ÍNDICE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Nº 46 |
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XII CONGRESO
INTERNACIONAL GRUPO CERO |
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La Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero organiza su XII CONGRESO INTERNACIONAL, que esta vez versará sobre los 20 años de trabajo ininterrumpido del Grupo Cero en el campo de la salud, la educación, la poesía y la plástica. Los objetivos de este Congreso son: - Festejar que la Escuela de Psicoanálisis es la primera en cumplir 20 años en la ciudad de Madrid. - Mostrar las actividades realizadas en estos años. - Realizar una exposición representativa de las clases y conferencias impartidas (más de 3.000), de recitales y tertulias poéticas, (más de 800), de los libros (116), de revistas publicadas (más de 200 números), de Congresos Internacionales realizados, de los gabinetes clínicos que funcionan en la actualidad: 43 en Madrid y 30 en otras ciudades de España y el extranjero. - Anunciar a la población la puesta en marcha, a partir de septiembre, de dos proyectos que cambiarán la inscripción social del psicoanálisis en España: PSICOANÁLISIS PARA TODOS: a)
Atención clínica. b) Docencia: Seminario Sigmund Freud y Seminario Jacques Lacan, de tres años de duración, una vez por semana. MATRÍCULA GRATUITA. PROGRAMA Miércoles, 25 de Julio 09:30
Entrega de documentación. 17:00
Importancia de la lectura como producción. |
Jueves, 26 de Julio 10:00
La mujer en Psicoanálisis. 17:00
La ética en el Grupo Cero. (A continuación se proyectará el corto del mismo nombre). 10:00
La familia en "La familia como estructura sexual"
de Miguel Oscar Menassa (1987). |
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PSICOANÁLISIS
Y MEDICINA |
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EXTENSIÓN UNIVERSITARIA: LA REVISTA DE PSICOANÁLISIS DE MAYOR TIRADA DEL MUNDO |
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12:00 Descanso. 17:00
Concepto de transferencia. 21:00
Presentación del libro: Presentación
del libro: Sábado, 28 de Julio 10:00
Psicoanálisis y Medicina en el Grupo Cero. 21:00 Cena - Recital y Baile del adiós. * * * * * * * * * PRESIDENTE DEL CONGRESO: Dr. Miguel Oscar Menassa ORGANIZA: Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero PATROCINAN: -
Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero, S.L.
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LA PRIMERA MIRADA ES CIEGA Una nueva experiencia totalmente nueva para el sujeto, no apoyada en ninguna de las dos pérdidas anteriores que tuvo que soportar, que son la pérdida del pecho y la pérdida de los excrementos, sino que esta experiencia que es aparecida nueva, va a dar crédito a una amenaza de pérdida y es así que aquello que ya ha sucedido dos veces puede volver a ocurrir por tercera vez. "Un buen día el niño, orgulloso de poseer un pene, se enfrenta a la región genital de la niña y se ve obligado a convencerse de la falta de pene en la pequeña, un ser tan semejante a él. A partir de este momento, la pérdida de su propio pene se convierte en algo que puede suceder, la amenaza de castración consigue hacer efecto a destiempo". Esta nueva experiencia, si la ubicamos en el plano de la percepción no explica absolutamente nada. El hecho de que el niño no vea en la niña más que ausencia, significa que el falicismo, en el sentido de que cree en la existencia de un solo órgano sexual, tiene otro tipo de base más sólida para mantenerse. El hecho de que la ausencia signifique para él la castración es sólo el resultado de una interpretación. ¿Porqué no pensar que cuando la contempla ya la está deseando? Porque si bien se trata de una experiencia nueva, que no es una experiencia perceptiva, se trata de que es la experiencia del deseo. Pero pasa que el niño también desea a su madre y la desea en primer lugar y ante todo. Es de esta manera que él ha entrado al campo del deseo, y lo hizo por el camino que decía: "Todo está permitido". Tan sólo el psicoanálisis, mostrándonos que la amenaza de castración no es una fuerza desde el exterior opuesta al deseo, sino que es parte integrante del mismo, al igual que la muerte está implícita en la vida, nos da la prueba de que "Cuando todo está permitido, no hay nada que esté permitido". Por eso después de la experiencia perceptiva, en la que se quebranta la incredulidad del niño, Freud, conduce el problema al terreno del deseo. En esa época no es que toda la vida sexual del pequeño se refiere a la masturbación, sino que también comporta investiduras objetales, que se dirigen en parte a la madre y en parte al padre. Con este último se identifica y desea ocupar su lugar junto a él, pero una vez que se toma en serio la amenaza de castración todas estas investiduras quedan bloqueadas, ya que su satisfacción implica la pérdida del pene, y sale vencedor el interés narcisista. La investidura es abandonada y reemplazada por una identificación. La autoridad del padre forma el núcleo del superyó y perpetúa su prohibición del incesto, evitando la vuelta del yo a la investidura libidinosa del objeto. La vida sexual, decíamos, no se agota en la masturbación, pero hay que reconocer que el niño confiere a su pene una investidura igual a la que otorga a los objetos y es precisamente la investidura del órgano sexual la que debe transformarse en investidura del objeto gracias a la prohibición. La amenaza de castración no va totalmente unida a la investidura del objeto ni al carácter incestuoso del mismo, sino que también va ligada a la investidura del pene, en tanto que el niño le otorga el rango de "símbolo de la virilidad". LA SEGUNDA MIRADA, DISTORSIONA LA IMAGEN y la agranda o aumenta su tamaño, es decir, ve de más. Por otro lado, el deseo considerado en su faceta imaginaria, es ante todo rivalidad, sea cual fuere el sexo del sujeto, una rivalidad que está destinada, debido a su base simbólica, al fracaso. Podríamos decir que el deseo condena al fracaso al deseo mismo. La rivalidad acarrea, sin lugar a dudas, temores y amenazas que son parte integrante de nuestras fabulaciones tanto colectivas como individuales. Hasta ahora, el agente de la castración, el rival, es tan sólo imaginario, por esta razón podemos afirmar que la castración es siempre recíproca, al igual que todos los fenómenos que derivan de la imaginación. |
