ÍNDICE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Nº37

NO HAY PRODUCCIÓN DE SUJETOS FUERA DE LA PRODUCCIÓN CRUPAL

SEMINARIO DE SIGMUND FREUD

EL VALOR DE LO QUE NO EXISTE

SEMINARIO DE JACQUES LACAN

POETA CONDENADO

SEMINARIO DE GRUPOS

UNA VERGÜENZA FEMENINA

TALLERES DE LA ESCUELA DE POESÍA

EL STRESS EN LOS PROFESIONALES

FREUD Y LACAN

EL AMOR EN PSICONÁLISIS (IV)

ASOCIACIÓN PABLO MENASSA DE LUCIA

X CONGRESO INTERNACIONAL GRUPO CERO

DE NUESTROS ANTECEDENTES

ENDOCRINOPATÍAS Y SU RELACIÓN CON EL PSIQUISMO

MARX

MANIFESTACIONES SOMÁTICAS DE LA ANGUSTIA

FREUD

TEMPORADA 2000/ 2001

LACAN

NO HAY PRODUCCIÓN DE SUJETOS
FUERA DE LA PRODUCCIÓN GRUPAL

Presentación del Programa del Seminario. Septiembre de 1994 El programa de este Seminario está estructurado en tres ciclos. Al abordar los temas de cada ciclo nos encontramos de frente con una cuestión fundamental para la producción de un grupo: La diferencia radical entre actividad y tarea, tan radical como en psicoanálisis es la diferencia entre consciente e inconsciente.

Para que cada uno sea atravesado por el tiempo grupal, tiempo lógico más que cronológico, se hace necesaria, estructuralmente, la producción del grupo, un grupo que nos determine como sujetos y que como sujetos seamos su soporte.

Así como sabemos que no hay estructura sin sujeto, ni sujeto sin estructura del lenguaje, es decir, que los significantes determinan al sujeto y el sujeto es el soporte de los significantes. El grupo no es un conjunto de sujetos sino que produce sujetos que a su vez son su soporte material.

Es decir, que comenzamos nuestra andadura diciendo que la concepción grupal determina, rige, la manera de tratar los grupos y la manera de tratarlos comanda la manera de concebirlos. Y para nosotros no es que lo que se concibe bien se enuncia claramente, sino que lo que se enuncia bien está claramente concebido.

Diferenciar tarea de actividad es fundamental, ya que funda la diferencia que hay entre producción de un grupo como tarea inconsciente (producirse como grupo) y los quehaceres, el saber hacer con lo grupal.

Hay un decir que es hacer grupo y un saber hacer con lo producido.

Mientras las actividades son cuestiones sobre las que nos podemos poner de acuerdo, son algo pautable, o sea consciente, la tarea es inconsciente y en su condición de real impide todo tipo de pacto simbólico que no esté precedido por la interpretación.

En el primer ciclo que estamos abriendo, la tarea será la producción del grupo que tendrá que ver con la formación de: a) un imaginario grupal; b) una ideología grupal; c) un deseo grupal. Y para que esto sea posible deben ser interpretados los obstáculos que se oponen a la producción del grupo bajo las estructuras del Yo, el Superyó y el Ello.

A la constitución de un imaginario grupal se opondrá el Yo: Yo quiero. Yo necesito. Yo mando. Es por eso que la constitución del imaginario grupal tiende a anular lo yoico, una disolución imaginaria de cada integrante para poder levantar este obstáculo de aparición precoz en todo intento de producción grupal.

Los obstáculos para la formación de una ideología grupal surgen del Superyó. Podemos decir que la función del Superyó es como una teología negativa. NO quiero, NO necesito, NO demando (no puedo, no hago) GOZO. El imperativo del Superyo: GOZA, con la COSA, con das DING, con la madre fálica, ocupa toda la escena.

La perpetuación el goce primordial es obstáculo que opera como ideología negativa en la construcción de una ideología grupal y aquí cabe connotar otra diferencia fundamental en la construcción de los grupos. La ideología es diferente a las

ideas.

La ideología es aquello que determina la acción. La ideología no tiene nada que ver con las ideas, es un conjunto de razones (siempre inconscientes) que me permite actuar de una manera determinada. El momento de la ideología impide pensar. Pero sin ideología no hay movimiento, es decir, no hay sujetos psíquicos o sociales sin ideología.

El tercer obstáculo para la producción de un grupo, tarea del primer ciclo, proviene del Ello. Si Él desea, Eso goza; hace obstáculo a la producción del deseo grupal.

Los obstáculos se materializan en el intento de borrar (forcluir, repudiar) la diferencia radical entre tarea y actividad. Así, esos obstáculos intentan diluir la tarea en un sinnúmero de actividades (hasta amorosas), apuestan por la sinonimia, el pegoteamiento semántico para nada ingenuo, ya que en ese movimiento los integrantes privilegian el narcisismo sobre el trabajo, la familia sobre el grupo. El privilegio se materializa en la confusión de pensar un grupo como la suma de sus integrantes.

Fijando la posición de la Escuela al respecto decimos: NO hay producción de sujetos fuera de la producción grupal. Producir, entonces, un grupo que actuará como máquina productora de sujetos psico-sociales.

Durante el tiempo de producción del grupo, como dijimos, la actividad tiende a reemplazar la tarea siempre, en todos los casos, en contra de lo grupal.

Se va a tratar de caminar sobre un sendero donde los OTROS valen más que yo, pero los OTROS no refieren a ningún yo, los OTROS son los procesos imaginarios grupales que van más allá de cualquier yo.

Reiterando decimos que el grupo no está formado por sujetos psíquicos, el grupo produce sujetos, determina la producción de sujetos que van a ser el soporte de lo grupal.

Podemos decir en este sentido que la familia o la universidad no forman sujetos sino a condición de constituirse como grupos.

Hablar de lo grupal no es como hablar del inconsciente. No hay un discurso de lo grupal como hay un discurso del psicoanálisis.

El segundo ciclo tendrá como tarea la producción de un proyecto grupal. Los obstáculos que se opondrán a esta segunda tarea pueden denominarse como:

Restos del Yo: El cuerpo, la personalidad, la familia.

Restos del Superyó: Las instituciones del saber, la moral, los modelos ideológicos del Estado.

Restos del Ello: Narcisismo, Edipo, Castración.

No hay psicoanalista fuera de una cadena de transmisión. En el movimiento que la Escuela está produciendo en ese sentido, no hay Real sin Realidad.

PSICOANÁLISIS Y MEDICINA
X CONGRESO INTERNACIONAL GRUPO CERO
«No podemos terminar con el alma, sólo podemos curarla». Más información págs. 4-5

EXTENSIÓN UNIVERSITARIA: LA REVISTA DE PSICOANÁLISIS DE MAYOR TIRADA DEL MUNDO


Índice - Página Principal


momgalery
Ha vendido sus primeros 2 dibujos
y su primer cuadro
Por eso se permite esta publicidad

www.momgalery.com

1 dibujo por día 1 cuadro por semana
y también
galería de dibujos                con 32
galería de cuadros
                 con 7

INDIO GRIS

ES UNA REVISTA SEMANAL
¡No lo olvides!

TODOS LOS JUEVES EN

www.elindiogris.com

ESTUDIE PSICOANÁLISIS

una profesión con

FUTURO CERCANO

más información 

La Realidad son las marcas que lo Real va dejando en ella. Sin Realidad no habría dónde lo Real dejara sus marcas.

