, mi deseo será social cada vez que le cuadre expresarse. Y cuando digo social, quiero decir, que en su expresión no me dará el ser que ambiciono en el movimiento sino, por el contrario, aquel otro ser temido, por ser deseo de Otro y que de ustedes ha partido porque la función, no habla; sólo desea. Y sordo es el desear de la función, ya que ella, nada desea para S, sino para la retórica que la crea como tal. Que los poetas legislen con sus versos la vida de los hombres y que los psicoanalistas expliquen, diríamos, de una manera magistral, los mecanismos intrínsecos de dicha legislación, no son todavía pruebas suficientes para que sigamos galardonando a nuestros poetas y a nuestros médicos psicoanalistas, y sigamos recluyendo a nuestros locos en los manicomios, o sus sustitutos, no siempre diferenciados claramente de la fuente de la cual provienen. Una manera de pensar inhumana genera una manera de pensar humana y esto, sin embargo, no le da al asunto status de verdad. Porque debemos decirlo: no es en la verdad de la locura donde anida la humanidad, y por lo tanto, no es, precisamente, humanidad lo que ambiciona el discurso psicótico sino, más bien, una palabra que por su brusquedad interrumpa el flujo de lo que teniendo que ser deseo, todavía, es necesidad en él. Palabra que por su imposibilidad de ser reducida a cosa alguna, sirva como ejemplo (porque de qué otra cosa se trata que de un proceso de identificación), para que el discurso psicótico pueda, para dejar de ser psicótico, separar la cosa de la palabra que nombra la cosa o, bien, en otro nivel, separar lo bueno de lo bello o, bien si se trata de hablar de los diferentes niveles de locura, un hombre que pueda separar lo bello de lo divino. Y si para semejante transformación habrá de ser necesario el cuerpo del psicoanalista, el psicoanalista tendrá que saber en todos los casos que, nunca es el padre el que presta el cuerpo al síntoma, sino que es la anhelante y ambivalente madre la que presta su cuerpo, para que él, su cuerpo, acontezca en el lugar de lo cósmico y temido, por no ser, todavÍa, palabra. Y así, como todo cuerpo será cuerpo de Ella, toda palabra será palabra de El. Y sin tratar de saber si es demoníaco o divino que un psicoanalista oficie de madre, bien podremos decir que la verificación del cuerpo no da más garantía al símbolo, sino, por el contrario, pone en cuestión precisamente al símbolo. Porque el poder de curar está en el cuerpo. Porque si de curar se tratase, es de la eficacia simbólica de lo que se trataría y de ella, de la eficacia simbólica, es más capaz el cuerpo que la propia palabra. Y si totalmente faltase el cuerpo, no tendríamos tampoco, el símbolo en su belleza pura o, mejor dicho, no habría símbolo posible en esa debilidad. Esta manera de no poder no estar y tampoco poder estar, hace del cuerpo del psicoanalista una nube de polvo ardiente y helado a la vez que, en todos los casos, envuelve a quien por su boca habla en esa pasión. Donde amar u odiar más que importantes por sus signos, son importantes porque de sí no expresan, más que lo que ella ordena como pasión expresar. A nada temo, dice el sujeto, sólo a mis propias palabras. Me repito una y mil veces, el hombre puede más. Sin embargo en mi primera conferencia sobre Poesía, Locura, Psicoanálisis temo no poder, ni siquiera, lo que debería poder por ser humano. Y si del saber se tratara en esta oportunidad de que cuando uno sabe pueden saber todos, diría sin más que al descender del avión en el aeropuerto de Cali supe que yo era otro del que había viajado en el avión desde el aeropuerto de Madrid. Y ese casi doloroso saberme un otro de aquél, me permite pensar que cuando me vaya de Cali, ustedes serán otros de los que fueron durante mi estadía en Cali. (Continuará) |