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Decir que el sujeto se halla sometido a la castración equivale a decir que está sometido a ella en tanto que se niega a saber que la amenaza que pesa sobre él está en relación con el tamaño que atribuye al rival en el que se organiza su ignorancia. El joven imagina la castración, ya sea como revancha, ya como sanción, pero no reconoce la fatalidad inscrita en la estructura misma de su deseo en tanto que rivalidad. Se trata, pues de una ignorancia que únicamente concluye con la supresión del desconocimiento que comporta la función idealizadora o rivalizante, que constituye dicha función, y que en su pendiente lleva el silencio, o alguna forma de silencio, complicidad, censura, cerrar uno o dos ojos, en fin, todo lo que hay que hacer para crear un mundo que no deja de prolongarse en represiones secundarias. Destruir estas represiones es más que un arte: el arte de saber llevar a cabo un análisis, que podemos definir como el arte de dar a luz al sujeto, destituyéndolo como sujeto capaz de convertirse en objeto, porque no es deseo de objeto, sino que es deseo del Otro y todo objeto es sólo una recuperación engañosa. Norma
Menassa. Psicoanalista Esta alteración en el lenguaje, de la palabra, es la respiración entrecortada del asmático, fuera de lugar (atopia). Un discurso interrumpido, donde el acceso de tos o la disnea le dejan mudo. El asmático establece un lenguaje primitivo, de silbidos, de sonidos guturales. En el asmático hay una alteración del flujo aéreo, aire como intercambio, donde yo y el otro son diferentes, ya ha habido castración, se establecen relaciones de lugar. El asmático en brazos de la madre fálica, abrazado, no puede decir que no, ¡no porque me ahogo! y ese ahogo lo pone en acto. Esa incapacidad de responder a la señal con la palabra le lleva a responder con el cuerpo. O podemos pensar que en vez de decir no, dice no sé, ¡no sé qué me pasa! (la angustia no tiene objeto, es un peligro no conocido) y ese no sé, le paraliza, como si se pudiera saber, cuando sabemos que el saber es un saber no sabido, es un saber inconsciente. La angustia es lo que genera la represión. El afecto se desliga de la representación a la que está asociado. La representación permanece inconsciente y el afecto libre, capaz de unirse a cualquier otra representación. A la angustia cualquier situación le sirve para manifestarse. El desarrollo de angustia inicia la formación de síntomas. La relación entre angustia y formación de síntomas sería que se representan y se reemplazan mutuamente. El uso corriente de la palabra angustia es vago e indeterminado, aunque suele corresponder con lo que se denomina Neurosis de angustia, un estado asociado al desarrollo y percepción de sensaciones somáticas. Estos síntomas, que aparecen en crisis que ceden solas o con tratamiento, afectan frecuentemente al aparato respiratorio (sensación de falta de aire, opresión torácica). Un cuadro en el que suelen existir antecedentes familiares de neurosis de angustia. Una situación en la que el paciente dice ¡no sé que me pasa! Algo que nos recuerda a la clínica del asma. Una segunda forma de manifestación de la angustia sería la asociada a la fobia. Una fobia es un miedo desproporcionado e injustificado ante un objeto exterior que puede ser muy variable; como ejemplos conocidos las zoofobias (el miedo a los animales) o la agorafobia (el miedo a los espacios abiertos, a la calle). En estos casos el sujeto desarrolla una conducta de evitación, evita el contacto con aquello que le produce el miedo (el animal, salir solo a la calle). Y si se le pone en esa situación, aparece el cuadro sintomático de la angustia, como habíamos visto antes. Además en las fobias primero lo que existe es el ataque de angustia, y posteriormente esa angustia se liga a una representación (un animal, la calle) y ahí aparece la fobia, que viene a evitar el desarrollo de angustia. Como en el caso de la alergia en la que existe un primer contacto con una sustancia, el alergeno, y es a partir de la segunda exposición cuando se desarrolla la reacción alérgica, cuando el sujeto ya está sensibilizado tras el primer contacto. Esta conducta de evitación, una conducta fóbica, la vemos en los asmáticos y además forma parte importante del tratamiento: evitar aquellas situaciones en las que exista posibilidad de contacto con el alergeno o la sustancia desencadenante de la crisis, en el caso del asma extrínseco porque en el intrínseco como no se conoce la causa no se puede evitar. El asmático evita los espacios abiertos, el campo, donde puede existir el polen al que es alérgico. Si tiene que viajar en coche, en una época del año o por una zona, donde exista el alergeno tiene que viajar con las ventanillas cerradas y a ser posible con un sistema de circuito cerrado de aire. No puede o no debe viajar en moto. Evita el ejercicio o los ambientes con humo o polución porque le pueden desencadenar una crisis. E incluso en el llamado asma ocupacional, aquel en el que la sustancia a la que se está sensibilizado está en el lugar de trabajo se le recomienda, que si puede, cambie de trabajo. Otra forma de manifestación de la angustia sería aquella en la que el síntoma reemplaza por completo a la angustia, el síntoma aquí sería un equivalente. Por ejemplo, en algunos casos de histeria, la bella indiferencia, tiene el síntoma que sea, se le paraliza un brazo, tiene un ataque de asma que no va acompañado de ninguna sensación angustiosa. También se ve esto en el Servicio de Guardia, es frecuente en niños. El niño viene con su crisis de asma, tan tranquilo, incluso sonriente aunque no puede respirar y los angustiados son los familiares, en general la madre que es la que acompaña al niño. Desde una escucha psicoanalítica el asma se nos podría mostrar como enfermedad psicosomática, histeria e incluso neurosis de angustia. Una alteración de la relación del sujeto con el lenguaje, del lado del goce incestuoso, situación que el psicoanálisis puede modificar, hacer al sujeto un sujeto del deseo. Pilar
Rojas. Médico-Psicoanalista