Para nosotros no hay Institución Escuela de Psicoanálisis sin grupo. Teniendo en cuenta que el grupo no son las personas, los integrantes, los elementos que lo componen, sino que el significante está en el nombre y apellido de la Institución: Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.

Los sujetos que no han levantado los obstáculos del Yo como restos, están todavía enarbolando los emblemas del cuerpo, la personalidad, la familia, que en sí mismas son instituciones pero no sociales, no culturales. El cuerpo biológico, la personalidad consciente, la familia como institución de la Especie Humana, cuya función es reproducir y cuidar la especie, siendo en este sentido animal.

Debemos ser animales, aunque ya hemos escrito que es una crueldad darle el habla a un perro.

El levantamiento de los restos del Superyo es producir en el lugar de las instituciones del saber (academia-universidad) el saber inconsciente para dar cabida a lo que del saber inconsciente transporta al goce como imposible. En lugar de la moral, una ética. Y en lugar de los modelos ideológicos del Estado, el grado de libertad que se produce en la escritura inconsciente de la ideología grupal.

Y por último, el levantamiento de los restos del Ello que impiden la producción de un proyecto grupal y que denominamos NARCICISMO, EDIPO, CASTRACIÓN, dejará paso a un más allá del sí mismo, a la posibilidad de una teoría de grupos y a la producción de una interpretación de la realidad-real más allá del Edipo, que como sabemos no es el mito de lo psíquico propiamente dicho sino sencillamente el mito del neurótico.

El sujeto de cualquier manera siempre será, como palabra, el puente indeciso de infinitas combinaciones de palabras. A lo que apunto es que se trata de transformarse en productor después de haber sido desde el inicio de los tiempos consumidor. De recibidores natos a dadores universales.

Si he sido formado como psicoanalista tengo que formar psicoanalistas y esto no es sólo el pago de una deuda cualquiera, sino que por simbólica atestiguará que ha habido formación.

Para terminar con cosas sencillas diré que cada vez que el grupo pierde su identidad, pierde su discriminación con el coordinador. Cuando el grupo dice: No somos el coordinador, nace como grupo. Un bien decir que es hacer. Un saber hacer, siempre inconsciente.

Pasos previos a candidatos a psicoanalistas:

El que paga le impone al otro que no exprese su deseo sino bajo la forma de «deseo que Usted se psicoanalice.»

Lo que pasa no es lo que pasa. Lo que se recuerda es en función didáctica. El paciente recuerda los efectos de la interpretación, no los hechos y ni siquiera la interpretación.

Si recuerdo los hechos, los sucesos que me pasaron con el psicoanalista, las palabras, no estuve psicoanalizándome.

No tener dinero, no tener amantes, no tener, no tener, es la sustitución de una carencia constitutiva, es decir, que es un no tener que otros tienen y que yo puedo llegar a tener. Secuencia sustitutiva de la carencia constitutiva de la que todos carecen pues nunca hubo y nunca habrá de eso.

Por eso que no, no, no, no, es propio del goce con das Ding, aún no operó la castración, estoy en contacto con la madre fálica.

Envidia y miedo son al fin de cuentas recuerdos encubridores de la verdad de castración, ya que no es el hombre el que tiene lo que yo no tengo sino mi madre y no es que tenga miedo de perder nada propio sino que lo que me sume en la desesperación y el terror es la castración, para colmo imaginaria, de mi madre fálica. Todas estas cuestiones funcionan en la producción de los grupos, por eso que se hará necesario el establecimiento y la interpretación consecuente en la transferencia, ya que los celos y la envidia son el legado de la madre y si hay madre, es cierto, hay amor pero no hay grupo.

Tal vez desviándome quiero decir que la idea tiene que ver con el conocimiento, es decir, tiene que ver con el pensamiento consciente. La ideología es inconsciente, no se puede decir cuál es la ideología antes de la acción. En la acción se ve la ideología, la ideología implica modo de hacer, sólo se puede interpretar después de la acción.

La política es la acción de la articulación de las prácticas. En la política se ve con qué ideología se hizo la articulación. La ideología funciona inconscientemente y nunca deja de funcionar. No hay que no haya ideología.

El grupo tiene extensiones, las instituciones tienen suscursales. En cuanto a la pertenencia y a la pertinencia diremos que para nosotros son instrumentos de lectura, pueden ser importantes parámetros de funcionamiento o faltar en absoluto.

Al grupo le interesa la historia, a la institución la eficacia.

El tercer ciclo, cuya tarea será la materialización del proyecto grupal producido en el ciclo anterior, se procesará con ciertas oscilaciones entre:

1. Individuo y masa.

2. Economía libidinal y economía política.

3. Producción de vida y producción de historia.

Miguel Oscar Menassa. Psicoanalista
Coordinador de los Talleres de Poesía del
sábado a las 19 h. y del domingo a las 11 h.


Índice - Página Principal


EL VALOR DE LO QUE NO EXISTE

Durante siglos no avanzaron los conocimientos por el uso y abuso de la metáfora sexual, la metáfora del acto sexual, la idea de conjunción sexual, de relación sexual, de algo buscando completud, un mundo esférico, una lógica de la esfera.

Sólo con la idea de la madre fálica como no existente, se rompió semejante barrera, sólo el vacío que el órgano sexual femenino simboliza, permitió, podríamos decir, el paso, el «no» generador.

Los actos mayores de la agricultura, el abrir el vientre de la tierra o los actos mayores de la fabricación del vaso, muestran la relación radical que existe entre estas primeras técnicas y el órgano sexual femenino. Sin embargo, si tenemos en cuenta los mitos de la infancia, que surgen espontáneamente, creativamente, en el proceso de constitu-ción libidinal del sujeto, nos podemos dar cuenta que no sólo explican los mitos, leyendas, cuentos, y folklore de la humanidad, sino que nos acerca a pensar que el progreso de la humanidad es semejante al progreso de estos mitos infantiles, estas teorías sexuales de la infancia. Sólo cuando se acepta el complejo de castración, es decir la no existencia de la madre fálica, sólo en el vacío del descubrimiento de la sexualidad femenina, puede generarse lo que ahí nace. Freud formula este descubrimiento que el psicoanálisis le permite y podemos constatar históricamente que desde que es escritura una nueva humanidad fue posible para los seres humanos. La curiosidad sexual infantil no se despierta espontáneamente debido a una necesidad congénita, no depende del tan famoso mapa genético, sino que despierta bajo el aguijón del egoismo, es decir bajo el componente narcisista del egoismo, cuando llega un nuevo hermanito, o bien escucha que alguien tiene un nuevo hermanito. Despierta su sensibilidad y agudiza su pensamiento. La existencia de los otros nos remite a nuestra propia existencia y eso genera un espíritu científico, investigador. ¿De dónde vienen los niños? ¿De dónde vengo? ¿Adónde vamos? Interrogantes que conllevan un proceso tal que puede abarcar períodos de nuestra vida que van desde la más tierna infancia hasta pasada la pubertad. El afán de los adultos de dar respuestas inmediatas lleva a generar leyendas que sólo genera desconfianza en los adultos, en tanto los niños se sienten engañados. Hay interrogantes que nos sostienen, que aportan significantes primordiales, necesarios, para ser de esa especie parlante que somos. Desconfianza ante los mayores, conflicto psíquico, disociación psíquica, porque de niños dependemos totalmente del amor de nuestros mayores, y a veces antes que perder esa confianza que ya se ha perdido, la negamos y nos dividimos, nos hacemos los esquizofrénicos, o bien perdemos la fe en lo simbólico, en las palabras, y pasamos a creer que las palabras son engañosas. A pesar de eso descubrimos que la criatura se forma dentro del cuerpo de la madre. Investigación que lleva el niño por sí mismo. Teorías erróneas, en la tentativa de resolver lo irresoluble, lo problemático. Así la humanidad nadó en las ciénagas del ocultismo cubriendo con teorías erróneas los siglos que separaron Macedonia y Grecia del Renacimiento y nacimiento de la ciencia moderna. El niño, enlazado a la ignorancia de la diferencia sexual, paso necesario e inevitable en todo crecimiento, y que ninguna información científica puede paliar, en tanto será letra muerta, atribuye a toda persona, incluso a las de sexo femenino, órganos genitales masculinos. Por lo tanto la madre tiene pene como el padre. Y ningún aporte científico será tenido en cuenta, como durante siglos se negaban evidencias científicas, y más aún, fuimos capaces de producir la Inquisición para exterminar todo lo que nacía como contrario a nuestras creencias. Así quemamos a muchos de nuestros científicos más relevantes, pasando luego a una etapa más civilizada donde ya no quemábamos a sus autores pero sí sus libros. Y tuvimos que inventar la reproducción tipográfica hasta llegar a la imprenta, para que se salvaran los saberes más importantes de la humanidad. El desconocimiento del órgano sexual femenino introduce al niño en una nueva teoría. La segunda teoría sexual infantil es que el niño es expulsado como un excremento, en una deposición. Esta era una teoría para mantener a la madre como fálica, para tapar ese vacío generador. Bajo esta teoría tanto hombres como mujeres pueden embarazar-se y el erotismo anal invade las costumbres. Así lo ordenado, lo económico y la tenacidad son señales de esta situación, que también comprenden lo descuidado y desordenado, o bien lo económico llevado a la avaricia, e incluso lo tenaz convertido en obstinación, con una tendencia a la cólera e inclinaciones vengativas. El pudor, la repugnancia y la moral surgen como productos de reacción, como anticuerpos, como diques a la sexualidad posterior. La tercera teoría es en relación a la interpretación del coito, que en todos los casos es de carácter sádico.

