ÍNDICE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Nº 40

GRUPO CERO: POESÍA Y PSICOANÁLISIS MIRADA SOBRE EL PERVERSO Y SU FANTASMA
CADA SIGNIFICANTE EN SU SITIO EL MISTERIO DE LA PALABRAS (II)
LA PAREJA SE ENCUENTRA POETA CONDENADO
EL COMPLEJO DE CULPABILIDAD EN LA HOMOSEXUALIDAD ASOCIACIÓN PABLO MENASSA DE LUCIA
DISCURSOS SOBRE LO SEXUAL JORNADAS HOMENAJE A JACQUES LACAN
X CONGRESO INTERNACIONAL GRUPO CERO: PSICOANÁLISIS Y MEDICINA DE NUESTROS ANTECEDENTES
CASTRACCIÓN Y CANCER MARX
LA IDENTIFICACIÓN EN LA ANOREXIA FREUD
SIDA: PRONÓSTICO Y TRATAMIENTO LACAN

GRUPO CERO: POESÍA Y PSICOANÁLISIS

CONFERENCIA DICTADA EN LA UNIVERSIDAD ABIERTA INTERAMERICANA
EL PASADO 13 DE NOVIEMBRE CON MOTIVO DEL NOMBRAMIENTO
DE MIGUEL OSCAR MENASSA COMO PROFESOR HONORARIO

Quiero agradecer en nombre de la Poesía que se me otorgue una distinción en esta Casa de altos estudios, precisamente, porque fueron capaces de sumar a mi larga y fructífera carrera como médico psicoanalista, director de una Escuela de Psicoanálisis, mis atributos como poeta.

Y puedo decir con vanagloria que yo ya lo había dicho: Un día hace, exactamente, 30 años, tomé a una mujer entre mis brazos y le dije: Te prometo, querida, llevar la poesía hasta los más altos niveles del pensamiento.

Para decirlo de alguna manera salvaje, y estábamos en 1971, en nuestras cabezas resonaban clarines inimaginables. El Primer Manifiesto Surrealista, cuando Bretón acomete ferozmente contra el movimiento Dada y abandona de una vez para siempre la seguridad por la inseguridad, cuando propone sembrar hijos por cualquier parte, cuando elige la poesía, cuando aconseja partir por los caminos.

El Neruda de Residencia en la Tierra, el Pavese de Trabajar Cansa, el Faulkner de Mientras yo Agonizo o de Palmeras Salvajes, el Sartre que nos hablaba empecinadamente de Los caminos de la Libertad que nunca consiguió, el Joyce del Ulises, el Miller que a los cuarenta años decide dejar la oficina para ser el escritor que se burlaría de todos y de él mismo, porque al final la muerte es inevitable, el Vallejo de Los Heraldos Negros, el Maiacovsky de La Nube en Pantalones, el Esenin de su Guapo, el Arlt de Los Siete Locos, el Tuñón de La Calle del Agujero en la Media y, fundamentalmente, porque si no ustedes no entenderían nada: el Marx de El Capital, el Freud de La Interpretación de los Sueños.

Y aquí me tenéis, después de 30 años, soy el que lo ha conseguido.

De izquierda a derecha, D. Francisco esteban, el Rector Don N. Vinzenci, D. Oscar Menassa y Dña. Lucía Di Marco

En el Grupo Cero el psicoanálisis psicoanaliza a sus poetas para que no vayan por ahí diciendo tonterías y la poesía regula la formación de sus psicoanalistas para que no vayan por ahí haciendo tonterías.

Acto y poema se confunden irremediablemente y ya no podrán ser en soledad.

Acto sin poesía será sencilla acción que no modificará al sujeto sino alguna cosita de la realidad.

Poesía sin acto será sencilla prosa que nunca transformará la historia sino apenas la sonrisa de alguna enamorada.

Y yo soy el que viene a traeros esa novedad: Un poeta comanda la historia del psicoanálisis. Un psicoanalista pone a la poesía en su lugar.

El realismo Cero no es tal realismo, porque su nivel de objetividad es la escritura, que sabemos que tiene como función desrealizar.

Y si el realismo ha sido superado, ha sido superada, junto con él, la avaricia que lo condiciona. El afán de poseer ha sido transmutado por la pasión de transformar. La verdad para el Grupo Cero no existe sino como materia prima y su hallazgo sólo determina que podemos comenzar a trabajar en su transformación.

Entre nosotros todo es un nervio permanente y el que no soporta esa fuerza desestabilizadora dentro de él, todo el tiempo, no puede la poesía y, tampoco, aprovecho esta ocasión para decirlo, el psicoanálisis.

El poeta, a la inversa de un líder, debe realizar todas las tareas que se propone, no debe delegar en nadie sus funciones. Nadie podrá como él, en todo dejará una marca. No sólo las calles se llamarán con su nombre sino que, también, la propia poesía se llamará con su nombre.

Basta de religión, basta de dioses, quiere decir que la poesía requiere la integridad de un hombre sin mirada. La poesía no necesita ni pocos ni muchos lectores, ella se conforma con una hoja en blanco y si la hoja en blanco es la propia vida del poeta, mejor.

En cuanto al psicoanálisis, queremos oponer a una práctica descuidada del psicoanálisis que se practica en casi todos los gabinetes de psicología y en todos los pequeños fragmentos lacanianos que, de división en división, han conseguido reducir el Discurso Psicoanalítico a mínimas 

PSICOANÁLISIS Y MEDICINA
X CONGRESO INTERNACIONAL GRUPO CERO
«No podemos terminar con el alma, sólo podemos curarla».                                                      Más información 

EXTENSIÓN UNIVERSITARIA: LA REVISTA DE PSICOANÁLISIS DE MAYOR TIRADA DEL MUNDO


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expresiones que no se pueden considerar psicoanalíticas, ya que permiten a sus integrantes practicar el psicoanálisis sin psicoanalizarse o bien a una práctica amanerada e improductiva que practican los viejos psicoanalistas (ortodoxos, grupalistas en general) que siguen pensando que la determinación viene del pasado, queremos oponer a toda esa negligencia, a toda esa impericia una práctica donde la verdad del método de interpretación psicoanalítico en su máxima exigencia de transformar, para ser método psicoanalítico, transforme no sólo la vida del psicoanalizando sino, también y simultáneamente, la vida del psicoanalista.

Si consideramos que he dado un primer paso, ahora con la ayuda de Ustedes trataremos de dar un segundo paso que espero pueda ayudarnos a fundamentar, de alguna manera, teóricamente la razón de la poesía en una ciencia que sólo fue posible por haber consolidado sus pilares iniciales en la poesía. 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO

POETA CONDENADO

de Miguel Oscar Menassa

Viernes, 15 de Diciembre de 2000 
a las 20.30 horas

ENTRADA LIBRE

EDITORIAL GRUPO CERO

c/Princesa, nº 17 – 3º izda. 28008 Madrid – Tel. 91 542 33 49

PRESENTACIÓN DEL LIBRO

FREUD Y LACAN –HABLADOS– 2

de Miguel Oscar Menassa

Sábado, 16 de Diciembre de 2000 
a las 19.00 horas

ENTRADA LIBRE

EDITORIAL GRUPO CERO

c/Princesa, nº 17 – 3º izda. 28008 Madrid – Tel. 91 542 33 49

 Podríamos decir que es Freud y no el Grupo Cero como se piensa, el que dice que Poesía y Psicoanálisis es, sencillamente, Psicoanálisis.