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El Inconsciente no tiene tiempo, si tiempo es el concepto físico de tiempo, medible, el que se puede calcular, el del reloj, el del calendario ya preestablecido, unidireccional, condena de lo que será, porque sí. Freud cuando habla (cuando escribe) cuando describe el concepto de inconsciente, lo hace como sustantivo, como Sistema Inconsciente, que genera y sobredetermina el resto de instancias y sistemas del aparato del cual hablamos. Y para dar cuenta del concepto que formaliza en La interpretación de los sueños y desarrolla en toda la obra posterior, durante cuarenta años, cuando se refiere al inconsciente, para hablar del tiempo (concepto que hay que pensar en articulación constante y compleja con otros conceptos), dice: el Inconsciente no tiene tiempo o contiene todos los tiempos, es decir el tiempo se construye, no es algo ya preestablecido y escrito, en todo caso hay que reescribirlo. Escritura sobre una escritura. Recordemos que el método psicoanalítico es de interpretación-construcción, luego se interpretan y construyen historias de deseos. Un tiempo, el de la clínica, que será diferente al percibido por el sujeto (sabemos que los órganos de la percepción son engañosos), un tiempo diferente al que se habla en Filosofía, en Física, en Antropología o en Sociología. Estas disciplinas dicen de los aspectos sensibles de "mi saber del tiempo". Tiempo de la vida cotidiana, que es la de un transcurso, incluyendo por ende el espacio y cuya esencia es la medida de dicho transcurso, un movimiento entre un punto y otro punto. Descripción fenomenológica del tiempo, que nos lleva a pensar la clínica como que lo que pasó en un pasado, es lo que determina los síntomas de la actualidad y me condenan a un pronóstico más o menos halagüeño. Esta ideología del tiempo tiene una sola dirección, transcurre fuera del sujeto, se lo ve discurrir fuera del lenguaje. Entonces lo único que puede hacer el sujeto es medirlo, contarlo, rotularlo, diagnosticarlo. Esta concepción del tiempo proviene de la dialéctica Aristotélica y lo llamamos Tiempo Real o tiempo aparente ya que nos da la ilusión, nos genera la ilusión que las cosas comienzan por un principio, presentan un desarrollo y tienen un fin. Este concepto de tiempo que imperaba hasta la producción del concepto del Inconsciente, regía no sólo la vida cotidiana, sino también el pensamiento científico, los modos de pensar, las maneras de amar. El primogénito sería el heredero de las tierras, el benjamín sacerdote y la hija cuidaría de los padres hasta su muerte. La media naranja había que buscarla en la suposición de que existía. Concepto de tiempo que se sigue utilizando en las clasificaciones de enfermedades, mapa nosológico de criterios previos donde ubicar al paciente. Cuando se maneja la noción de Instinto: "se nace con..." "esto es innato en mí" "es que yo soy así", se está bajo la dialéctica del tiempo real, aristotélico, de pasado, presente y futuro. Pero en la clínica psicoanalítica el concepto que nos determina es el de Inconsciente, decimos no hay deseo sin pulsión. Y el concepto de Pulsión en Freud, es la Pulsión de Muerte, según como concibamos la pulsión de muerte, manejamos una ética u otra, un tiempo u otro que permitirán un pronóstico diferente. En la clínica Freud nos habla de una tendencia a lo inanimado diferente a la pulsión de muerte. Hay una muerte por el camino más corto, es la tendencia a lo inanimado. De pulsión de muerte habla cuando dice llegar a la muerte por el camino más largo: la vida. Es decir, es hacia el futuro, no es hacia el pasado. Volver a lo inanimado sería hacia el pasado, en cambio llegar a la muerte por el camino más largo, el camino de la vida, es desde el futuro, por lo que llegaré a ser, por lo que me determina como finito, como mortal es que me ocurre en la actualidad. Es desde el punto que leo el presente. El tiempo que maneja la clínica psicoanalítica, ya que la teoría es clínica, es el tiempo Futuro Anterior. No es el pasado el que determina el presente, sino que en un contexto actual, vigente, doy sentido a la experiencia pasada, rompo con la cronología del tiempo y trasformo el Tiempo Real en Tiempo Histórico. Y Futuro Anterior no es un tiempo gramatical, es el tiempo del concepto, es decir presenta unas características propias, concretas como son la Interpretación y la Recurrencia. Debido a estas características del Tiempo Histórico es que el deseo siempre se realiza en presente y como la interpretación es el inconsciente, posibilita construir un pasado que puede no haber existido o reescribirlo en la historia particular del sujeto. El sujeto es tiempo, no el tiempo. Todo se construye, también el inconsciente. Lo que existe es el concepto Inconsciente (que está escrito y producido en la teoría) otra cuestión es el inconsciente de fulano de tal, ese no existe como tal, hay que producirlo, producción del inconsciente que no es sin la interpretación. El tiempo aristotélico es un tiempo único, en todas las semillas habrá un árbol, sin embargo sabemos que no todas las plantas crecen, sino que desde el árbol puedo reconstruir operaciones, mecanismos. |
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Todos los adultos, fueron alguna vez niños, pero no todos los niños llegan a ser adultos. Es desde el futuro que puedo dar cuenta de un pasado. El tiempo pasa a ser discontinuo y según qué concepto de tiempo manejamos realizamos una clínica u otra. Entonces "yo ya me analicé", "ya estudié", ""ya hice", es un tiempo y una clínica. Sin embargo por ser lo que me puntuará, "estoy estudiando", "en la actualidad hago...", "continuo mi análisis", será otro tiempo, otra clínica. Amor es un verbo, si lo pongo a trabajar. Carlos