 

De ahí que la letra con sangre entra, lo que más duele más se recuerda, etc.
En la investigación sexual siempre se fracasa, y las cavilaciones
y dudas son el proceso prototípico cuando el sujeto se encamina a esclarecer un problema. El primer fracaso ejerce una influencia paralizante.
Y durante siglos se detuvo el avance del conocimiento y tanto la
Iglesia como el Estado trabajaban para que eso continuara así, hasta que la humanidad daba un paso adelante en su proceso de sexuación, en la inclusión de la diferencia sexual.

Cuando la diferencia se presenta como diferente, cuando hay machismo o feminismo, cuando hay racismo, cuando se reparten papeles, cuando se dividen en una y otra, es decir en dos, son formas de negación de la diferencia.

El vacío es determinante, por eso que pasar de la idea de relación sexual a la idea de la Cosa es fundamental.

Los modos diferentes de organizarse frente a la no existencia de la madre fálica es el fundamento del progreso de cada sujeto y de la humanidad, por eso que el psicoanálisis viene a dar existencia a lo que no existe, y en esa no existencia cada comienzo es un recomienzo, una repetición, un encuentro con lo que no existe, un volver a encontrar el objeto perdido que nunca se tuvo.

Amelia Díez Cuesta. Psicoanalista

Madrid: 91 402 61 93

Para el que todavía no se olvidó de leer

POETA CONDENADO

Impreso en gramage 90

para la felicidad de sus manos

Reserve su ejemplar

en la

Editorial Grupo Cero

91 542 33 49

*Si le tiene asco al papel

(moneda), léanos gratis en

Internet:

www.extensionuniversitaria.com

www.las2001noches.com

www.elindiogris.com

www.psicoanalisisypoesia.com

www.grupocero.org

 


Índice - Página Principal


UNA VERGÜENZA
FEMENINA

La identificación sólo es posible a partir del símbolo fálico, lo
que ha llevado a la humanidad a preguntarse durante mucho tiempo si en realidad lo que existe es un solo sexo.

Así vemos en el correr del tiempo desplegarse el patriarcado, el matriarcado, y en los últimos tiempos una resolución que los aún a en la palabra unisex. Se trataba de todos los intentos de repartir el poder entre los sexos. El psicoanálisis dará el salto que lo ubicará mas allá de toda lucha por el poder, poniendo el acento en una concepción que por ser falocéntrica, dará a lo femenino un lugar novedoso centrado en la existencia.

Existe o no existe y la mujer pasará a dejar de ser valorizada o desvalorizada y será el centro del dispositivo analítico en su relación con la causa del deseo, con el fantasma que ella encarna, y en la puesta en juego del falo que ella autoriza como existencia.

Hay un recuerdo de amor que ella guarda tanto como el hombre y es el amor hacia la madre, su primer amor. Es este amor el que la llevará a la elección del hombre cuando ella acceda al goce fálico, y a su vez es este amor el que será el centro del sueño masculino, porque será el que lo transportará a El a un más allá, a un Goce Otro.

Mujer, y esta será la palabra que pierda toda la referencia a un punto. Ella evoca lo que ningún significante puede cernir, esto es el fantasma y los sueños. Ella dueña de los sueños, dará modificaciones incesantes a su presentación porque su fundamento es una falta de fundamento y es así como su forma evolucionará indefinidamente.

Será huidiza y volátil como el deseo y lo femenino escapará a todas las palabras y nunca estará en el lugar donde se muestra. La Mujer no tiene identificación en singular, sino identificaciones como un abanico abierto a la pluralidad que nos indica que no hay rasgo identificatorio y que es imposible definir un modelo femenino.

Todo rondará al engaño, y a pesar de los signos certeros, que son reconocidos por cualquiera que la mire, el tono de la voz, los modales, la forma de andar, todo aquello que va aún más allá de los pasajero de la moda, nada habrá que asegure una identificación propia de lo femenino. Son sólo signos que ocupan el lugar de esta ausencia de rasgos de identificación, y esto es lo que aporta a la universalidad de la mujer, ya que lo que le falta es el anclaje a lo particular.

Estos signos cubren la presencia de un vacío que es a su vez lo que la causa como mujer, y bajo su máscara nada resulta identificado, son sólo indicios de una vacuidad. Ella no está allí, ni en la voz, ni en el andar, ni en la mirada, todo es como un ropaje que rodea a lo que se desliza en el borde de esta ausencia, allí es donde el fantasma de lo femenino ha ocupado su lugar. Todo es un envoltorio, debajo de lo cual hay una ausencia, es la mascarada de una cuestión que no tiene solución, y que la lleva a tener un narcisismo tan particular, que fue nombrado como un amor a sí mismo que raya en la desesperación. Es un amor, si, pero que intenta recubrir un vacío ocasionado por una pérdida de ser.

Freud evoca las particularidades de este narcisismo cuando la mujer sale del estado de latencia con una sobrevaloración sexual.

Se instala en el caso de un desarrollo de la belleza, un estado en que la mujer se basta a sí misma, y dice: se aman a ellas mismas, tan intensamente como un hombre las ama. Esto es lo que le pasa como consecuencia de su relación con el sexo, es decir con la castración.