¿Qué será? me pregunto lo que designa la individualidad o la grupalidad de un texto, lo que lo nombra, lo señala, lo rubrica, tal vez, una diferencia que no se detiene y se articula con los sistemas de lenguajes: una diferencia de la que cada texto es el retorno, sin obligarlos a reunirse inductivamente con la copia de la que inmediatamente se los hará derivar. ¿Cómo plantear pues el valor de un texto? Una lectura posible puede estar ligada a una práctica y esta es la de la escritura. Lo que está en juego en esta propuesta es lo que en este momento propongo, lo que ahora deseo. Un trabajo en que el lector, la máquina deseante, frente al texto, o mejor, frente a la página en blanco, frente a su valor, lo legible o bien su contravalor, esto es, lo escribible o sea, lo novelesco sin la novela, la poesía sin el poema, el ensayo sin la disertación, la escritura sin el género, la estructuración sin el modelo estructural, el lector como decía, se transforme de consumidor en productor del texto, un lugar de descentramiento del despiadado divorcio que la institución literaria mantiene entre el fabricante y el usuario del texto, su propietario y su cliente, su autor y su lector. El lector medio está sumergido en una especie de ocio intelectual, de intransitividad, hasta de seriedad y no tiene acceso normalmente a jugar él mismo, a acceder al encantamiento del significante, a la voluptuosidad de la escritura, normalmente sólo le queda la opción de recibir o rechazar los textos y así la lectura normalmente es apenas un referendum. Jaime lcho Kozak
Escuchado al pasar Es muy recomendable para un psicoanalista no perder su capacidad de asombro pues eso querría decir que ha abandonado el campo del psicoanálisis, que ha caído en la común creencia de que las palabras tienen un significado fijo, preestablecido y que cuando uno dice algo, no dice ni más ni menos que eso que ha dicho. La frase con la que titulo este artículo fue pronunciada por una paciente en mi consulta en el transcurso de una sesión. Más allá del impacto que me produjo en ese instante, más allá de lo que esa frase decía de esa paciente y su historia conyugal, más allá de lo que me decía en ese momento de su tratamiento, espero que esa frase me sirva ahora para reflexionar con ustedes, queridos lectores, acerca del infierno que anida en las relaciones humanas en todas ellas y no sólo entre hombres y mujeres. La familia, además de ser un contrato social, económico, sexual, afectivo, es un modelo ideológico inconsciente, lo que quiere decir que no se deja de ser familia por el hecho fortuito de vivir solo o sola. Si nos quedamos en las apariencias de lo que el título dice, concluiremos que se trata de una pobre mujer víctima de un hombre desalmado y no seré yo quien venga a desmentir esta realidad. Pero me gustaría que nos atreviéramos a ir un poco más allá y ver que en esa frase, además de un pedido de que el daño sea menor, no hay una exigencia de que la situación termine. Es decir, hay una situación establecida, en la cual los espejismos imaginarios, los infiernos en espejo que atraviesan todas las parejas, someten a ambos a vivir vidas ya vividas, a no poder ni saber salir de la cárcel imaginaria donde la única elección (inconsciente) es ser preso o carcelero, a compartir mesa y lecho con el miedo y con un deseo muerto hace ya tiempo, haciendo sin darse cuenta todo lo posible para que las cosas no cambien, quejándose todo lo que pueden de que las cosas no cambian. Y ya sabemos que la queja es una acción que garantiza que no habrá transformación. A veces siguen juntos para que nada cambie, a veces se separan para que nada cambie. Otras veces los hijos son la excusa para separarse o para no separarse y con el tiempo serán declarados culpables de lo que se haya decidido. La estructura familiar busca un equilibrio que nada tiene que ver con que los integrantes del grupo familiar sean lo que se llama gente equilibrada. |
Una familia puede ser el mejor lugar para ayudar a crecer, un tiempo para dejar aprender, siempre y cuando todos los integrantes, adultos, jóvenes, niños reconozcan que crecer y aprender les incumbe a todos por igual, aunque la responsabilidad de este reconocimiento recaiga principalmente en los adultos. Emilio González Martínez