Fernández del Ganso. Psicoanalista Tengo intimidad, violación de la intimidad, mostrar la intimidad, meterse en la intimidad, no tener intimidad, son frases que escuchamos sobre la intimidad pero ¿qué es la intimidad? Lo íntimo que cuando ya se sabe de ello pasa de ser de la categoría de intimidad a la categoría de extimidad. Sólo aparece lo íntimo cuando sabemos que hay otros que nos pueden mirar, ahí surge el celo por salvaguardar lo que se siente como una posesión que toma valor justo en el momento que creo que algo de lo mío tiene valor para el que mira o escucha. Con la mirada del que viola, penetra o busca la intimidad, el valor de la imagen cambia tanto para el que mira como para el que se ve visto. Es un lugar donde el poder se le da a la mirada del que mira y donde el que se ve visto, toma valor de imagen para el que ve lo que yo poseo. Lo íntimo son nuestros deseos pero justo aquellos que forzamos a que estén callados bajo la ocultación de sus representaciones, tal como ser vistos, contados o mostrados. Para que haya intimidad, tiene que haber mirada o escucha, pero es en aquella mirada o escucha donde a partir de la misma, ya soy algo distinto para el otro. Guarda relación con aquellos juegos infantiles de ocultación que se presentaban ante la mirada, de las primeras manifestaciones de la sexualidad donde bajo la mirada del otro, las mismas eran transformadas bajo la prohibición en valor de cambio, pudor y vergüenza. La mirada o la escucha no es cuestión de que veamos unos ojos que nos miran o notemos la presencia de unos oídos que nos escuchan, puedo sentirme mirado por alguien cuyos ojos u oídos ni siquiera veo. Sólo si siento tener alguna razón por la cual puedo pensar que hay alguien mirando o escuchando ya me siento importante para el que creo que me mira o me escucha. Un beso medio a escondidas si me pueden ver o el ruido delator de la cama donde me pueden escuchar, es ahí donde el acto sexual toma valor de intimidad porque le adjudico un valor para el Otro que creo que está. La intuición de que el otro me ve o me escucha es darle una dimensión a la mirada y a la escucha a modo de ventana tras la cual nos acechan a modo de desafío, de reto, donde el que demanda ver, pulsa con el que puede mostrar y en ese desafío dejo de tener intimidad. Lo que cuenta, podemos decir, que no es que el otro me ve o me escucha, sino que vea hacia dónde me dirijo, que vea dónde no estoy para estar en la fantasía de lo que el otro me adjudica. Es un estado tal de la mirada y de la escucha, en que cada uno espera del otro que se decida a hacer algo preciso que debemos hacer los dos. Ese velar por lo íntimo puede llegar a adquirir categoría exhibicionista, donde sabemos que hay algo en mí que puede fascinar y atrapar al otro con sólo yo mostrar. Esa mirada de quien se puede ver visto es la presencia de ese otro como tal ante el cual hace que surja el deseo reprimido u ocultado. Porque no hay acto de intimidad o de exhibición si no adjudico a un otro que mira y el goce tanto del que mira como del que se ve observado tiene que ver con que en el ver y mostrar ninguno sabe lo que uno ve ni lo que el otro muestra. En el sentimiento que le adjudico al acto de agredir contra la intimidad se sabe que el otro que mira o escucha, se proyecta imaginándose que él podría ser eso que el otro muestra y es ahí, en esa idea de invasión donde el otro siente su intimidad violada. Miguel
Martínez Fondón. Psicoanalista
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Ante el presente título, se me plantea que habría que redefinir, o al menos situar dentro de una determinada concepción de la salud y la enfermedad, los términos pronóstico, enfermedad psicosomática, lo psíquico y tratamiento psicoanalítico, veremos si en el desarrollo podemos aclarar algo. Me dispongo a escribir la conferencia, y para ello, sigo mi procedimiento habitual, me acerco a los grandes textos de Medicina Interna, hojeo el índice del Harrison, buscando la palabra psicosomático, no salgo de mi asombro; ¡no está!, será cosa de los americanos, me digo, busco en el Farreras-Rozman, el libro de Medicina Interna de edición española más utilizado, ¡tampoco! Un poco decepcionada, me dirijo al diccionario de Medicina más importante, el Dorland, y busco nuevamente la misma palabra, aunque ya dudo casi de su existencia. Psicosomático: ver somatopsíquico; denota una alteración psíquica que causa síntomas mentales. ¡Un lapsus en el Dorland!, me froto los ojos y vuelvo a leer: denota una alteración psíquica que causa síntomas mentales. Busco por curiosidad en una edición antigua del Harrison, encuentro: tratamiento psicoterapéutico de la úlcera duodenal, recomiendan la psicoterapia fuera de los brotes, la edición es de 1977, la quinta edición en castellano. Pregunto por el término a médicos no estudiosos de la teoría psicoanalítica, y me sorprende que inicialmente balbucean una respuesta a la que les cuesta llegar, y cuando llegan dicen: "cada uno vive la enfermedad de una manera distinta", se remiten, al igual que el diccionario, al término somatopsíquico, dicen que es primero la enfermedad orgánica, y el grado de fastidio con que el paciente vive la enfermedad, es el lugar que le dan a lo psíquico, es decir, que la ausencia de literatura médica al respecto condiciona la actitud del médico. Estas conferencias también son el intento de abrir ese espacio de la escritura que nos permita, no sólo a la comunidad médica, sino también a la psicoanalítica, pensar esta cuestión de lo psicosomático. Describir los fenómenos psicosomáticos fuera de la transferencia, es quedarse en la descripción fisiológica o en la manifestación de sus efectos, es decir, en el modo de comportamieno al que el sujeto es llevado por la presión de la enfermedad, enmascarando la presión que se ejerce desde lo psíquico. El término psicosomático, según lo define la Medicina, como todo aquél proceso psíquico que tiene una influencia en lo somático, tiene muy escasa precisión ¿ruborizarse no es acaso un hecho psíquico que produce un cambio somático visible, aunque transitorio? Es increíble que según las modas se tenga o no en cuenta que no existe un sujeto que sólo tenga cuerpo biológico, que lo psíquico está ahí jugando inevitablemente, y que obviarlo, nos lleva a descuidar aspectos fundamentales del paciente y de la génesis de la enfermedad. Freud nos trae, en uno de sus primeros casos, a una paciente que presentaba una intensa neuralgia facial (dolor en la cara), durante el desarrollo del análisis, nos cuenta que fueron pronunciadas contra ella unas palabras que le dolieron "como una bofetada", desde entonces, había comenzado aquel dolor que la atormentaba. Aunque tanto el fenómeno del rubor, al que antes aludíamos, como este caso de histeria, son la marca de una