Una desesperación tal vez porque tiene que encarnar dos
veces lo que se refiere a la falta, una primera vez en lo imaginario
ya que es ella la que no tiene, una segunda vez en el nivel simbólico, porque mujer es una palabra cuyo referente falta. No le queda otra salida, ella es el símbolo de la falta. Es por ser el falo, dice Lacan, o sea el significante del deseo del Otro, que la Mujer, va a rechazar una parte de la femineidad, rechaza todos sus atributos en la mascarada, con el mismo mecanismo de rechazo que se ejerce frente a la castración en la perversión. Es así que entra en la dimensión trágica, tiene que hacer existir a la mirada del hombre, una identidad que no tiene consistencia, que es sólo un reflejo de consistencia, es sólo un velo que cubre un desgarro que ni siquiera se puede mirar. Un velo que adquiere un misterio porque no se sabe lo que esconde a la mirada, hay una imposibilidad puesta en juego en la máscara, es imposible saber lo que hay más allá de ella porque más allá no hay nada, sólo temblores y vergüenza.

Norma Menassa. Psicoanalista

Buenos Aires: 43 22 64 00

GRUPO CERO
I B I Z A
Departamento de Clínica
Tel. 971 30 78 04
Previa petición de hora

EL STRESS EN LOS
PROFESIONALES

La prensa de estos días trae una noticia que habla de un importante incremento en las bajas laborales, debido al stress.

Profesionales de la salud, empresarios cuyas decisiones suponen millones de pesetas, ejecutivos que dejan de rendir como en ellos era costumbre, deportistas que fallan en los momentos decisivos, abogados y periodistas acosados en sus tareas por la incertidumbre...

Alarma social que denota «algo» en trabajadores que triunfando en sus labores cotidianas se desploman hasta el punto de interrumpir su diaria tarea productiva, durante un tiempo.

El stress es un estado de ansiedad y angustia que se acompaña con una serie de síntomas: taquicardia, calambres, contracturas, cefaleas, sudoración, agresividad, desgana, apatía general, insomnio...

No es por consiguiente el stress el nombre de una enfermedad, sino un conjunto de síntomas, siendo suficiente que se den algunos de ellos para que se considere el cuadro con la denominación señalada.

Las causas a las que se adjudica estas dolencias son las preocupaciones provenientes del trabajo, fundamentalmente, y un efecto, notorio de este padecimiento es el de imposibilitar al sujeto para hacer frente a las exigencias de la actividad laboral.

Algunos tratamientos proponen para combatir este estado de tensión, su contrapartida, es decir, el descanso y la relajación.

Sabemos los psicoanalistas que se recluye bajo el término Stress y de manera engañosa una situación conocida de antaño y acuñada con el nombre de Angustia.

Unas vacaciones hacen «bien» si se utilizan para cargar pilas, pero en el stress, lo que se indica, a veces es lo contrario, no hacer nada, descargarse, con lo que a la vuelta del descanso los problemas, no resueltos, acucian y esta vez con más intensidad, decepcionando al paciente.

Con el invento del término stress, se oculta (debido a conflictos ideológicos) la represión del odio, el amor, el miedo, los celos, la envidia, el volver al sujeto «sobre si mismo».

El stress oculta situaciones que tienen que ver en todos los casos con la angustia, la cara maniaca de la melancolía y con afecciones psicosomáticas.

Todas las disciplinas referidas al hombre en general, ya sean filosóficas, sociológicas o psicológicas han querido absorber de una u otra manera la ANGUSTIA, proponiendo pautas de explicación y diferentes terapéuticas para calmarla o resolverla.

El siglo XX presenció el advenimiento del concepto de
Inconsciente, ese lugar donde somos «juguetes de nuestro pensamiento»,
concepto que produjo una ruptura y descentramiento total en el mundo del pensamiento.

Los cambios en los modos de organizarse son procesos permanentes, en tanto no hay un punto de organización instituido acabadamente, sino movimiento de institucionalización. Si los cambios en que el trabajo se inscribe no incorporan los cambios que padece la materia prima con que trabaja se sostiene con el cuerpo, en su fatiga, esa resistencia al cambio.

El sujeto no abandona, nunca, gustoso una situación placentera anterior y debemos saber que el instrumento tecnológico avanza raudo pero los humanos seguimos envidiando, presentando celos, miedos con los mismos mecanismos de hace siglos.

Estamos rodeados de útiles contemporáneos, pero muchas aman, compiten, envidian, como hace siglos, tenemos la edad de nuestros prejuicios, no la de nuestro DNI. La intolerancia ante el semejante, marca la dificultad para incorporar lo nuevo, que nos puntua como mortales, señala la carencia doblemente constitutiva del sujeto, anticipados por el lenguaje, la ley, los padres, los pactos ya existentes de otros y puntuados por la muerte.

Ayer nunca volverá y algunos pacientes piden ser como «ellos» eran antes de enfermar. Todo tiempo pasado es pasado, no mejor, lo mejor está por venir si el sujeto es capaz de construírselo.

Algunas empresas envían a sus ejecutivos a psicoanalizarse, porque saben que esos trabajadores cuyas decisiones suponen miles de dólares, en análisis pueden sostener su trabajo sin romperse.

Siempre es mejor doblegarse que romperse.

«No puedo parar», «estoy de los nervios», «nada me sale bien» suelen ser frases condenatorias de muchos sujetos que sin saberlo padecen en lo cotidiano, en el cuerpo y en su mundo de relación familiar y laboral situaciones desajustadas.

Para psicoanalizarse no es necesario estar enfermos.

Carlos Fernández del Ganso. Psicoanalista
Madrid: 91 883 02 13

GRUPO CERO
ALCALÁ DE HENARES

Departamento de Clínica
Tel. 91 883 02 13
Previa petición de hora


Índice - Página Principal


EL AMOR EN
PSICOANÁLISIS (IV)

La pulsión se sitúa en la diferencia entre la satisfacción obtenida y la buscada que empuja al sujeto hacia adelante porque el camino hacia atrás, hacia la satisfacción completa, está bloqueado.

El placer de la satisfacción obtenida está ligado al recuerdo de la satisfacción buscada.

Lleva a la constatación de la diferencia y de la inaccesibilidad del primer objeto.

La pulsión reprimida es una fuerza constante, experimentada
como satisfacción a nivel del cuerpo. La constancia de la pulsión
implica que el cuerpo está afectado por las primeras necesidades, es una superficie afectada por agujeros que se convierten en lugares significantes en relación con la pérdida del primer objeto.

Pero esta superficie es también resistencia, el cuerpo se ofrece como instancia represora, porque sobre él puede imprimirse una huella como marca de un encuentro.

Referencia intemporal, huella de la satisfacción mítica de la
necesidad, cuyo recuerdo olvidado, constituye la fuerza de la pulsión
y la perennidad del inconsciente.

El objeto de la pulsión para Freud, no es específico, es intercambiable.

En el esquema lacaniano, es un casi nada, algo a circunscribir.

El objeto se define como algo que asegura y por lo
tanto no reduce la diferencia entre un similar y un no similar.

Es el intervalo mismo de la diferencia (objeto perdido-objeto
presente). La pulsión reprimida, apunta al objeto como resto del orden del significante.

El objeto de la pulsión es indisociable, es objeto "a" en lo que se refiere al término de la satisfacción buscada y significante en lo que se refiere al término de la diferencia (satisfacción obtenida).

La pulsión emana del interior, se la experimenta como una no fuga posible, como una no-separación de la fuente de excitación.

Como vemos se trata de un objeto y de un significante.