Los hechos sólo existen después de ser interpretados.

Si es posible el poema es posible la vida.

Ser nada, dice el inconsciente freudiano, es una tontería frente al juego que propongo.

Diluirse en otros sin tener ninguna filosofía de la dilución. Pero, todavía, no es eso, tampoco es algo más.

No es un suspiro ni el viento que lo traza. Tal vez, la nostalgia de un suspiro que no fue trazado.

No hubo viento pero algo se movió en el mundo.

Fue el no de lo que es. Ni vivo ni muerto. Un abismo entre ambos. Un no tocado por la vida. Un es rajado de lado a lado por la muerte.

Pero no es, exactamente, así sino de sesgo o, bien, envuelto en torbellinos, donde la fuerza, la brutalidad del viento impide toda marca.

Soy ese registro imposible, dice el Inconsciente.

Un rayo de luz que no se registra como luz.

Un velo que se cruza, definitivamente, antes que ocurra nada.

Después alguien imagina lo ocurrido que nunca ocurrirá y nadie considera verdadero ningún momento, sino aquél que nunca ocurrió.

Una función poética articuladora del goce significante y de la muerte, por ser ella misma (la poesía) lo Otro de lo imposible y no lo imposible mismo, como se supone en toda la literatura sobre el tema, aun en toda la obra última de Lacan y no quiero ni hablar por ahora del deterioro al que se llega en las pequeñas escuelitas que imitan a Lacan.

Es decir, que la escucha analítica y hasta la posición del psicoanalista no alcanzan sino para que se pierda en el decir lo dicho por lo que se escucha. Pero eso no es lo que se interpreta, lo que irrumpe como acto, no depende tanto de la escucha como de la poesía.

Sonidos de claves inexistentes arranco de mi voz.

Belleza que sólo se produce, artificial en mi canto.


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Y alguno de ustedes dirá: eso es poesía pero, en realidad, yo quería enunciar lo que entiendo, al día de hoy, por interpretación psicoanalítica.

No es una pieza clave lo que se busca, la pieza que se busca no existe, principalmente, porque todavía no fue.

La causa en psicoanálisis viene del futuro. Es decir que la transferencia no es sólo, si acaso fuera algo, la repetición ciega de estructuras pasadas, sino que la transferencia es, sobre todo, el desarrollo de su futura dilución.

Allí donde Ello estuvo, la Muerte, yo he de advenir. Allí donde yo he de advenir estuvo, desde siempre, esperándome la Muerte.

Es por eso que el Grupo Cero pretende una página en blanco permanente.

Ese ha de ser nuestro lecho de amor y, también, nuestro campo de guerra. Y para que a nadie en el principio se le ocurra pensar en lo que es, lo digo:

El hombre es escritura. El resto, sin violencia, ganado taciturno esperando morir en alguna quietud.

Escribiendo, robándole esas horas a la vida, así hemos vivido nuestra vida.

La poderosa muerte unida a los vocablos más sutiles.
El cruel espanto, el dolor más extremo, besados por la luz.
El verso más antiguo bordado en tus cabellos.
Entre palabras por túneles secretos hacia lo no sabido.

¿Dirigir una Escuela de Psicoanálisis?
¿Psicoanalizar una Escuela de Psicoanálisis?
¿Trasmitir el psicoanálisis?
¿Amar, definitivamente, la poesía?

Sólo después sabré, sólo después sabremos.
Cuando lo irremediable pregunte por sí mismo
Cuando la muerte venga anudada en un punto
Cuando el baile sonoro de los días detenga su mirada,
vendrán de nuestra vida los saberes y, ahí, ya no seremos éstos, sino lo escrito.

No vengo por nadie en especial, vengo por todos. Hablar y amar fue todo mi pasado. París mi prehistoria, donde Lacan y hablar estuvieron de moda. Muerto Lacan porque hablar no era suficiente, Buenos Aires, puesta de moda por los pequeños parisinos que quedaron sin padre, me deciden a todo. Buenos Aires, mi pequeña

Buenos Aires, el vientre exacto de mi lengua, no temas. Nadie podrá pasar, soy el que escribe el que, vertiginosamente, se adelanta en las sombras.

Ha llegado la hora de la victoria del poeta y es por eso que os llamo a la interpretación psicoanalítica. Y la interpretación, os recuerdo, es algo que pasa sin pasar del todo, es algo que sabe sin ser sabido. Una herida sin solución de continuidad. Algo que, siempre por venir, ya habrá pasado. Como el amor, como los grandes acontecimientos que siempre nos toman de sorpresa y cuando se dejan conocer ya son otra cosa.

Y que ha llegado la hora de la victoria del poeta no quiere decir siquiera que ha llegado la hora de nuestra victoria o de la mía propia.

Ya que el poeta habrá de someterse al lenguaje hasta el límite de desintegrarse entre las palabras. Literalmente, dejar de ser, para que la poesía pueda articular una vida, todavía, no vivida por nadie, ni siquiera por el poeta en su desaparición.

Y que haya llegado la hora de la victoria del poeta quiere decir, directamente, que la victoria ha de ser toda de la poesía, pero esto no quiere decir que ahora la poesía habrá de venir a decirnos cómo tendríamos que vivir.

Ella, la poesía, nada sabe de la vida. No ama ni recuerda, es todo porvenir.

Ha llegado la hora de la victoria del poeta, también, quiere decir que la muerte ha tocado toda palabra, todo goce, todo porvenir. Y es, precisamente, por ello, que os invito a la interpretación.

Habrá concreto entre nosotros porque interpretación para la Poesía y, entonces, porqué no para nuestro psicoanálisis, es materializar las subjetividades. Materializar como social toda carne.

Materializar como histórico todo deseo.

Y está claro que la poesía, también, es un trozo proveniente del lenguaje, casi como nosotros, la poesía nace con tal poder de aniquilación de aquello que la genera que, en su acontecimiento, el propio lenguaje, campo aparente de su posibilidad de ser, queda desaparecido y en tal magnitud que la poesía misma termina siendo lo que de él perdurará.

Y, por último, la pulsión de muerte freudiana es la que elige por nosotros la interpretación, porque ¿qué otra cosa que una puntuación desafortunada, es la interpretación? Y si hay falla, si algo se ha perdido sin haber estado, si alguien carece, si habrá nunca sido que sin embargo..., es el deseo inconsciente el que ha rasgado el ser del hombre. Mas si todo está perdido es la poesía la que habla, nutriéndose de lo que Ella, aún como mujer, nunca será.

Es intención del poeta poblar toda la tierra con sus versos y yo, precisamente, no quiero oponerme a esa cuestión.