frase en un cuerpo, el primero no es un fenómeno patológico, sino que es fisiológico, no constituye una enfermedad, y el otro es un caso de histeria, donde, por un lado, la alteración es funcional, no hay lesión del órgano, y por otro lado, la transformación se lleva a cabo en el sistema nervioso somático (el que nos permite la movilidad, y con ello la posibilidad de modificación del mundo exterior), y sensitivo, a diferencia de lo psicosomático, y ahora sí delimitamos más el término, donde la transformación se haría a través del sistema nervioso neurovegetativo. Otra diferencia del psicosomático con la histeria, sería la de que el enfermo psicosomático no tiene historia, la historia de la histeria es una historia de deseos sexuales infantiles reprimidos, la del psicosomático no es una historia de deseos, es una historia de goces, de repeticiones del encuentro con el goce. En lugar de comprometerse con su deseo, lo hace con el goce primordial, goce con la madre fálica. El cachorro humano, por nacer incapaz de sobrevivir sin ayuda, por su indefensión, hace atribuciones al sujeto que emprende la función madre, al que le salva la vida, pero después debe despojarla de esas atribuciones para ser capaz de abandonar esa relación y entrar en relación con el mundo. Cada vez que estoy en el lugar donde le atribuyo a la madre, estoy en el lugar del goce primordial, traiciono el deseo, y la enfermedad es el peaje que pago por sentir que estoy eximido del cumplimiento de la ley (lo que llamamos carácter de excepción). Alejandra
Menassa de Lucia. Médico-Psicoanalista
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Un afecto va a la deriva, dsamarrado de los significantes, los cuales sí están reprimidos. Es la angustia, no una teoría de los afectos. No hay aparición concebible de un sujeto, sino a partir de la introducción primera de un significante, el significante más simple que se llama rasgo unario. El rasgo unario es antes que el sujeto. En el análisis hay algo que es anterior a todo lo que podamos elaborar y comprender y que Lacan llama "presecia del Otro", el Otro, A, está allí. "El deseo es el deseo del Otro" marca la dependencia en que se encuentra mi deseo en relación al deseante, que es el Otro. A partir de ese Otro originario como lugar del significante de ese sujeto aún inexistente que tiene que situarse como determinado por el significante. Con relación a ese Otro, dependiendo de ese Otro, el sujeto se inscribe como un cociente, está marcado por el rasgo unario del significante en el campo del Otro. Y hay un resto en el sentido de la división, un residuo. Ese resto, ese irracional, esa prueba y garantía de la alteridad del Otro es el a, Por eso en el campo del Otro, ambos del mismo lado de la barra del lado del Otro, quedan Sujeto barrado y a. El Sujeto queda marcado por la barra del significante y el a como objeto, residuo de la puesta en condición del Otro. El fantasma apoyo de mi deseo está en su totalidad en el campo del Otro, basta recordar los términos de su fórmula S barrado y a. Del otro lado de la barra A tachado, es lo que me constituye como Inconsciente. Lacan intenta a partir del Discurso de Roma una articulación más precisa entre la imagen especular r y el significante. en el enrejuego de esos dos registros. Se trata de ligar el diálogo a la realidad "en realidad no hay otra cosa que lo actual" por eso es muy difícil en el mundo de la reflexión la articulación del sujeto con el a. Y la articulación del sujeto con el Otro y la función de dependencia del Yo Ideal y el Ideal del Yo. La relación especular se encuentra insertada, toma su lugar y depende del hecho de que el sujeto se constituya en el lugar del Otro, constituyéndose por su marca en la relación con el significante. En el momento jubiloso en que se asume como totalidad que funciona como tal en su imagen especular, en la experiencia inaugural de su reconocimiento en el espejo, se vuelve al que lo soporta y sostiene, hacia aquál que allí representa al Otro, como para pedir una ratificación. Vínculo inaugural de esa relación con el Otro por el advenimiento de la imagen especular, i(a). En La Interpretación de los sueños Freud pone el acento en el Inconsciente, noción que introduce como un lugar, otra escena, función e Inconciente. Primer tiempo: Hay mundo. La dimensión de la escena, su división con respecto al lugar cósmico o mundano donde está el espectador, tiene una distinción radical de ese lugar donde las cosas del mundo vienen a decirse, a ponerse en escena según las leyes del significante. Hay allí un tiempo, un corte, una diferencia. Segundo Tiempo: La escena sobre la cual montamos ese mundo. Y esto es la dimensión de la historia que siempre tiene ese carácter de puesta en escena. En el primer tiempo, identificación con la imagen especular (escena sobre la escena). En el segundo tiempo, identificación con el objeto del deseo como tal. La función de investimiento especular se concibe situada en el interior de la dialéctica del narcisismo. Tiene un límite, no todo el investimiento libidinal pasa por la imagen especular, hay un resto, central pivote de esa dialéctica, bajo el modo del falo. Desde ahí en las localizaciones imaginarias el falo llegará bajo la forma de una falta, de un -. No está representada sino que es un corte en la imagen. Se parte de un sujeto que habla donde el rasgo unario entra en juego, rasgo que instituye 1+1 de donde surge la posibilidad del reconocimiento del yo ideal, experiencia especular autentificada por el Otro a nivel del yo ideal que es la imago virtual de una imagen real. Tercer Tiempo relación imaginaria con el deseo que constituye el fantasma. El a soporte del deseo es el fantasma no es visible en la imagen de su deseo. La angustia se constituye cuando un mecanismo hace aparecer en su lugar"natural", el lugar que ocupa el a del objeto del deseo, algo encima del i(a). Si de pronto eso que falta no falta es el momento de comienzo de la angustia. María
Chévez. Psicoanalista |