La pulsión asegura la instalación de una estructura radical donde el sujeto aún no está ubicado, caracterizada por la falta de objeto, perdido y la alteridad de éste separable distinto.

El objeto se presenta en la orden del significante, del mismo

modo que el número irracional para los Pitagóricos, es ese resto caído de la concatenación significante e inintegrable por ella, aún cuando no puede prescindir de él para sostenerse.

El objeto es en principio ese resto no unarizable, en el sentido en que es unario el significante, se define como preunario, o nodos. el objeto imposible no es un resto, sino una falta, y éste objeto que sólo puede faltar porque es nombrado es el sujeto. Por lo tanto el objeto "a" es el cero como falta.

El objeto es lo que está en más y el sujeto en menos.

El sujeto no se define como un término de la cadena, sino como la simple posibilidad de un significante más.

El sujeto es un efecto del significante, y éste es el representante de la identidad imposible. Al comienzo de la estructura del significante hay una ausencia. La pulsión circunscribe un vacío, no supone ningún sujeto.

Lo insignificado del significante, esa falta de sentido irreductible que es la «letra», legítima la imagen del rasgo unario que está allí para designar el rasgo mínimo de sentido.

El significante en el sentido psicoanalítico, implica la conjunción de una letra y de un movimiento del cuerpo.

El objeto "a" es del orden de lo real, no representado y no representable.

En la medida en que el amor empobrece al yo sirve a la represión, es una resistencia y es imaginario.

La pulsión puede ser reprimida y por lo mismo puede provocar displacer en el yo. Tal función planta la escisión tópica: a) represión primaria y b) represión secundaria.

La represión puede hacer que yo no pueda pensar algo o que yo no pueda hacer algo aunque lo piense.

La represión primaria es responsable de las primeras inscripciones, la ligazón entre representaciones y cargas y constituye por lo mismo, la matriz misma del inconsciente. No reprime ningún objeto, sino que al revés, al dividirse (permite la estructuración de un deseo inconsciente, pero no es lo que reprime ese deseo). O sea que al dividirse constituye al sujeto y la peculiaridad de la estructura del deseo. No cae sobre ninguna cosa.

La represión secundaria caerá sobre los retoños de lo reprimido anterior. Se reprimen los retoños porque no hay positividad del deseo. No es la represión quien crea síntomas, sino el retorno de lo reprimido, éste implica un fracaso de la represión.

Lucía Serrano. Psicoanalista

Buenos Aires: 4 371 8013

GRUPO CERO
BARCELONA
Departamento de Clínica
Tel. 93 454 89 78
Previa petición de hora

X CONGRESO INTERNACIONAL GRUPO. PSICOANÁLISIS Y MEDICINA

ENDOCRINOPATÍAS
Y SU RELACIÓN
CON EL PSIQUISMO

CONSULTA Y EVOLUCIÓN DE UN CASO.

En Agosto de 1997 acude a consulta una estudiante de 2 º de Enfermería, de 21 años, presenta un trastorno hormonal caracterizado por un elevado aumento del cortisol en plasma y orina, amenorrea ( falta de menstruación ) con intervalos de seis meses, hirsutismo, ( aumento del vello corporal ) aumento de los andrógenos y ovarios poliquísticos. Los endocrinos establecen el criterio diagnóstico de pseudosíndrome de Cushing, pero están desconcertados porque no corresponde a los patrones típicos de esta enfermedad. Ante la idea de ser tratada de un modo experimental y agresivo por parte de los endocrinos, la planteo que espere a que pasen unos meses de tratamiento. Establecemos dos encuentros semanales. Junto a este cuadro endocrinológico, al cual la paciente no le da importancia, consulta por sentirse deprimida, sin ganas por terminar la carrera, presenta pensamientos recurrentes obsesivos como que todo el mundo está en contra de ella y
su otro problema es la relación con su hermana, dos años mayor
que ella, con la que mantiene una continua rivalidad. A los seis meses de tratamiento, comienza a tener una menstruación trimestral, en Junio de 1998, cada 30 días. En septiembre del 98, el cortisol se le regula hasta niveles normales. En diciembre del 98, los ovarios poliquísticos quedan afuncionantes, la paciente tiene ya reglas cada 28 días y el hirsutismo se va reduciendo progresivamente.

La paciente en sus primeras entrevistas refiere una actitud
amorosa frente a la madre y el padre pero reconoce una fuerte
rivalidad hacia la hermana, de quien no tolera que mantenga relaciones sexuales con chicos.

HIPÓTESIS TEÓRICAS.

La función imaginaria del falo, acontece en los dos sexos, los cuales se constituyen en relación a la llamada ley fálica, donde el complejo de castración es una ley para que el sujeto pueda asumir su propio sexo, es respecto a esa ley que se asume, que el mito del asesinato del padre es un hecho necesario por lo constituyente que es el complejo de Edipo para el sujeto, donde hay un efecto de des-doblamiento,
en la vida amorosa de cada sujeto, por la repetición
de la búsqueda de objeto reencontrado. La noción de pulsión, comanda la tendencia, la dirección y el objeto. Esta, es una
paciente identificada a los dos progenitores, por lo que hablamos
de posición masculina y femenina, en tanto que no hay masculino sin femenino ni femenino sin masculino.

El afecto agresivo contra la hermana se da vuelta sobre ella, en calidad de un masoquismo femenino donde sus impulsos vengativos, la generan un sentimiento de culpa que es apaciguado por una servidumbre que siempre se acompaña de hostilidad en la relación. La operación de castración, constituye hombre, mujer, padre y madre, los cuatro sexos. La operación de castración es la envidia al pene y el miedo a perderlo. La llegada de la ley fálica (castración ) introduce a los sujetos en la cuestión del deseo, eso hace que el deseo siempre va a ser diferente a la demanda, pero la instaura como demanda. Hace que hablar sea otra cosa, porque hablar es demandar. Hablar ya está determinado, diga lo que diga, está determinado por el deseo, hay sobredeterminación inconsciente.

En esta paciente la operación de castración ha acontecido,
pero todo su juego obsesivo es por disimularla, por ocultarla, en el
sentido de que sabe de ella, pero reniega para ser la manera de salvaguardarse ella misma y así sostener a una madre fálica, mediante la negación de las diferencias sexuales. Para ello, niega su propia diferencia con respecto al falo materno que con semejante acto, a él se iguala y a la vez sostiene. Su pensamiento es del orden mágico animista, mecanismo necesario para realizar la forclusión de la realidad que la rodea. Hasta la fecha de su llegada a la consulta,
su sintomatología física no le supone mayor problema, ya
que los chicos están excluidos de su vida, pues no les interesa en
gran manera. El carácter de esta paciente tiene la marca de una posición estructural inconsciente, la llamada fase sádicoanal, donde todavía no hay primacía de los órganos genitales, desde esta posición, las relaciones de la paciente con el mundo exterior, se establecen en términos de un masoquismo femenino, marcado por ambivalencias afectivas de amor-odio, y esto comanda un impulso vengativo hacia una figura femenina familiar: la hermana, mujer muy femenina con facilidad para tener pareja, algo que la paciente no tolera.

Ella es un sujeto que todavía no ha aceptado la Ley de castración, en tanto que su posición masculina frente al falo, no es más que un intento de salvaguardar a la mujer de la castración, en especial a su objeto amoroso, la figura materna, y para ello, la posición de la


Índice - Página Principal


paciente debe ser la manifestación de una identificación al falo materno, en tanto que lo importante, no es ser el falo, sino tenerlo.