Recuerdo las brillantes explicaciones sociológico-literarias de Carlos Monsivais sobre el bolero, los culebrones y la estética sentimental mexicana. Creo, sin embargo, que esa exégesis del sentimentalismo, de vindicación del melodrama, aunque exaltada y reivindicadora de la identidad de un pueblo, y su particular educación sentimental, no puede leer más allá de los lugares comunes, sin penetrar en las verdaderas estructuras que articulan y posibilitan su aparición. No es difícil pensar, como se me puede ocurrir en un relámpago, que se trata de un asunto de inteligencia: «los culebrones gustan a los más estúpidos». Pero es que los culebrones, vengan de donde vengan, quiebran todos los límites de audiencia. Así que es sencillamente imposible que haya tantos idiotas en el mundo; aunque allí está la evidencia: un tema aparentemente estólido y predictible es objeto de la atención de casi todo el mundo. Nos bastan unos cuantos minutos, la aparición sucesiva de sus personales, para saber prácticamente al instante cuál es su trama y su muy probable desenlace. Sin embargo, a pesar de lo evidente de su trama es sabido que los culebrones se prolongan deliberadamente por los índices desmedidos de la audiencia. Ahora aunque es fácil ver los elementos esenciales de cada culebrón, leerlos de tal forma que expliquen su éxito resulta más complicado. ¿Cuáles son estos elementos comunes que comparten la gran mayoría de los culebrones? Veamos:
Sobre estos tópicos giran y dan largos rodeos los culebrones, cada uno con su particular estética y lenguaje. Pero quizá aquél más recurrente y omnipresente es el que bascula entre la virtud y la sospecha de la heroína, entre la pureza de su virginidad y la sombra de su conducta: virgen o puta, ese es el dilema de todo culebrón que se precie. Sabemos por Freud (La novela familiar del neurótico, 1908) que estos «inocuos» tópicos tienen su origen en ciertos impulsos psíquicos infantiles que acontecen en un importante periodo de nuestra vida. Se trata de aquella época en que empezamos a mirar críticamente a nuestros padres. El niño al sentirse despreciado por sus padres, contempla la posibilidad de ser adoptado. Todos, nos dice Freud, debemos pasar por este período especialmente doloroso en el que nos liberamos de la autoridad de nuestros padres; un proceso sobre el que se asienta el progreso mismo de la sociedad, pero ante el cual ciertos neuróticos fracasan. ¿De qué modo fracasan? los neuróticos fracasan en la sustitución. El fantaseo al que es tan propenso el neurótico lo aleja de la realidad que lo abruma, sin conseguir librarse de aquella imagen añorada de sus padres: cuando éstos eran los más fuertes y bellos. Los nuevos padres con los que fantasea no son otros que el fantasma de los viejos y humildes padres, cuyas cualidades exalta y recupera a partir de aquel modelo perdido. Los culebrones no son, pues, otra cosa que la puesta en escena de aquellas fantasías que permiten a los neuróticos corregir la cotidianidad y recuperar aquel tiempo perdido en que sus padres eran los más poderosos y bellos, y ellos los favoritos. Ruy J. Henríquez |
|
César Vallejo ¡Y SI DESPUÉS DE TANTAS PALABRAS...! ¡Y si después de tantas palabras, ¡Haber nacido para vivir de nuestra
muerte! ¡Más valdría, francamente, ¡Y si después de tanta historia,
sucumbimos, Se dirá que tenemos Vicente Aleixandre LA PALABRA Esas risas esos otros cuchillos esa
delicadísima penumbra Pero
estas dulces bolas de cristal
Aquí en el fondo hecho un caracol pequeñísimo Pero tápame pronto Porque yo voy a decirte todavía |
Juan Gelman POR LA PALABRA ME CONOCERAS Todo el turbión las penas los olvidos
|
|||||||||
|
Su piel tenía el brillo de las miradas húmedas que se reflejaban con pasión en su rostro. Su cuerpo flotaba en perfecta armonía con el aire. -Deme dos platos de lasaña, un filete empanado con patatas fritas, una coca-cola y un helado de chocolate, ¡chocolate!, pensaba en los cuadraditos de cacao y se le hacía agua la boca, como a ellos cuando la miraban. Había engordado cinco kilos desde que llegó a ese espacio compartido. Igual no le gustaba tanto que en el ambiente se respirara la poderosa atracción que ejercía sobre aquellos hombres, igual chocaba con alguna convicción religiosa que ella siempre negó tener, pero a pesar de todo, tenía. Atacaban su pudor esas miradas que parecían penetrarla. Cuando se levantó, una mañana de diciembre, después de una borrachera de Colacao con galletas y se miró al espejo, vio la primera montañita que, tímidamente se asomaba al sol de sus pómulos, ese fue el principio del fin. Y siguió embarcada en el tren del cacao y de las pastas, hasta que estas empezaron a rezumar por todos sus poros, y entregó su belleza al Dios del acné. Era sólo apariencia su oronda cara de mujer satisfecha, no pudo soportar la pasión que generaba en derredor suyo, se fue envenenando lentamente, sin darse cuenta, haciéndose inapetecible, consiguió mantenerse siempre fiel, siempre virgen. Alejandra Menassa de Lucia