Freud en su obra Tótem y tabú al plantear ciertas analogías entre el tabú y la neurosis obsesiva hace un estudio sobre la forma de vida de algunos pueblos primitivos, destacando la cantidad de limitaciones a las que se someten e ignorando ellos mismos las razones de tal sometimiento. Enmarcado en ese estudio menciona, especialmente, el tabú de la menstruación. Nos dice que una serie de restricciones consideraba impura a la mujer durante ese estado. Se la distanciaba 24 horas antes manteniendo dicha medida hasta siete días después, obligándola luego a cumplir determinados ceremoniales para recuperar su estado de pureza. Como todo tabú presenta dos significaciones opuestas, por un lado la de lo sagrado, consagrado y, por otro, la de lo inquietante, peligroso, prohibido, impuro, es decir, significaciones que nos hablarían de lo siniestro. "Aquello que no puede tocarse", es la expresión que mejor se adapta al tabú, pues hace resaltar un carácter que permanece a través de todos los tiempos, el temor al contacto. Tal vez por este motivo en algunas tribus primitivas era terminante la prohibición de hacer el amor con una mujer durante la menstruación. Además se admitía que restaba poder y virilidad al hombre. Podríamos decir que ya no existen aquellas restricciones de antaño, aunque también sería interesante agregar que ciertas limitaciones durante los días en que acontece la menstruación, permanecen aún vigentes en la actualidad. El hecho de que en ciertos países siga existiendo un artículo de la legislación laboral que le permite faltar al trabajo un día al mes por este motivo, nos hace suponer que los trastornos de la menstruación son considerados, de alguna manera, normales. Plantearse desde el psicoanálisis el tema de los trastornos ginecológicos nos lleva a comenzar diciendo que la presencia del concepto inconsciente hace lábil cualquier cuestión que tenga que ver con el ser humano y es por esta misma razón que, muchas veces, resulta tan complejo determinar los criterios de salud y enfermedad. Son frecuentes los casos de mujeres cuyas disfunciones ginecológicas plantean interrogantes al médico porque, aún, con todos los avances en las técnicas diagnósticas diciendo que no padece ninguna cuestión orgánica ella, sin embargo sigue denunciando alguna dolencia, algún contratiempo. Nos referimos con esto a que ciertas funciones fisiológicas asintomáticas en sí mismas que tendrían que cumplirse en forma indolora se presentan sin embargo, muchas veces, rodeadas de náuseas, dolores espasmódicos, metrorragias intempestivas, trastornos del carácter, etc. Desde un punto de vista médico estas alteraciones funcionales son debidas a disarmonías hormonales producidas desde el hipotálamo. Existe una correlación entre ovario, hipófisis e hipotálamo. El hipotálamo se comporta como un auténtico reloj biológico. Periódicamente libera una sustancia para provocar una respuesta de la hipófisis quien será la encargada de estimular la producción hormonal del ovario y la liberación de los óvulos. La actuación clínica de las hormonas del ovario es la que causará la menstruación. Las mayores alteraciones, los picos, los baches y diferencias hormonales se registran, clínicamente, en dos momentos de la vida de la mujer, en la pubertad -con la llegada de la primera menstruación- donde se habla de una auténtica tormenta hormonal y durante la época del climaterio. Trastornos ginecológicos como los nombrados en el título de la ponencia nos hablan del trastorno de una función. Entonces, podríamos preguntarnos ¿qué pasa cuando, como ocurre con ciertas funciones fisiológicas, la función una vez puesta en marcha, se transforma? Habría que escuchar de qué nos habla esa disfunción. De qué nos hablan las mujeres en la consulta al decir: "me vino la regla dos veces este mes", "se me atrasó", "tuve una menopausia anticipada" o, "el día que me viene lo señalo en el calendario". Qué tiempo está denunciando en su decir.
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X CONGRESO
INTERNACIONAL |
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Para comenzar a bordear este tema es interesante demarcar lo que Freud señala en La Teoría de la libido. Expone que la forma de enfermar viene determinada en el sujeto por el modo en que recorre el camino de la función sexual y las fijaciones que la libido haya experimentado en el curso de su evolución. En ocasiones y en conexión con ciertos procesos fisiológicos regulares la cantidad de libido integrada en la economía pulsional experimenta un incremento capaz de trastornar el equilibrio de la salud y establecer las condiciones de una neurosis. Dos veces en el curso del desarrollo de la mujer lo pulsional resulta considerablemente reforzado: en la pubertad y en la menopausia. Cuando lo pulsional no es tan fuerte, el yo consigue dominarlo, pero cuando está reforzado no logra hacerlo. En este caso la producción de excitación somática se incrementa a tal punto que el psiquismo manifiesta una insuficiencia para dominarla. Cuando hablamos de la disposición a una neurosis no sólo es necesario tener en cuenta la evolución de la libido, sino también la evolución del yo, pues cada vez que el yo no lleva en su formación el ritmo de la cuestión libidinal se soluciona con un síntoma, con una inhibición. En el curso de un trastorno orgánico, de un sufrimiento, quedan retraídas las cargas libidinales sobre el yo para ser liberadas nuevamente tras la curación. Durante esta fase en que se retira la carga libidinal de los objetos, la libido y el interés del yo se confunden nuevamente. Es imposible distinguirlos. Es el caso del famoso dolor de muelas, capaz de hacer olvidar el más importante trabajo, un amor, los impuestos y hasta las tablas de multiplicar. Todas las formas habituales del ser pierden súbitamente su atractivo, están anuladas. Y ahora, en el pequeño agujero, la muela habita. El mundo simbólico de las tablas de multiplicar se halla enteramente cargado en el dolor. Si bien, desde un punto de vista dinámico hablamos de dos tipos de libido, la libido del yo y la libido objetal, Freud a partir de los textos de la Metapsicología no se propone en la función de la libido presentificar una relación arcaica, sino incluirlas en el registro económico. La libido es el órgano esencial para comprender la naturaleza de la pulsión, porque de lo contrario hablaríamos en términos de instinto. Es una unidad de medida cuantitativa, indiferenciada y susceptible de entrar en relaciones de equivalencia; si