Hay por lo tanto, primacía fálica, pues para ser el falo que a la madre le falta, ella de manera obsesiva debe negar cualquier proceso hormonal que la identifique con la figura femenina, por eso que la falta de menstruación que la paciente padece, no es más que un intento de negación de su propia feminidad, intento fallido que acontece solamente dos veces al año y es ahí, donde únicamente ella permite la caída. La predominancia de la fase anal, otorga una sintomatología obsesiva de agresividad contra los objetos femeninos que se vuelve contra ella, en tanto que lo que más ama, es a lo que más se somete y simultáneamente es a la vez lo que más denigra, el objeto materno. Este montaje afectivo impide la salida edípica, de lo que es el laberinto de su neurosis obsesiva, laberinto sin salida de una alteración en su sistema hormonal, de manera que hay un cuerpo biológico que funciona para una anatomía imaginaria, donde la negación de su propia feminidad, la sitúa en una posición privilegiada como hombre frente al falo materno que a la madre le falta. Frente a la madre, en esta posición, ella sería el hijo varón deseado que nunca tuvieron, frente a un padre, a quien ella todavía no lo toma como objeto de deseo, siendo así que sostiene una posición imaginaria como objeto del deseo materno, ella sostiene el pene del padre que a la madre le falta. En su discurso, el padre brilla más en función de su ausencia que de su presencia, porque no le interesa que haya padre, pues sería quien la introduciría en un orden sexual ajeno a su deseo inconsciente.

Hasta el momento del comienzo de su análisis, en ella no hubo circulación de la libido hacia un objeto exterior, que saliera de la estructura triangular, madre-niño-falo. Cuando alguna vez ella imaginó algún objeto masculino, dicha elección de objeto sólo pudo recaer imaginariamente, porque siempre se veía fracasando, es decir, había una frustración imaginaria a base de negar cualquier realidad circulante.

La frustración tendría aquí el interés por cuanto desemboca en los niveles de castración y privación, en tanto que sólo la castración instaura la necesidad de frustración, lo que la trasciende y la instaura en una ley que la da otro valor, en tanto que la castración consagra la existencia de la privación. La frustración en esta paciente revela una falta, donde lo esencial en su estructura es la falta de objeto más que el objeto mismo. La paciente, atribuye la verdad y da credibilidad a lo pensado, independientemente de su coincidencia o no con la realidad, sólo así ella puede sostener su fantasma imaginario. Su sentimiento de culpabilidad es constante, pues en ella anida el deseo inconsciente de eliminar al objeto de comparación materno, que cuestiona su feminidad: la hermana, pues sino existiera la misma, su feminidad nunca sería cuestionada y ella vendría a ser la representación del primogénito varón que siempre fue deseado por la madre y el padre pero que nunca llegó.

Autoerotismo, donde las tendencias sexuales se reúnen en una sola unidad y hallan su objeto en el propio yo de la paciente, para que la libido que rodea el objeto materno vuelve a ella en calidad de superyo y así sea juzgada en función de la negación de su propio sexo, pues para ella ser el falo que a la madre le falta, debe pasar por un deseo inconsciente cuya intención sería su propia eliminación.

Su organización libidinal narcisista, la posiciona frente al
objeto materno como lo que lo completa y a toda consta ella
deberá defender esta posición, aunque para ello sea necesario
negar su propio sistema hormonal que tendría la marca de su propia feminidad. Sólo dos veces al año, tiene menstruación y su madre lo controla, siendo desde este control el lugar donde la paciente se somete a la castración materna, es decir, sólo dos veces al año ella acepta. Su modo de relación al mundo es sustituyendo los objetos reales por imaginarios. En su fantasía, ella siempre queda excluida de los grupos porque frente al resto de las mujeres ella siente que pierde, pero frente a los hombres ella siente que gana, es por esto que no le interesa lo que un hombre sostiene, pues ella en esto anda sobrada. Las relaciones con otras mujeres siempre son de naturaleza imaginaria, donde ella desea dominar para acabar siendo dominada.

En la prehistoria de su organización genital infantil, hubo un tiempo donde deseó tener pene, se vistió como un chico, orinó de pie y gustaba de acompañar al padre. Su fantasía consistió en admitir un solo órgano genital, el masculino, para ambos sexos por eso que la visión de los genitales de su hermana puso en marcha en el proceso de negación, que no pudo sostener frente a la misma si no era en un intento continuo de eliminarla. Al rehusar del hecho de su castración, pasa a la calidad de ser una mujer dotada, en tanto que si ahora tiene pene, puede ser el pene que a la madre le falta. Esta elección inconsciente tiene en ella una consecuencia psíquica, pues es esta envidia fálica lo que la hace ser absorbida en una formación reactiva que bien podemos denominar complejo de masculinidad, donde su sistema hormonal funciona para este orden imaginario, sistema hormonal articulado en una organización pregenital, donde lo que funciona no son las tendencias genitales, sino las sádicoanales, donde lo propiamente biológico del sistema hormonal no es de básica importancia. 

  En ella, hay una negación de lo masculino y lo femenino y en su lugar hallamos la instauración de dos fines: lo activo y lo pasivo, la hostilidad y la servidumbre hacia cualquier campo que muestre las diferencias sexuales, incluido sus estudios, que por eso se niega a terminarlos, porque trabajar con paciente, hombres y mujeres, la incluiría en el orden real, simbólico e imaginario de la Ley de Castración. La tendencia melancólica que presenta la paciente asociada a su complejo de culpabilidad, es la manifestación reactiva de un deseo inconsciente canibalista hacia la hermana, pues en tanto que la organización genital infantil de la paciente, es una estructura que sólo admite un solo órgano genital, el masculino, la sexualidad exhibida de la hermana cuestiona toda su teoría sexual infantil, cuestiona lo que ella incansablemente trata de mantener, la supremacía fálica, por eso que la hermana es un serio rival, en tanto que su existencia cuestiona a la paciente su propia carencia.

La madre es el objeto amoroso primitivo de la paciente y hasta el momento, ella sostiene el deseo materno de falo. El pene paterno no entra en juego en la diada madre-niña-falo hasta que se produce un acontecimiento: cuando al padre se le diagnostica un carcinoma de próstata.

Esto da un giro en su tratamiento: según refiere la paciente, el tumor es encapsulado, su vida no correrá peligro, pero él se quedará impotente.

A partir de este momento se va a producir una nueva organización libidinal. Ella comprueba como la madre desvía la mirada de ella hacia un padre que va a perder su potencia, lo cual, en esa familia de tres mujeres se comenta.

Es en esta etapa donde la paciente comienza a incorporar en su discurso a la figura paterna, es evidente que lo que más la afecta, es la futura impotencia, porque es ahí, donde el pene toma existencia, pero como objeto castrado, por lo tanto ella no puede sostener más el deseo de falo y observa como la madre desea ese resto que en los próximos meses, tras la operación, va a brillar por su ausencia. La enfermedad paterna, hace que el significante padre deje de estar negado y la manifestación de cómo la madre, es al padre a quien ella desea, la saca a la paciente de esa célula narcisista y justo al mes de la operación, cuando ya el pene paterno no funciona, ella se enamora apasionadamente de un chico, con el mismo carácter paterno y con él se desvirga. Las consecuencias psíquicas de la envidia fálica, habían contribuido a un estancamiento narcisista libidinal que se había manifestado en una formación reactiva del llamado complejo de masculinidad. La caída paterna, produce en la paciente una herida narcisista, en tanto que permite evidenciar la entrada manifiesta del tercero en la relación madre – hija – falo, lo cual se manifiesta como una salida de la posición amorosa frente a la madre. A partir de ese momento, la paciente comienza a desarrollar una intensa hostilidad frente a la figura materna y hacia su moral sexual.