Soy el poeta, me toca poner el resto aquí, soy lo que puebla.

Poesía, joya de luz abierta con mis propias manos, te dejaré caer en las ciénagas más atroces y habrá luz proveniente de las tinieblas para las pobres mentes.

Ya di en estas dos décadas que pasaron todas las ventajas, ahora, tendré que dar por abierta la competencia.

Pretendo que la cosa de la carne sea una página en blanco, ahí, esperando que yo mismo deje sobre ella mis marcas personales, lo que me distingue: poesía y psicoanálisis. Partículas de ser que en su articulación, con el tiempo, nos darán un nombre propio.

Aveces pienso que la Lengua Castellana se detuvo en mí para ser interpretada en toda su riqueza, otras veces pienso que el

Psicoanálisis, enamorado de la Lengua Castellana se detuvo en mí para adquirir su nuevo ser: Poesía y Psicoanálisis.

Esta vez no vendo. Ni compro. Ni regalo. Ni dono. Ni permito que nadie me ayude o me moleste. Ni quiero convencerte, amada, para que saltes conmigo al vacío de las nuevas combinaciones.

Me acerco a una velocidad imposible de precisar.

Algo vuela, algo viaja sin ser visto.

Espejismo de lo que debe ser. Un empujón más y se abrirá, en forma elocuente, el pozo de las nieves eternas y habrá algún idiota que querrá ser ese vacío.

Pero, claro, nadie conseguirá nada.

La plenitud es aire y el vacío no tiene dónde dejar grabada su presencia y es en este sentido que tengo algo que decirles a los burócratas de la complicación.

 

El quinto redondel soy yo, me llaman poesía.
Pequeño saber partido sobre la muerte.

No la pulsión sino el verbo que la produce.
La cosa de la carne: Poesía y Psicoanálisis.
Lo imposible se hace voz sin dejar de ser imposible.
Tajo pero en la nieve, sólo se abre para no permanecer abierto.
Clausura que, en realidad, es latido.
Oscuridad que no se ve, luz que no ciega.

Todo es demasiado veloz para que el sujeto psíquico pueda captar, en su totalidad, cualquier momento de pasaje. Que durante la praxis se genere un saber sin sujeto, asegura que el pase es invisible para el sujeto.

Eso con el tiempo dirá lo que habrá sido pero ya no será el sujeto.

Ysi alguien se deprime por esto, como dicen los sabios a mí, particularmente, no me parece mal que ustedes se depriman un poco, por lo que no esperaban de mí.

Miguel Oscar Menassa

CADA SIGNIFICANTE
EN SU SITIO

Hay quien busca en el análisis una salud perdida, un pasado glorioso, una personalidad que se creía tener, una vida que era de otro, en definitiva, hay quien esperaba resultados.

Y "esperar resultados" es una manera de pensar, una manera de gozar, es decir que se tratará de un sujeto que espera resultados del amor, resultados del trabajo, etc... se posiciona en estado de espera angustiosa, y su goce estará en ello.

Que se diga es más importante que lo que se diga, y de ahí la importancia de hacerse sujeto del lenguaje para producir el deseo, puesto que el deseo está estructurado como un lenguaje, es decir, tiene estructura de lenguaje, es una articulación significante en su vacío formal, lo que dará al sujeto la posibilidad de posicionarse como sujeto deseante.

Es con lenguaje que se hace el ser humano y es con lenguaje que se hace el inconsciente, el verdadero corazón del ser hablante, y también, el corazón de la pulsión.

Es por eso que cuando hay transformación, cambio de posición inconsciente, cuando nos hacemos sujetos de otra estructuración significante producimos otro goce de la vida.

Así escuchamos decir a muchos sujetos que mientras trabajan no sienten angustia, o no padecen de síntomas que padecen cuando no están trabajando. Esto es porque su sujeción al trabajo le permite estar durante esas horas sujeto a otra articulación significante. Esto no quiere decir que haya que mandar a trabajar a quien no trabaja, sino que a veces un fuerte lazo con el trabajo, anterior a enfermar, salva de una enfermedad más invasiva.

Decir enfermedad cuando se habla de neurosis es pertinente a una nominación, en cambio no sería ético llamar a un neurótico enfermo. Porque la neurosis es una solución psíquica. Y su potencia obstaculizante tiene más que ver con el yo del sujeto que con la neurosis en sí misma, se trata más de su valor de satisfacción que de su valor de uso, es decir que su valor de uso no está determinado por su valor de goce, por su potencia de satisfacción, sino por satisfacción secundaria. Porque cuando de satisfacción humana se trata siempre es la Otra satisfacción, la satisfacción del significante en su función de escrito, en su función de marca de lugares, de manera que serán significantes aquellos que se posicionen en ese lugar.

Los lugares, los sitios, la estructura, es determinante para que un significante lo sea.

Los lugares son del orden simbólico, del orden de los pactos simbólicos, sólo ahí se hacen significantes.

Por eso que antes del pacto no hay nada y después hasta lo más insignificante puede ser significante.

El lugar que los lapsus ocupan en la articulación conceptual psicoanalítica es lo que lo hace significante.

Son las condiciones de existencia significante, lo que da la posición simbólica que un psicoanalista tiene que alcanzar para estar ahí donde se demanda análisis.

"Vives como deseas" y si aceptas la regla del deseo, quiere decir que si deseas vivir de otra manera tienes que cambiar el deseo, tienes que articularte en otra estructuración significante. Tienes que introducir, incluir, inaugurar, un nuevo pacto en tu vida.

Sólo una nueva articulación significante, un nuevo pacto simbólico, puede con otro pacto, con otra articulación simbólica. Sólo la introducción de un nuevo significante produce transformación en el sujeto.

El significante del Nombre-del-Padre produce un redoblamiento significante, de manera que el Otro simbólico se hace significante en ese lugar.
S/, a, moi, A.
Es, -!, I, N. del P.

Esto quiere decir que sólo se es sujeto en la lógica del Ello, sólo se es significante en su sitio. Sólo hay objeto causa de deseo si hay significante de la inexistencia, sólo hay significante de la castración del Otro si hay Nombre-del-Padre, sólo hay función del yo si hay Identificación primordial.

Esto ocurre en psicoanálisis, es decir que sólo ocurre si hay pacto analítico, si hay transferencia. En la medida que el deseo no es otra cosa que la metonimia de nuestro ser.

Amelia Díez Cuesta. Psicoanalista
Madrid: 91 402 61 93

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LA PAREJA
SE ENCUENTRA

Una tolerable aceptación será la que la mujer tendrá que sostener en el encuentro con el hombre, y éste será el prólogo de una relación de pareja que marcará el "de a dos" que la acompañará toda la vida. Un antecedente de estructura será el que marcará esta femineidad bien lograda, y para ello tenemos que hablar de lo propio del deseo.