tal unidad no puede alcanzar una expansión se producen desbordamientos, regresiones, fijaciones. Siempre existirá en el sujeto una distribución de la libido y será considerada en términos de "economía libidinal". Más aún, Freud en Más allá del principio del placer reconoce que perturbaciones tan graves de la distribución de la libido como la de una melancolía son interrumpidas temporalmente por una enfermedad orgánica intercurrente. El caso es que el ser humano nunca abandona gustoso una posición de la libido, es por ello que, muchas veces, vuelve a sus antiguas elecciones, se estanca, puede permanecer en ellas, aunque el resultado final siempre dependerá de cuestiones cuantitativas. Vamos a considerar en este sentido la transformación del carácter que sufren algunas mujeres con la menopausia. Para ello recordemos que tanto la neurosis como el desarrollo del carácter pertenecen a la misma articulación, sólo que hay un hecho que nos permite hacer entre uno y otro una precisa distinción teórica. En el desarrollo del carácter falta algo que sí acontece en la neurosis y es el fracaso de la represión y el retorno de lo reprimido. Sin embargo, en la evolución del carácter encontramos, muchas veces, algo comparable a la neurosis obsesiva. Es el caso del cambio de carácter que sufren algunas mujeres con la menopausia. Muchachas en su momento amables, madres llenas de ternura, se vuelven en este período deprimidas, obstinadas, sin ganas de vivir. La menopausia -la última regla- es un acto que, a veces, reedita antiguas elecciones. Puede acontecer una regresión a la fase erótico anal que se toma sucesora y substitutiva de la fase genital, una vez que los órganos de la reproducción han cumplido su función. Se trataría de una regresión completa luego de una acabada represión. Para poder entender lo que acontece en este caso es importante no confundir regresión con represión. Distinguir sobre todo que en psicoanálisis no podemos eludir la represión, porque si trabajáramos un sujeto sin represión, no estaríamos en el campo analítico. No estaríamos pensando un sujeto paradojal. La operación fundante del aparato psíquico es la represión, mientras que la regresión es un mecanismo de la operación de represión. No nos sorprende, entonces, desde el estudio de las causas ocasionales de producción de neurosis que estamos considerando que una mujer que, en líneas generales, no ha sido neurótica se convierta en tal en la época del climaterio. |
Es una época de crisis de crecimiento y todo crecimiento conlleva una fuente de displacer. Se ha perdido un placer y no se sabe qué nuevo placer se va a ganar. Así cuando una mujer -aún sin saberlo- vive la menopausia de acuerdo a la moral que dice que la sexualidad es sólo un instrumento al servicio de la reproducción, vivirá ese momento como el final de su vida útil, verá por delante un páramo donde el sentido de su vida ha desaparecido. Si, por el contrario responde a pensamientos que colocan a la sexualidad más cerca de las palabras que de los órganos de la reproducción, seguramente podrá disfrutar de la insidiosa dicha de envejecer. Podríamos decir, entonces, que en la cuestión de los trastornos ginecológicos no se trataría sólo de disarmonías hormonales como parece presentarlos la Medicina, sino de auténticas disarmonías libidinales, sin que esto nos lleve a pensar que existe algún tipo de armonía libidinal capaz de producir un cierto grado de salud. No hay nada menos fijo a un soporte material que la noción de libido. Toda referencia a un soporte químico no tiene estrictamente hablando ninguna importancia. Freud dice refiriéndose a la libido: que sea una o que haya varias, o una para la feminidad y una para la masculinidad, eso no importa porque la experiencia analítica nos exige pensar que no hay más que una sola y única líbido que no es otra cosa que la energía psíquica del deseo. Lo importante es prestar atención a quién comanda la distribución libidinal, si es la enfermedad o lo real. Es por ello que debemos preguntarnos qué sujeto es este que padece en lo económico, cuál es su alteración a nivel libidinal. Sólo en un proceso analítico se van a ir produciendo en el sujeto los movimientos libidinales, los virajes en su posición, en relación a su deseo y a las formas de goce. Hacer un síntoma, padecer un trastorno es una adaptación, en lugar de un acto, nos dice Freud en Lecciones introductorias. Interesante propuesta para distinguir que en lugar de un acto de transformación de la realidad, el sujeto que hace un síntoma va a buscar algo seguro, una seguridad en los lugares donde la evolución de su libido fue dejando marcas, fijaciones. El Psicoanálisis afirma que tener algo seguro -cuando de lo que se trata es de la incertidumbre- nos introduce siempre en la enfermedad. Lidia
Andino. Psicoanalista
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X CONGRESO
INTERNACIONAL |
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El intento de esta ponencia es partir del interrogante que aquí oficia de título y que fue formulado en el trabajo sobre ESTRUCTURA Y FUNCIÓN DE LOS FENÓMENOS PSICOSOMÁTICOS, publicado en las Actas del V CONGRESO, acerca de nuestra primera pareja -das Ding- que está ahí desde el comienzo, pero que sólo funciona con la Ley. Das Ding es el primer exterior, extranjero e incluso hostil a veces, en torno al cual se organiza todo el andar del sujeto en relación al mundo de sus deseos, de sus anhelos y esperas. Es en relación a este das Ding que se realiza la primera elección, el primer emplazamiento de orientación subjetiva que llamamos: elección de neurosis. Y aquí aparecía muy condensado el interrogante en cuestión: ¿Se podría, acaso, hablar de elección de enfermedad psicosomática? Es de señalar que cuando se refiere a lo psicosomático, Lacan nunca utiliza la palabra síntoma. Usa fenómeno, proceso, trastorno, reacción, pero jamás síntoma. Y esto porque la producción de una enfermedad psicosomática no se halla en el campo de las construcciones neuróticas. En el rastreo que realicé de la obra freudiana para preparar esta ponencia la cuestión de la elección de neurosis aparece planteada desde el Manuscrito K de 1896, alcanzando esta cuestión, en 1913, en el artículo La disposición a la