Ahora, la ausencia de regla y el hirsutismo manifiesto, invierte lo que hasta ahora había sido la posición masculina de la paciente hacia un deseo de feminidad, se siente una mujer, pero fea, demasiado masculina. Hasta ese momento, el juego de la paciente había sido sentirse inmortal, por eso que continuamente sentía que la echaban de los lugares, que no podría realizar su trabajo o que la iban a echar.

Es a raíz de aceptar la castración materna, donde ella acepta su sexualidad, y justo ahí toma noción de su propia mortalidad, y desaparece en ella el miedo a perder su lugar en lo laboral y en lo social. En toda su organización genital infantil, hubo una continua demanda en la paciente hacia el objeto materno, que se engendró en ella como objeto de deseo a base de imnumerables frustraciones, ella fue capaz de imaginarizar una anatomía en relación a la imagen de su cuerpo que la llevó al lugar de un fantasma masculino, donde sólo siendo un hombre, podía ser el pene que a la madre le faltaba. En la ambivalencia afectiva de la relación parental, su sexualidad se jugó entre la identificación paterna como poseedor del falo que a la madre le faltaba y la elección de objeto amoroso en el objeto materno.

Ambos términos, se sustituyeron el uno al otro, metarfoseándose de manera desconcertante, de manera que la transición de uno a otro era imperceptible.

Porque no fue lo mismo estar del lado del objeto o del lado del sujeto. No fue lo mismo que un objeto se convirtiera en objeto de elección o que se convirtiera en soporte de la identificación. Según avanza el tratamiento, hay una evidencia de que la envidia fálica ha abandonado su verdadero objeto, pero no por ello deja de existir y por un leve desplazamiento, persiste ahora en el rasgo característico de los celos.

Miguel Martínez Fondón. Psicoanalista
Madrid: 91 682 18 95

GRUPO CERO
GETAFE
Departamento de Clínica
Tel. 91 682 18 95
Previa petición de hora


Índice - Página Principal


MANIFESTACIONES
SOMÁTICAS
DE LA ANGUSTIA

Una de las afecciones más comunes en todas las consultas de atención primaria y de urgencias es la presencia de las manifestaciones somáticas de la angustia. Estos trastornos representan uno de los principales problemas en ese contexto.

Pacientes que se quejan no solo de un malestar psíquico general sino que precisamente son los síntomas somáticos los que prevalecen y motivan la consulta.

Toda perturbación somática, nos atrevemos a afirmar, tiene que ver con la angustia. Desde una excitabilidad general, traducida en una inquietud, tensión o excesiva preocupación, hasta los pacientes que llegan creyendo que van a tener un ataque al corazón, un infarto, con prácticamente todos los síntomas, y que representan a veces un serio problema de diagnóstico para el médico de turno.

Hiponcondríacos, hipertensos, insomnes, alérgicos, asmáticos, bulímicos. La lista es larga. Y se suman.

Ataques de angustia rudimentarios y equivalentes del ataque de angustia muestran por ejemplo, una gran variedad de formas en su escenificación corporal. Por ejemplo, ataques de angustia.

a.– con perturbaciones de la actividad cardíaca: palpitaciones, arritmias breves, taquicardia duradera y hasta graves estados de debilidad del corazón, que hacen a veces difíciles diferenciarlos de una afección orgánica.

b.– con perturbaciones de la respiración: formas diversas de disnea nerviosa, ataques muy parecidos a los de asma o reacciones alérgicas.

c.– ataques de sudor, a veces nocturno.

d.– ataques de temblores y convulsiones, (fáciles de confundir con los histéricos).

e.– ataques de bulimia, acompañados a veces de vértigos.

f.– diarreas emergentes en formas de ataques.

g.– ataques de vértigo locomotor.

h.– ataques de congestiones (neurastenia vasomotora).

i.– ataques de parestesia.

Y no solo los citados, sino también, la poliuria de la neurosis obsesiva, la abasia, el incremento de sensibilidad al dolor, las enfermedades de la piel, esas tonalidades del afecto que colorean el estado de ánimo.

Si numerosos son los pacientes que con esta sintomatología se ven llevados a consultar al médico, muchos más numerosos son los que no llegan a la consulta de un psicoanalista. Existe una demanda del paciente, él va y acude a consulta, porque aunque le digan que «no tiene nada» él no deja de insistir. Acude a la figura del médico, a ese lugar que él atribuye de curación.

El psicoanálisis es una ciencia muy joven, frente a los 2000 años de ciencia médica. Por eso que cuando algo irrumpe en lo real, todo es tocado. La medicina, después del psicoanálisis es también otra medicina, con otra mirada. Está ya producida en los textos de Freud.

Nos toca desplegarla. La salud de este siglo no puede pensarse sin psicoanálisis. Y pensarse comporta un hacer, un hacer que no es sin consecuencias. Pensar es tener una concepción sobre la salud, la enfermedad. Producir hechos significantes como los de este Congreso, hechos que trazan su línea en lo real. No se trata de un Congreso más, es la bisagra con la que nos introducimos en el siglo.

Desde el psicoanálisis, pensamos, entonces que en cualquier afección orgánica está jugada la angustia. La angustia es un elemento estructural que no puede faltar, es un elemento estructural de la constitución del sujeto.

En la operación de producción del sujeto, la angustia media entre el goce y el deseo. No hay producción de objeto a sin angustia, no hay resto de la operación sin la intervención de la angustia.

Por eso que ubicar los puntos de angustia son importantes, y punto recordemos desde la topología, es el calce de los tres redondeles, donde hay anundamiento.

Es como me posiciono frente a la angustia lo que va a determinar mi posición como sujeto, a que distancia estoy de ello.

La angustia es algo que no puede faltar en ninguna enfermedad, que no falta en ninguna manifestación somática. La enfermedad no la podemos pensar sin una concepción de la angustia.

La angustia es fundamental, fundamento también en la formación de un psicoanalista.

No podemos pensar una formación sin angustia. Incluso en la teoría, vemos que en el procesamiento de la angustia, al correr de los siglos, algunos lo vislumbraron, pero lo obstruyeron cerrando, calmando su angustia.

Hay estructuras que no conllevan el llenado del agujero. Es decir que el vacío les es inmanente. Por eso que real, imaginario y simbólico interfiere lo imaginario, es para pensar el pensamiento, el campo de pensamiento que es el psicoanálisis, ese discurso sin palabras.

Por eso que el nudo no se puede imaginar, solo comporta que se lo escriba. Y el nudo borromeo no es sin angustia.

La escritura es aquello que soporta lo real. La lógica toca lo real, por eso que la lógica en psicoanálisis tiene que ver con una articulación que es propia del objeto del conocimiento, determinada por el propio objeto del psicoanálisis.

Lo real solo puede ser escrito. El nudo borromeo es escritura.

El tejido se valora por las cosas. Las cosas son fantasmáticas. El decir construye las cosas, por eso que el decir psicoanalítico construye la realidad. Y está soportado por un real, es esa máquina que produce efectos.

La ciencia no es sino fantasmas. Uno está atravesado de fantasmas.

Hay que dejarse determinar por la ciencia psicoanalítica, 
por el fantasma de la ciencia psicoanalítica.