El deseo se estructura a partir de una prohibición y en su génesis encontramos la figura impersonal y mítica de un padre que ordena que no. Juego que ella toma sin saberlo en demasía y es así que cuando ella dice que no, tras de este no se invoca a ese padre como Nombre del Padre y en el mismo movimiento da un envión a ese deseo que es relanzado nuevamente con la misma fuerza con que ella se opone a él. Cuando ella dice que no, está habitada por el índice del padre que ordena y esto tiene un efecto paradojal.

Toda la rebeldía se transforma en el impulso que va a transmitir su mandato. El "no" precipita el cumplimiento de lo mismo que ella rechaza y es así como la negación estructura el deseo como deseo de transgresión. Ella instala el desafío y con el tiempo vendrá. El, que recoge el guante para reírse del rechazo y tomarlo como una aceptación. No hay creencia que pueda sostenerse y la ironía transforma el no pronunciado en un sí pensado. Cuando ella dice que no es que piensa que sí y es así, de esa manera que los hombres comprenden su deseo.

Es un deseo que se sostiene en un forzamiento, en la transgresión o en la violación. Ellos son los que abren la puerta al sí violentamente.

Pero en Ella se abre una paradoja extraña, ya que ella es a la vez la provocadora y la que sostiene el peso de la ley.

Ella soporta de esta manera lo que causa el deseo, ella es esa versatilidad por un lado activa y por otro lado pasiva.

Todo acto femenino se comportará de esa manera, siendo a la vez el encadenamiento a la ley y su transgresión. Hay un agente que sería el que produce el deseo, este agente es el Nombre del Padre, un significante que posibilita la producción, y hay un efecto que se produce que es el deseo, ambos están unidos en un solo movimiento que reúne dos registros diferentes. El "no", es simbólico por lo tanto este es el registro simbólico, pertenece al mundo del lenguaje, y el efecto, o sea, el deseo se lleva a cabo en otro nivel, ya que está en conjunción y en separación con lo fantasmático del oscuro objeto que lo causa. La causa del deseo y el Nombre del Padre se enlazan en la misma superficie unilátera de un borde. Es una banda de Moebius la que permite presentar la relación de la causa del deseo y del significante Nombre del

Padre. Tal superficie encierra un agujero central que se distingue del exterior pero que está en continuidad con el exterior. Si seguimos con el dedo el borde interior de la banda caemos sin más en el exterior de esta, es de esta manera como tenemos que considerar lo que pasa entre el agente y el efecto, es decir que lo activo y lo pasivo se engendran en una misma torsión. La torsión que el deseo conlleva, prohibición y transgresión, o sea, Nombre del Padre y causa, implica una separación entre el sujeto y su objeto para siempre. La causa del deseo no tiene relación de contigüidad con la prohibición sobre la cual este deseo se apoya. Una palabra y el cuerpo de la cual proviene forman al mismo tiempo el punto de origen y el punto de llegada, donde la ley provoca la transgresión.

Ella se encontrará con él y en ese encuentro jugará su versatilidad inicial, que será el devaneo constante en el que El a pesar de su ironía tendrá que caer para poder sostenerla en una relación donde a veces será la marcada por la prohibición, en tanto será la madre y lo rechace y a veces lo invitará a la transgresión que posibilitará en ella ser una mujer. Ella estará clivada y será la que soporte en sí misma una cierta bigamia siendo dos y una a la vez, escenario de su cuerpo donde todas las infidelidades se arremolinarán en el tiempo único del encuentro. Será con él, o será el interrogante con ella misma para saber quién ha acudido a la cita. No es la vida amorosa del hombre la que está clivada en dos objetos que serían la madre y la mujer, sino que ella es con las dos en el mismo momento del encuentro.

La triangularidad queda desplazada de los personajes que producen los celos y la dramática la invita a dejar de lado a la que vendría a competir por el amor de un hombre, y centrarse en esa reflexión sobre ella misma para poder con ella. Poder será para ella la aceptación de la versatilidad que la soporta.

Norma Menassa. Psicoanalista
Buenos Aires: 4322 6400

SI HAY PSICOANALISTA, AUNQUE SEA UNA, 
EL LOCO YA NO ESTÁ SOLO. HA COMENZADO, 
TAMBIÉN, 
PARA LA LOCURA UNA CONVERSACIÓN.

Libro de "Freud y Lacan -hablados-2"

 

EL COMPLEJO DE
CULPABILIDAD EN LA
HOMOSEXUALIDAD

En el desarrollo humano, el paso por la definición sexual está marcado por las denominadas relaciones de objeto, considerando como tal al complejo afectivo del niño con las figuras parentales.

Al inicio, el primer lazo afectivo es con la figura materna, lazo que generará una deuda de carácter simbólico imposible de pagar debido a una demanda del niño que siempre era satisfecha por la figura materna.

Todo individuo está tocado por esa primera relación, marca definitiva que origina la entrada en el llamado complejo de Edipo, donde la figura del padre y de la madre origina una corriente de identificaciones en el niño que según la resolución de las mismas, las elecciones de objeto sexual serán hombres o mujeres.

En el proceso de elección de objeto sexual el sujeto debe pasar por la angustia de separación de la figura materna, si no, no habrá paso al mundo de lo humano.

La sexualidad está tocada por la palabra y también es sinónimo de especie en el hombre como reproducción. Hombre y mujer conciben el mundo en la fusión de un todo como gesto de amor hacia lo mortal humano y que garantiza la perpetuación de la especie.

Salvo para la reproducción, los órganos genitales en el resto de las especies, no son de otra utilidad; sin embargo, los sujetos del lenguaje, han hecho de los mismos no sólo objetos de uso para la reproducción, sino que han adquirido la significación de órganos destinados a un goce que está tocado por la palabra en tanto que al hablar se demanda, el sujeto queda atrapado en el campo de su propio deseo.

Sin embargo, el goce de lo sexual es causa de mal-estar en la cultura, goce donde todo aquello no destinado a la reproducción llega a producir en los sujetos un malestar en base a querer gozar demasiado.

La represión de la libido garantiza su no realización pero no evita la producción de desplazamientos libidinales por caminos no habituales que pueden desembocar en la aparición de síntomas físicos y psíquicos.

Si de algo se trata, aun en la represión de los deseos, de un modo u otro siempre hay garantía de la expresión de los mismos, en un tiempo que si bien es atemporal, dicha carga libidinal esperará ante la mínima eventualidad o fisura del aparato de la represión para allí mostrarse el deseo sexual reprimido como síntoma, como acto fallido, como lapsus o como sueño.

Es así que de todo puede escapar el sujeto menos de sí mismo y de sus pulsiones.

Cuando hablamos de culpa en la homosexualidad, hablamos de culpa inconsciente. El sujeto no sabe de esa culpa pero algo siente en forma de angustia y la producción de la misma es siempre por haber un goce de más, porque si de algo se siente culpable el homosexual es de atentar contra la especie.

El homosexual, ha renunciado a la especie, a la reproducción y por tanto a las diferencias sexuales, es decir, sólo tolera la genitalidad de alguien de su mismo sexo. Las diferencias le ocasionan angustia y sólo puede cuando está frente a uno como él mismo, imagen especular de su propia imagen.