neurosis obsesiva el rango de subtítulo: Una aportación al problema de la elección de neurosis. Un rastreo que muestra cómo a partir de una pregunta por la causalidad -que anida en el problema de la elección de neurosis- la exposición freudiana desemboca en la sobredeterminación. En otros términos, comienza asentado en la causalidad del trauma que abandona luego en favor de la sobredeterminación que la represión implica. Partiendo de las ideas que Freud trabaja en estos textos y teniendo en cuenta que las reacciones psicosomáticas están -como ya dijimos- fuera de las construcciones neuróticas, los elementos que entran en juego para explicar estas construcciones no nos alcanzan para pensar el problema planteado. En el Manuscrito K dice "no creo que la herencia determine la elección de una neurosis defensiva en particular" y establece a continuación el curso clínico de la neurosis defensiva en general: a) Una experiencia sexual (o una serie de experiencias) que es prematura y traumática y debe ser reprimida. b) La represión de esta experiencia en alguna ulterior rememoración y la consiguiente formación de un síntoma primario. c) Una fase de defensa eficaz que se asemeja al estado de salud normal salvo por la existencia del síntoma primario. d) Una fase en la cual retornan las ideas reprimidas, formándose síntomas nuevos durante la lucha entre aquellas y el yo, que constituyen la enfermedad propiamente dicha; en otros términos, se trata de una fase de transacción persistente". Y agrega: "las diferencias principales entre las distintas neurosis se expresan a través de la forma en que retornan las ideas reprimidas". Y todavía "el carácter específico de las distintas neurosis reside en la manera de realizar la represión. Siguiendo los avatares de la investigación y su proverbial honestidad expositiva, Freud nos dice en el mismo año, en la carta 46: "Los períodos en los cuales se produce la represión no tienen importancia alguna para la elección de neurosis, mientras que los períodos en que ocurre la escena son decisivos. El carácter de la escena es decisivo en la medida en que pueda determinar la defensa". Un año más tarde en la carta 57 confiesa: "veo que comienza a tambalearse una de las presunciones que hasta ahora había alimentado: que la elección de neurosis está determinada por su época de origen. Sigo dudando, empero si está determinada por la época de su origen, o, más bien por la represión". En diciembre de 1899, al borde del efecto 1900 que fue La interpretación de los sueños, dice en una carta: "Se me plantea el problema de la elección de neurosis. ¿Qué cosa torna a una persona histérica, en vez de paranoica? Según mi primer intento de respuesta, cuando todavía intentaba tomar la fortaleza por asalto, ello dependía de la edad en la que habían ocurrido los traumas sexuales, es decir, de la edad vivencial. Hace tiempo que abandoné esa opinión; pero hasta hace pocos días no conocía ninguna respuesta mejor cuando se me ofreció una conexión con la teoría sexual en su vínculo con la represión". En 1905, en Mis opiniones acerca de la sexualidad en la etiología de las neurosis declara: "He aprendido a ver en algunas de aquellas fantasías mnémicas de iniciación sexual |
tentativas de defensa contra el recuerdo de la propia actividad sexual (masturbación infantil) habiendo debido abandonar, en consecuencia, la acentuación del elemento traumático en las experiencias infantiles para retener tan sólo el hecho de que la actividad sexual infantil espontánea o provocada marca decisivamente la dirección de la vida sexual ulterior del adulto". Esta aclaración que Freud reconoce viene a rectificar el más importante de sus errores iniciales, modifica también su concepción de los síntomas neuróticos que no se le aparecen ya como derivación directa de los recuerdos reprimidos de experiencias sexuales infantiles, pues entre ellos y las impresiones infantiles se interpolan las fantasías mnémicas (recuerdos imaginarios, fantaseados por lo general en la época de la pubertad), fantasías éstas que, por un lado, aparecían construidas sobre la base y con los materiales de los recuerdos infantiles y se convertían, por otro, en síntomas. Las dos caras de la moneda neurótica, la realidad y el deseo. Es en este trabajo donde establece que no hay diferencias esenciales entre la historia sexual infantil de los neuróticos y de los sujetos que han permanecido normales, ni siquiera en lo relativo a la temprana iniciación sexual. En esta línea, lo importante no era ya las excitaciones sexuales que el individuo hubiera experimentado en su infancia, sino sobre todo su reacción a tales impresiones y el hecho de haber respondido o no a ellas con la represión. Dice Freud: "Así pues, las influencias accidentales fueron cediendo aún más el puesto a la represión (término que comencé entonces a sustituir al de "defensa")". En 1913, en La disposición a la neurosis obsesiva. Una aportación al problema de la elección de neurosis dice: "Por qué tal o cual persona ha de contraer precisamente una neurosis determinada. Este es el problema de la elección de neurosis". Y un poco más adelante se reafirma en el principio antes enunciado de que "la elección de neurosis es totalmente independiente de los sucesos vividos por el sujeto". Quiere decir que en el problema de la elección de neurosis la represión pone en marcha la regresión o vía recurrente que se detiene al tropezar con una identificación, lo que Freud llamaba disposición por fijación. Dicho de otra manera, la represión dispara una apertura retroactiva que se le ofrece al sujeto con sólo articular su palabra, porque la palabra hace surgir hasta el origen la historia de esa demanda en la que toda su vida de hombre hablante se ha insertado. Encontramos posteriormente en el Libro 16 del Seminario un señalamiento de Lacan sobre el carácter retroactivo en que debe ser considerado el problema de la elección de neurosis. Dice: "Seguramente en un primer tiempo de la búsqueda analítica no estuvimos en el tiempo donde podía articularse de un modo lógico lo que él podía ser; en efecto, de lo que se presenta como enteramente determinante, en apariencia, al comienzo de una anamnesis, un cierto modo de reaccionar al trauma. Bast | |||||||