|
|
|
CARTA: Les escribo después de agotar toda otra posibilidad, quizá demasiado tarde, porque no he sabido hasta ahora de su existencia. El otro día, una compañera de facultad de mi hija se olvidó el número 16 de su revista sobre mi sofá, al principio empecé a hojearla como una mujer de cincuenta años que lee una revista para universitarios, con cierto descuido. la palabra psicoanálisis es casi desconocida para mí, mi hija, motivo por el cual me animo a escribirles, ha probado todo tipo de terapias, visitado psiquiatras, psicólogas y hasta curanderos, tomado diversas medicaciones, y todo ello sin experimentar mejoría ninguna. De ser una estudiante aplicada, una joven alegre ha pasado a no tener interés por nada de lo que le rodea, apenas come, se pasa noches enteras en vela y se dirige autoreproches constantemente, siendo incapaz de realizar ninguna actividad. Así lleva más de un año y como los síntomas que tiene no ceden con antidepresivos, le han dicho que tiene una depresión exógena, que yo no entiendo muy bien lo que es pero me cuentan, que al contrario de la depresión endógena, que responde bien al tratamiento, la exógena no lo hace tan bien. Yo sólo sé que con ese diagnóstico mi hija queda fuera de toda posibilidad de mejoría en manos de los profesionales que hasta ahora la han seguido. RESPUESTA: Su hija parece padecer, por lo que usted nos cuenta, un estado similar al que se sufre ante la pérdida de un ser querido, desinterés por todo lo que no nos recuerde al difunto, falta de apetito, insomnio, lo que lo hace patológico es su duración excesiva (por lo que nos cuenta más de un año), y al parecer, debo inferirlo así, porque usted no lo cita expresamente, ningún ser querido ha muerto recientemente. Asimismo, en los estados de duelo, en general no nos autocriticamos ni nos dirigimos duros autoreproches. No obstante, aunque no estemos ante un duelo normal, ha habido algo que su hija a perdido, y sin embargo, se resiste a perder. En este estado patológico que llamamos melancolía, o depresión, el sujeto sufre una identificación con el objeto perdido, como nos dice Freud, el objeto cae como una sombra sobre el yo, los reproches, en realidad, no son autoreproches, sino que van dirigidos a esa parte del yo que aloja al objeto perdido. Todos estos procesos psíquicos, se ponen en juego en la relación entre el psicoanalista y el paciente, y no solamente modifican el estado patológico actual, sino que confieren al paciente fortaleza para no volver a enfermar. La sensación de desamparo que usted nos muestra en esta carta, con la pregunta implícita ¿donde no llega la psiquiatría, a quién podemos acudir?, está ampliamente extendida en la población. Nosotros le ofrecemos la alternativa del psicoanálisis, no sólo como opción tras el fracaso de psiquiatría , situación |
en la que inevitablemente llegan muchos pacientes, sino primera posibilidad terapéutica de afecciones psíquicas. Por otra parte, visto el interés que usted muestra, le informo que hay un Congreso Internacional: La depresión una enfermedad sin rostro, organizado por la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero, al que puede asistir (Para suscripción llamar al 542 33 49). ¡Escríbenos!, hay un equipo de psicoanalistas a tu servicio, para responder a tus dudas, problemas, inquietudes...
|
|
MIGUEL
OSCAR MENASSA
Este libro recientemente editado ha visto la luz en forma inmediata al dictado de las conferencias que le da título. Indispensable tanto para especialistas como para neófitos que desean acceder a una versión genuina y sin concesiones sobre el Psicoanálisis y con él a los pensamientos más vigentes de nuestro tiempo sobre la sexualidad, la creación, las posibilidades múltiples de la transformación a que nos aboca esta disciplina generada en nuestro siglo y dispuesta ya a atravesar sus confines para penetrar en las propuestas del siglo XXI. Un lenguaje preciso y eficaz hace asequibles las mayores complejidades ante las cuales este nuevo saber nos dispone. Miguel Oscar Menassa, su autor, nos permite un paseo por los conceptos y las ideas a través de una versión específicamente articulada y acuñada en treinta años de trabajo y publicaciones ininterrumpidas alrededor de estos temas. | |