Cuando se acusa al homosexual de ir en contra de natura, quiere decir que desde el punto de vista de la especie, sí que es ir en contra de natura, porque en la elección de objeto homosexual, hay un decir que no hacia la especie, hacia la supervivencia de la misma.

Y si en algo es mal vista la homosexualidad no es porque dos hombres o dos mujeres se besen o hagan el amor, sino porque en ese gesto, se atenta contra la procreación y es algo que la propia especie nunca va a permitir, pues supondría el final de la misma por lo tanto la culpa se genera por esos deseos inconscientes de anular las diferencias.

El homosexual no nace, se hace en el proceso de identificación con la figura materna y los diferentes tipos de homosexualidad quedan establecidos por los modos de renuncia al objeto primordial materno.

Este objeto primero e inicial de deseo, tanto en hombres como en mujeres, al cual hay que renunciar para entrar en la circulación de lo humano, ese objeto, primordial por lo que constituye para el niño, es la madre, objeto de deseo como marca incondicional y estructural hasta el final de la vida. Deseamos siempre para volver a encontrar la situación inicial mítica con aquella madre que un día  nos dio todo sin pedirnos a cambio nada y es en ese gesto de amor donde se originó la deuda simbólica y a la vez la interdicción o prohibición hacia la misma, pues había que renunciar a su amor para poder amar, para poder entrar en la cadena de amor con los semejantes.

Por lo tanto, se aconseja psicoanálisis para poder resolver el conflicto que el homosexual tiene con sus deseos y la culpa que le producen los mismos.

Miguel Martínez Fondón. Médico-Psicoanalista
Madrid: 91 682 18 95


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X CONGRESO INTERNACIONAL GRUPO CERO
 PSICOANÁLISIS Y MEDICINA

DISCURSOS
SOBRE LO SEXUAL

Hasta Freud, el discurso sobre el sexo -el discurso de científicos y teóricos- se caracterizó, en ocultar aquello de lo que supuestamente hablaba. Se pueden tomar todas esas cosas dichas, como precauciones meticulosas y análisis detallados, por procedimientos destinados a evitar lo insoportable digamos, de la verdad del sexo. El hecho que se haya intentado hablar del sexo en un lenguaje neutro, ya dice algo de un discurso que en su incapacidad para hablar del tema, se refirió sobre todo a sus pretendidas, aberraciones, perversiones, rarezas patológicas, exasperaciones mórbidas.

Con el pretexto de decir la verdad, generaba temores a la menor oscilación de la sexualidad y advertía de una dinastía imaginaria, de males destinados a repercutir en generaciones enteras; afirmó como peligrosos para la sociedad los hábitos furtivos de los tímidos y las pequeñas manías de los solitarios y como fin de los placeres insólitos puso la muerte.

También éste discurso, se ligó a una práctica médica insistente e indiscreta, locuaz para proclamar sus repugnancias, lista para acudir en socorro de la ley y la opinión, más servil con las potencias del orden que dócil con las exigencias de lo verdadero.

Involuntariamente ingenua, en el mejor de los casos y en los más frecuentes, voluntariamente mentirosa, cómplice de lo que denunciaba, altanera instauró toda una indecencia de lo mórbido; característica por otra parte del último tramo del siglo 19 en Occidente.

Se definía como instancia soberana de los imperativos de higiene, uniendo los viejos temores al mal venéreo con los temas nuevos; con la asepsia, los grandes mitos evolucionistas con las instituciones de salud pública y así, se llegó a hablar de asegurar el vigor físico y la limpieza moral del cuerpo social, eliminando a los titulares de taras, a los degenerados y en nombre, de una urgencia biológica e histórica se justificaban los racismos de Estado, en nombre de la verdad.

A lo largo del 19, el sexo parece inscribirse en dos registros de saber muy distintos: una biología de la reproducción que se desarrolló de modo continuo, según una normatividad científica general y una medicina del sexo, que respondía a muy otras reglas de formación. Entre ambas, ningún intercambio, ninguna estructuración recíproca; la primera, en relación con la otra, no desempeñó sino el papel de una garantía lejana y ficticia, que servía de pretexto para que los obstáculos morales, las opciones económicas políticas, los miedos tradicionales, pudieran reinscribirse en un vocabulario de consonancia científica. Todo ocurriría como si una fundamental resistencia se hubiera opuesto, a que se pronunciara un discurso racional digamos, sobre el sexo humano, sus correlaciones y efectos. Como si fuera el signo de que en ese género de discursos, no se trataba de decir la verdad, sino tan sólo de impedir su producción. Una obstinada voluntad de no saber. Cegueras sistemáticas. Es sabido, que no hay desconocimiento sino sobre una relación fundamental con la verdad. Esquivarla, cerrarle el acceso, da una forma paradójica a una petición de saber. Sirva de ejemplo la famosa Salpétriere de Charcot: un inmenso aparato de observación: sus exámenes, sus interrogatorios y experiencias, que a la vez, constituía una gran máquina de incitación, en sus presentaciones públicas; su teatro de las crisis rituales, cuidadosamente preparados con éter o nitrito de amilo; su juego de diálogos, de palpitaciones, de imposición de manos; de posturas que mediante un gesto o una palabra, suscitan o borran los médicos, con la jerarquía del personal que espía, organiza, provoca, anota, informa y acumula observaciones y expedientes. Ahora bien, sobre esa incitación permanente al discurso y a la verdad, jugaban los mecanismos propios del desconocimiento: el gesto de Charcot interrumpiendo una consulta pública en la que demasiado manifiestamente comenzaba a tratarse de "eso"; así como por ejemplo, el desvanecimiento progresivo en las historias clínicas, de lo que en materia sexual, había sido dicho y mostrado por los pacientes, incluso apuntado por los especialistas y familiares. Lo interesante no es que los sabios se taparan los ojos y los oídos ni que se equivocaran; sino que se construyera en torno al sexo un inmenso aparato destinado a producir, sin prejuicio de enmascarla en el último momento, la verdad. Así el sexo dejó de ser únicamente una cuestión de sensación y de placer, de ley o de interdicción, sino también de verdad y falsedad; llegando a ser algo esencial, útil o peligroso, precioso o temible, constituido como una apuesta en el juego de la verdad. Es decir, no solamente se trata del umbral de una nueva racionalidad, que correspondería a Freud, por ejemplo, sino a la formación y a las transformaciones de ese juego de la verdad y del sexo que nos legó el 19 y del cual nada prueba que nos hayamos liberado.

Jaime Icho Kozak. Psicoanalista
Madrid: 91 447 02 84

ENVIDIA Y MIEDO SON AL FIN DE CUENTAS RECUERDOS ENCUBRIDORES DE LA VERDAD DE CASTRACCIÓN.

Libro de "Freud y Lacan -hablados-2"

CASTRACIÓN
Y CÁNCER

El cáncer continúa siendo una enfermedad misteriosa y fatal. Sin embargo, los avances de la ciencia han disminuido el índice de mortalidad o han aumentado la sobrevivencia.