Por eso que el nudo en psicoanálisis no es su uso, sino que esta ciencia tiene su propia topología.

La clínica es el tiempo del concepto. Por eso que clínica es pensar la cuestión clínica. Trabajarla, abordarla, dejarse atravesar por ella. La clínica en realidad es la concepción con la que voy a abordar las múltiples manifestaciones, con que instrumento voy a leer, como voy a trabajar esa materia prima.

Si el decir produce las cosas, también se va a producir otra realidad cuando me acerco con el instrumento psicoanalítico, con el decir psicoanalítico. Y producir es también leer, tener otra mirada sobre la enfermedad, sobre el proceso de enfermarse y su tratamiento.

Hay que vaciar de contenido todas las nociones. Trabajarlas con la angustia, es decir rodeándolas, tratanto de situar la posición y la función de la angustia. Rodeando, agujereando lo real. Durcharbeitung.

La formación del psicoanalista es con la angustia. Que no quiere decir que el psicoanalista como función se emocione, o viva angustiado.

Cuando Lacan dice que la angustia no ha de ser buscada en medio de Inhibición, Síntoma y Angustia no es que no se pueda hablar de ella, sino que inhibición, síntoma y angustia no son del mismo nivel, conformar algo heteróclito, podemos entenderlos como una serie.

Lo importante es iniciar la investigación, no quedarse detenido por la fascinación, inhibidos. La inhibición es algo que se encuentra, en el sentido más amplio del término, en la dimensión del movimiento. Freud habla de la locomoción cuando la introduce.

Ese movimiento existe en toda función, al menos metafóricamente.

Es decir, cuando se trata de una simple disminución de la función se habla de inhibición y se habla de síntoma, cuando se trata de una modificación extraordinaria de la función o de una función nueva.

En la inhibición es de la detención del movimiento que se trata.

Movimiento hacia el sujeto.

La angustia afecta todo, pero hay que saber dónde está la angustia.

Lacan trabaja un cuadro donde hace una diferencia entre emoción, turbación y desconcierto para decirnos que no cualquier cosa es afecto. Trae varios términos para diferenciar inhibición, síntoma y angustia. No todo es angustia.

El sujeto surge allí donde está el nivel de la angustia, no hay sujeto antes de eso.

La inhibición es un impedimento del sujeto, pero a nivel de síntoma, no está a nivel de la angustia.

En el impedimento uno cae en la trampa de la captura narcisística.

Se ha ido, en vez de ir por el lugar del camino que corresponde, por el camino de la propia formación, uno se va por el camino de su propia imagen, de la captura narcisista.

Lo importante es ver que en el impedimento o en la emoción no hay todavía sujeto. El impedimento es todavía síntoma. Estar impedido es un síntoma. Inhibido, un síntoma puesto en el museo.

Luego está el desconcierto, estoy en el nivel de la angustia y ahí me siento perdido, ahí ya no se qué hacer, entonces solo me queda la división del sujeto, solo me queda dividirme.

La emoción sería un movimiento emocional, no es un movimiento del sujeto. La emoción se sirve de la turbación para ser emoción. La turbación es caída de potencia. El emoi es el turbarse más profundo en la dimensión del movimiento.

El embarazo, el máximo de dificultad alcanzada.

La inhibición, a nivel del síntoma es emoción y a nivel de la angustia es turbación. Por eso que la angustia no es una emoción, sino un afecto. Afecto que va siempre a la deriva. En la angustia no hay hilo, pues tratándose de la angustia, cada eslabón no tiene más sentido que dejar el vacío en el cual hay angustia.

El turbado tiene historias, habla, el emocionado no habla, tiene emociones.

El turbado, ese que está relacionado con la angustia, ese produce discurso, produce historias. La dimensión de la dificultad desemboca en esa forma ligera de la angustia (embarazo).

Emoción: hace referencia a la reacción catastrófica, pero no hay que confudirla con la angustia. Qué cosa no estará en relación con la angustia.

Pero se trata de saber dónde está verdaderamente la angustia.

¿Qué es la angustia? No es una emoción. Es un afecto. El afecto no está reprimido. El afecto está desamarrado, va a la deriva. Se lo encuentra desplazado, loco invertido, metabolizado, pero no reprimido.

Lo que está reprimido son los significantes. que lo amarran.


Índice - Página Principal


Al afecto, constituiría, en una referencia propiamente tópica, la señal a nivel del yo relativa a algo que sucede en otra parte.

La angustia es una señal. La angustia es la reacción-señal ante la pérdida de un objeto. La angustia no es la señal de una falta, sino de algo que es preciso llegar a concebir en el nivel redoblado de ser la carencia del apoyo de la falta.

Lo más angustiante para el niño es esa relación sobre la cual él se instituye por la falta que le hace desear, esa relación resulta ser lo más perturbado cuando no hay posibilidad de falta, cuando la madre le está todo el tiempo encima.

Freud habla de la angustia señal que se produce en el Yo en lo relativo a un peligro interno. Es un signo que representa algo para alguien: el peligro interno para el Yo. El Yo es el lugar de la señal.

Es una señal de lo real. Pero no es para el yo que se da esa señal.

Es para que el sujeto quede advertido de algo. Queda advertido de ese algo que es un deseo. Una demanda que no concierne a ninguna necesidad, una demanda que me pone en cuestión.

De todas las señales, la angustia es aquella que no engaña. En la angustia el sujeto está ceñido, concernido, interesado en lo más íntimo de sí mismo. Es una responsabilidad ética, el hacer éticamente.

Es una cuestión con la angustia.

La más patente manifestación, la señal de la intervención del
objeto ‘a’ es la angustia. La angustia es la única traducción subjetiva
del objeto ‘a’. La angustia no es sin objeto. El objeto es la causa del deseo. Sin el objeto ‘a’ no hay angustia.

Cuando allí aparece algo, es que la falta viene a faltar.

El me pone en cuestión, me interroga en la raíz misma de mi propio deseo como ‘a", como causa de ese deseo y no como objeto.

Puesto que eso es lo que busca, una relación de antecedencia, en una relación temporal, nada puedo hacer para romper ese apoderamiento salvo comprometerme con él.

Porque el deseo del analista suscita en mí esa dimensión de la espera, soy tomado en eso que es la eficacia del análisis.
—fi, aquí debe perfilarse una relación con la reserva libidinal,
con ese algo que no se proyecta, con ese algo que no se inviste a
nivel de la imagen especular.

Allí se instituye una relación, en es lugar designado por el —fi, es la angustia, la angustia de castración en su relación al Otro: es ante ello que se detiene el neurótico. Es el análisis el que lo lleva a esa cita.

El análisis sería una cita con la castración. La castración no es otra cosa que el momento de la interpretación de la castración.

La interpretación no es interpretación de sentido, sino juego con el equívoco.

El equívoco es la forma de trabajar del inconsciente.

Los textos de Freud hacen a la escucha analítica y la escucha analítica es la interpretación.

Somos tejidos de fantasma, hay que dejarse tejer por el psicoanálisis.

Solo frente a la castración hay escritura, tejido, texto.

El mito de Edipo no quiere decir sino eso: en el origen del deseo, el deseo del padre y la ley no son más que una y misma cosa.

La relación de la ley con el deseo es tan estrecha que sólo la función de la ley traza el camino del deseo.

El deseo, en tanto que deseo de la madre, para la madre, es idéntico a la función de la ley.

En la propia estructura del deseo se impone, se introduce 
un orden. Se desea porque está ordenado, porque hay ley. Por eso