El 40% sobre estadísticas globales sobrevive los 20 años posteriores al diagnóstico, teniendo en cuenta un parámetro clínico fundamental, que es la detección precoz.

Los especialistas consideran a los factores emocionales como claves en su aparición y desarrollo, postulándose en general una depresión profunda como cuadro clínico subyacente y no reactivo frente al diagnóstico, con afectación del sistema inmune y consiguiente aceleración del crecimiento tumoral así como avance de la enfermedad neoplásica en general, con producción de metástasis, recidivas, etc.

La célula normal y la cancerosa no son fundamentalmente dis-tintas: mientras una crece y se reproduce bajo determinadas condiciones, la otra lo hace en forma anárquica.

Una de las hipótesis más elaboradas es la de la célula iniciada o transformada, en la que por diferentes motivos, se ha producido un salto, una modificación.

Es una célula dañada en su material genético, con producción de oncogenes, que, como los genes son partículas cromosómicas compuestas de ADN que integran el núcleo celular, pero que en este caso están alterados.

Pequeñas modificaciones en la configuración del ADN le causa a la célula huésped la transformación maligna: crecimiento y división celular.

Esta iniciación celular todavía no es capaz de desarrollar todo el proceso, de hecho, la reproducción celular permanente permite la aparición de elementos "diferentes", pero que no tienen ningún porvenir y son eliminados por diversos mecanismos.

Aquí aparece en escena la oncoinmunología, y la pregunta que una se formula es: ¿el crecimiento de un tumor o la propagación de un cáncer, denota una falla en la vigilancia inmunológica del sujeto?

La inmunovigilancia es la situación por la cual el organismo se defiende de las agresiones internas y externas, dando lugar en relación al cáncer, a que el huésped tenga para con el tumor una actitud indiferente, de rechazo o hasta de facilitación.

El cáncer se desarrolla cuando una célula acumula cambios en los genes que controlan el crecimiento y la supervivencia celular.

Normalmente, cuando una mutación es irreparable, la célula afectada se autodestruye antes de volverse peligrosa. Pero si no muere, ella y sus descendientes pueden acumular cambios como para crecer descontroladamente y dividirse.

El fenómeno de "muerte celular programada" o apoptosis, que en este caso es salvador de la vida, está alterado en estas células atípicas.

La maquinaria letal está puesta al servicio de la preservación del organismo en su conjunto, ya que impone el autosacrificio en los casos de pérdida de función o peligrosidad de la célula.

En la mayoría de los tumores, la proteína que activa el suicidio celular está en falta o no es funcional, y su contrapartida inhibidora de la apoptosis, está aumentada en el cáncer.

La teoría psicoanalítica sostiene que todos estos hechos celulares y los mecanismos biológicos que se ponen en marcha, tienen expresión psíquica.

Cáncer es lo que corroe, corrompe o consume, cáncer es lo que mata.

La paradoja esencial es que mata por lo que no muere cuando debe morir en el sujeto, mata porque hay un desacato primordial.

En la estructura psíquica de estos pacientes subyace un delirio de inmortalidad.

En su artículo "Psicoterapia por el espíritu", Freud propone un concepto de muerte donde ésta siempre es un hecho psíquico, sobredeterminado por la historia del sujeto.

"El sujeto biológico muere cuando el sujeto psíquico deja de desear", dirá, para expresar que la función deseante está en una relación fundamental con la muerte.

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La producción de un cáncer sitúa al paciente en el lugar de un sentenciado, lo deja sin futuro, amenazado por una muerte anticipada y con padecimiento.

El canceroso se dispone a morir al estilo del melancólico, que al no aceptar lo perdido es lo perdido, sólo que en el cáncer el objeto amoroso es el propio cuerpo inmortal.

El cáncer se propone como una manera psicótica de enfermar.

Un cuerpo extraño como el pensamiento que lo vuelve loco, una célula como un pensamiento extraño a nuestros pensamientos cotidianos, una idea mortal de inmortalidad.

Dice Menassa: "Un amor rebelde, desfachatado, que ocurre donde no tiene que ocurrir, un deseo extraño. Una perversidad de mi ser que se hace célula perversa".

Ella trabaja para sí misma fuera de la cadena de transmisión, fuera de la función para la que está destinada, fuera de la Ley.

Portadora de un código alterado, asegura su propia vida en una reproducción ilimitada.

El paciente canceroso elige la mortificación de la carne por la pulsión autodestructiva, antes que ser sujeto del lenguaje, sometido al significante.

Ella, presa de su egoísmo narcisista, no se subordina al orden fálico.

Desorden, anarquía, locura celular actuando en plena libertad, en connivencia con un sistema inmunológico cómplice del desacato, por lo tanto perverso.

Forclusión y renegación del Nombre-del-Padre en asociación para componer la fórmula psíquica del cáncer. Ella, "la loca", triunfa sobre la muerte con un alto costo para el sujeto que es su propia vida, mientras quien debiera supervisar la cuestión, esa terceridad que ordena, desvía perversamente la mirada.

La prohibición del incesto es universal; lo peculiar en cada uno será su modo de aceptar o transgredir esta Ley, en los modos de renunciar al deseo.

Así, se tratará de un deseo prevenido en las fobias, insatisfecho en la histeria, imposible para el obsesivo, detenido en la perversión, y deseo conseguido en la psicosis.

El padre impotente de la histérica, el padre potente de la homosexual, el padre onmipotente del psicótico, dan cuenta en la clínica de la importancia de la función paterna, metaforizada en el sujeto como Nombre-del-Padre, significante fuente de la significación fálica.

Cuando hay forclusión del Nombre-del-Padre se produce disolución imaginaria, se instaura la psicosis.

Freud produjo el último mito de Occidente, el mito del Padre muerto, el padre inasesinable en tanto muerto el padre nada está permitido.

Decir el Padre muerto consolida la Ley, en tanto el Nombre-del-Padre es el nombre del Padre muerto.

La prohibición del goce de la madre se produce a partir del Padre muerto.

Cuando Edipo descubre que ha asesinado al Padre, la madre queda prohibida. El mito muestra así que la condición del goce es el asesinato del Padre.

Edipo paga el precio de la castración no sólo quedando condenado a sufrirla, sino siendo la castración misma.

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He aquí la renuencia del canceroso, he aquí su insurrección y su condena.

En su obra "Introducción al narcisismo" de 1914, Freud sostiene que el sujeto es "el portador mortal de una sustancia, quizás inmortal". Esa condición es la que lo liga a la especie, aceptando la ley de reproducción sexuada que le indica que algo debe perderse en él, de él, para que la especie sobreviva.

Se trata de un saber acerca de la propia muerte, se trata de renunciar  a la inmortalidad.

Nuestra cultura, avalada incluso por el curso de la ciencia, considera la muerte como un fenómeno tabú, no perteneciente al ciclo de la vida.

El psicoanálisis se atreve a sostener que en el inconsciente, cada uno de nosotros está convencido de su propia inmortalidad, la muerte propia no tiene representación.

Pensar el cáncer como una idea mortal abre una expectativa de trabajo apasionante para tratar esta enfermedad, un más allá de la clásica concepción de una psicoterapia complementaria al tratamiento médico. El psicoanálisis no es una rama de la medicina.

El diagnóstico de una enfermedad letal será recibido de acuerdo a la personalidad premórbida del sujeto, con reacciones paranoides, de pánico, depresión o fenómenos de despersonalización, y el psicoanálisis podrá mostrarse efectivo en cualquier caso.

Sin embargo, se trata de otro orden de comprensión, de un nuevo nivel de objetividad, que reconstruya a partir de los efectos y no que suponga que el conocimiento de todas las causas pueda conducir al control de la enfermedad.

Aceptada la castración, el sujeto elegirá encontrarse con la muerte por el camino más largo, el camino de la vida.

Numerosos laboratorios se hallan abocados al diseño de nuevos fármacos para influir sobre los procesos de autodestrucción celular, favoreciéndolos o inhibiéndolos.

"Los biólogos -dice Freud- deben avanzar todo cuanto puedan.

Nosotros también debemos avanzar. Algún día nos encontraremos."

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LA IDENTIFICACIÓN
EN LA ANOREXIA

ESPEJISMO DE UN PODER EXTERIOR

El goce sigue siendo pregunta, el goce del cuerpo del Otro, porque la respuesta que pudiera constituir, exige aún más. Respuesta insuficiente, porque el amor pide más; el hombre pide más si se somete al psicoanálisis aceptando la regla fundamental de la asociación libre, será un sujeto que se construye, al igual que el amor es una construcción en transferencia.

Discriminar el cuerpo de la necesidad, del cuerpo de la demanda amorosa, del cuerpo del deseo inconsciente es cosa muy interesante para el diagnóstico fundamental.

La neurosis se establece en el campo de la demanda, campo del deseo, específicamente humano. La psicosis corresponde al campo de la necesidad, de lo real del cuerpo.

En el principio, el rasgo unario (rasgo repetido de la diferencia absoluta), por eso es que la relación del significante con la pulsión sexual hace que prevalezca la función erótica del cuerpo en el sujeto. Es el discurso del Otro el que transforma el goce de la necesidad en el goce del deseo.

Dice Lacan en el Seminario de "Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis", que "La libido es la presencia efectiva, como tal, del deseo".

Hay en el comer la posibilidad de renunciar a ser el acto de alimentarse para pasar a ser un acto donde el sujeto nos habla de su deseo. En esa dualidad de las funciones de la zona oral surge en el acto de la alimentación, una satisfacción sexual, y es éste el factor que nos permitirá esclarecer la comprensión de las perturbaciones de la alimentación, cuando la zona erógena está perturbada.

El niño depende del amor del Otro (estadío del espejo), y es en esa relación especular con el otro imaginario por medio de la cual comenzará a amarse a sí mismo (narcisismo).

Freud dice que "lo que sostiene la relación con la gente es la insatisfacción, el deseo se aniquila en la insatisfacción, pero como el objeto nunca se satisface, la gente se enamora".

Cuando Lacan formula el estadío del espejo dice que el cuerpo del cual se enamora el sujeto es una imagen, es una intuición que está contenida en la leyenda misma de Narciso, dice "el hecho de que la imagen especular sea asumida jubilosamente por el ser sumido todavía en la impotencia motriz y la dependencia de la lactancia que es el hombrecito en ese estadío infans, nos parecerá que manifiesta la matriz simbólica en la que el yo (je) se precipita en una forma primordial, antes de objetivarse en la dialéctica con el otro y antes de que el lenguaje le restituya en lo universal su función de sujeto".

El punto importante es que el Yo queda ubicado en una línea de ficción, la forma total del cuerpo que el sujeto ve por adelantado es un espejismo, ya que la maduración de tal poder no le pertenece, es una exterioridad. Tiempo de un destino enajenador, "preñado de las correspondencias que unen al Yo a la estatua en la que el hombre se proyecta como a los fantasmas que le dominan, al autómata, en fin, en el cual, en una relación ambigua, tiende a redondearse el mundo de su fabricación".

Desarrollo de una dialéctica temporal, empuje de la insuficiencia a la anticipación.

El instinto de alimentación perturbado, nos demuestra que el fin sexual de esta fase es el canibalismo.

Freud cuando analiza el caso de "El Hombre de los lobos" refiere que el fin sexual "se exterioriza por regresión desde una fase superior, por miedo a ser devorado por el lobo". Este miedo hubimos de traducirlo por el de servir de objeto sexual a su padre, dice "existe una neurosis que expresa la repulsa sexual por medio de la anorexia, debiendo ser relacionada, por tanto, con esta fase oral de la vida sexual".

La identificación es la fase preliminar a toda elección de objeto y también la primera forma ambivalente que posee el Yo de elegir un objeto.

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Es esta fase libidinal, quiere al mismo tiempo, incorporarlo y devorarlo.

La anorexia nos revela un cuerpo que en su recorrido pulsional, devorase al Otro, fuerza que es empuje exigiéndole a la economía psíquica un trabajo.

Dice Freud en "Psicología de las masas y análisis del yo", que  "la identificación es además ambivalente y puede concretarse tanto en una exteriorización cariñosa como en el deseo de supresión.

Se comporta como una ramificación de la primera fase, la fase oral de la organización de la libido, durante la cual el sujeto incorpora al objeto ansiado y estimado, comiéndoselo, y al hacerlo así lo destruía".

Ya conocemos que Freud en 1895, en el "Manuscrito G", cuando se refiere a la neurosis alimentaria, hace un paralelo entre la anorexia y la melancolía, pacientes en que la pérdida de apetito es traducida por el psicoanálisis como pérdida de libido.

En la melancolía hay una pérdida afectiva y real del objeto amado. Es el caso de esa introyección del objeto en el yo, que se lo come, devora, lo deglute. "Los rasgos más interesantes que se nos presentan son: autohumillación del yo, autocrítica del yo y amargos reproches contra el yo.

Se dirige realmente contra el objeto y representa la venganza que de él toma el yo".

Dice Freud en el "Manuscrito G" que existen llamativas relaciones con la melancolía y la anestesia sexual, como lo demuestran las siguientes comprobaciones: 1) muchos melancólicos tienen viejos antecedentes de anestesia, 2) todo lo que provoca la anestesia estimula la génesis de la melancolía, y 3) hay un tipo de mujeres psíquicamente muy exigentes, en las cuales el deseo se convierte fácilmente en melancolía, y que son anestésicas".

El sujeto anoréxico no soporta comer porque ese acto le revela el fantasma de ser devorado por el Otro, el fantasma de ser gozado como objeto por el Otro, él es alimento que sacia el hambre caníbal del Otro, y en el espejo de las identificaciones la imagen se apropia del sujeto como si fuera comida sexual en un escenario complicado de narcisismo y agresión.

En "Duelo y Melancolía"· se construye la hipótesis de que el Yo puede separarse desarrollando esta instancia moral que entra en conflicto con la otra.

Es así que en la anorexia se da una asimilación del objeto por identificación. El sujeto intenta ser el objeto a, causa del deseo, pero no lo alcanza y es así como el síntoma expresa que su deseo es la melancolía.

Su deseo está en el abismo de la muerte (real), no de la castración, y en ese límite algo se satisface en el sujeto aunque sea por la vía del displacer, o del placer caníbal. "El deseo tampoco podrá capturar su objeto, en tanto es de lo que carece. Cuando el deseo captura su objeto, lo que captura -y ahora sí para relacionarlo con la anorexia-, lo que captura es su propia muerte como deseo".

La identificación en la anorexia tiene que ver con quedar fijado al instante de ser devorado por la madre cuando su exigencia pulsional hace del niño su pene. Ha habido en este pasaje a la equivalencia pene-falo, una falla en la operación del Nombre del Padre y en el Deseo de la madre, metáfora fallida que, por consiguiente dificultará la aparición del significante y del deseo no en forma de síntoma en la alimentación.

Esto es, si el niño queda atrapado en el equivalente fálico que la madre desea, queda detenido a una imagen especular de una madre devoradora. Y antes de ser devorado, elige devorar deseo de nada, y con eso alimenta su alma, defendiéndose de un canibalismo que le propone el Otro, antes de ceder al deseo de un caníbal, en su síntoma se debate por un deseo más humano, si un psicoanalista lo interpreta.

Se podría pensar en una madre fallida en su evolución sexual, pulsional, en tato es una madre que le propone en el espejo de las identificaciones, que el hijo sea su soporte fálico. No sólo que la imagen es anticipatoria a su totalidad fragmentada, sino que además tendrá que cumplir con la exigencia de ser cuerpo de su cuerpo, o la nada como sujeto, con lo cual el sujeto anoréxico en su negativa a alimentarse, expresa que él no acepta ninguna invitación a festines totémicos, su deseo es deseo de nada.

La madre en el recorrido pulsional, entonces falla en el rodeo, y el niño queda fijado en la identificación con ella, es objeto de caprichos insatisfechos, y pasa así a ser incorporado devorado. Es una identificación previa a la sexuación, la madre no da cuenta del Nombre del Padre, es un Otro por el que el niño en lugar de preguntarse ¿qué desea?, ya que es un Otro de necesidades reales hará que la pregunta tenga respuesta: "no tengo necesidades, comer es para mí ver, ver en el espejo el incesto realizado, me niego a transitar un mundo de necesidades". 


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Identificación previa a la sexuación, decíamos, Freud nos dice que es del orden del ser, no del tener.

Freud dice en "Metamorfosis de la pubertad": "Cuanto más se acerca uno a las hondas perturbaciones del desarrollo psicosexual, más innegable aparece la importancia de la elección del objeto incestuoso".

En la Identificación primordial se forma el Ideal del Yo, heredero del Complejo de Edipo, expresión de los impulsos más poderosos del Ello y de los más importantes destinos de la libido, como vemos, es así que el Yo se somete a la vez, a la exigencia pulsional del Ello. Y es el Superyo el resultado de la dependencia del Yo, debilidad narcisista.

La cuestión es que el sujeto sólo aparece si hay identificación con el significante. El cuerpo se constituye como cuerpo entero con la condición de perder un objeto, un objeto que no formó nunca parte del cuerpo.

"El psicoanálisis habla de una doble alteridad en cada sujeto: la alteridad en el espejo, que nos hace depender de la forma de nuestro semejante y la alteridad con el Otro, aquel al cual nos dirigimos, más allá de nuestro semejante, es el lugar de la palabra".

Asumir la imagen del cuerpo en el espejo es un acto, en el que el sujeto es, desde la mirada; en el sujeto anoréxico, la mirada está puesta en lo real del cuerpo y sus necesidades, en lo orgánico, lo  cual será una complicación para la vida y la relación con el mundo.

El psicoanalista es el que con su trabajo podrá introducir significantes en el otro, significantes para que aprenda a relacionarse con un mundo que no se debata entre devorar y expulsar, entre comer y no comer según reglas de vigilancia estéril, un mundo de insatisfacciones.

Quisiera recordar estas palabras de Lacan "el psicoanálisis puede acompañar al paciente hasta el límite estático del "Tú eres eso", donde se le revela la cifra de su destino mortal, pero no está en nuestro solo poder de practicantes el conducirlo hasta ese momento en que empieza el verdadero viaje".

El sujeto como tal está en la incertidumbre, por estar dividido por  efecto del lenguaje. "Por el efecto de la palabra, el sujeto se realiza cada vez más en el Otro, pero con ello sólo persigue una mitad de sí mismo. Irá encontrando su deseo cada vez más decidido, pulverizado, en la cernida metonimia de la palabra". El sujeto anoréxico podrá, si su deseo verdadero es aceptar la existencia del significante en transferencia, construir un recorrido pulsional que le dé un cuerpo y una historia alejada de su anterior animalidad.

Betina S. Alfieri. Psicoanalista
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SIDA: PRONÓSTICO
Y TRATAMIENTO

El primer caso de SIDA se diagnosticó en EE.UU. en 1981, cuatro años después de declararse totalmente erradicada la Viruela.

Desde entonces múltiples investigaciones trataron de averiguar el agente etiológico, el mecanismo de enfermar y un tratamiento concreto y eficaz.

Actualmente hay tres parámetros para el diagnóstico de "Enfermedad Activa", es decir aquella que requiere tratamiento farmacológico. El primero es la Clínica, ante la presencia del virus VIH positivo en sangre y algún signo de adenopatías, fiebre, astenia, neumonía... se indica tratamiento farmacológico.

El segundo parámetro es el nivel de Linfocitos T4 (los encargados de la Defensa Hu-moral) por debajo de 500 unidades/ml cúbico, se considera que el paciente debe recibir el apoyo de fármacos que impidan la proliferación del virus.

La viremia (nivel del virus en sangre) es el tercer factor a considerar, por encima de 5.000-10.000 unidades de ARN/ml, se impone la administración de antiretrovirales.

Los especialistas en el tema aconsejan ante la presencia de uno sólo de estos parámetros la terapia farmacológica.

En el caso de detectar la presencia del VIH pero sin ningún síntoma y los niveles de T4 son superiores a 500 und/ml y la viremia inferior a 5.000 und/ml se indica una conducta espectante sin medicación y sí un seguimiento analítico sanguíneo cada tres o seis meses. Igualmente se aconseja revisar el calendario vacunal para prevenir el contagio de gripe, hepatitis B y neumonía, que podrían desestabilizar el cuadro clínico.

Los fármacos más utilizados consisten en un "coctel" de tres o más fármacos. Los más eficaces llevan en combinación un Inhibidor del enzima Transcriptasa Inversa (el AZT o Retrovir es el más conocido) y un Inhibidor de la Proteasa (Saquinavir, Ritonavir e Indinavir son los nombres comerciales más conocidos).

Hay un compuesto que reune a dos fármacos en un sólo comprimido