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ÍNDICE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Nº 56 |
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DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL ENTRE LA NEUROSIS OBSESIVA Y LA PSICOSIS |
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XI CONGRESO INTERNACIONAL GRUPO CERO. MEDICINA Y PSICOANÁLISIS - Segundo encuentro- |
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La libido es de naturaleza masculina, aparezca en el hombre o en la mujer, e independientemente de su objeto, sea éste el hombre o la mujer. Con la libido los seres que hablan que somos los humanos, hablamos, escribimos, miramos, escuchamos, sublimamos, odiamos, amamos, negociamos, trabajamos, estudiamos, verbeamos en general. Porque en los seres que hablan la sexualidad para serlo pasa por los desfiladeros del significante, tiene que ser simbolizada, en un orden simbólico tiene que ser una función simbólica. Si echamos una mirada sobre la vida sexual de nuestro tiempo nos sentiremos inclinados a afirmar que sólo contra su voluntad, y sintiéndose rebajados en su dignidad humana, se someten los seres humanos de hoy en día, en su mayor parte, a las leyes de la procreación. Llegándose a considerar algo despreciable desde el punto de vista cultural. En épocas anteriores no sucedía nada de esto, y los genitales constituyeron primitivamente el orgullo y la esperanza de los seres humanos, siendo objeto de un culto divino y transfirieron su divinidad a todas las nuevas actividades humanas. De su esencia surgieron numerosos dioses, hasta que tanto elemento divino y santo se llegó a extraer de la sexualidad, que se convirtió en objeto de desprecio. Pero la adoración a los genitales llega hasta nuestra época en el uso del idioma, las costumbres y supersticiones de la Humanidad actual. El psicoanálisis ha hecho justicia a la función sexual humana, investigando su importancia para la vida anímica, importancia señalada por numerosos poetas y filósofos, pero jamás reconocida por la ciencia. Para ello se exige como premisa una amplificación del concepto de sexualidad. La libido es un término con el cual designamos la energía considerada como magnitud cuantitativa, pero no mensurable, de todo lo relacionado con el concepto de amor, el amor sexual, cuyo último fin es la cópula sexual. Pero no separamos de este amor, el amor del individuo a sí mismo, ni el amor paterno y filial, la amistad y el amor a la Humanidad en general, a objetos concretos o abstractos. Siempre amamos con la libido, no importa lo que amemos. Ya Platón con la palabra Eros había introducido la idea de amor amplificado, y también San Pablo en su Carta a los corintios. La mayoría de los hombres "cultos" ha visto en este concepto una ofensa y ha tomado venganza lanzando contra el psicoanálisis las más duras críticas, sin conocerlo. El psicoanálisis no encuentra ningún mérito en avergonzarse de la sexualidad, pero no hay que ceder a la pusilanimidad, porque se empieza por ceder en las palabras y se termina cediendo en las cosas. Y como el tiempo va dando razón a las ciencias, sólo hay que saber esperar sin necesidad de hacer concesiones. La sexualidad humana tiene la peculiaridad de ser algo más que una maduración de las gónadas y hormonas, cursando con una doble iniciación, en tanto se desarrolla en dos fases separadas por una fase de latencia: la sexualidad infantil y la metamorfosis de la pubertad. En el primer tiempo, el de la sexualidad infantil la máquina del Edipo introduce el significante padre y el significante madre, afectando de manera que el padre es un rival y la madre un objeto amoroso, y en su máxima culminación se produce la
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operación de amnesia infantil, un olvido del olvido, en tanto olvidamos y olvidamos que hemos olvidado. Esta etapa de latencia o de represión necesaria para la constitución del psiquismo humano puede faltar o permanecer constante, abriéndose la vía de la perversión cuando falta y la vía de la neurosis cuando permanece. Esta división en dos fases y una pauta intermedia es privativa de la sexualidad humana. La primera fase culmina en la represión de las tendencias que en la segunda fase se reaniman, permaneciendo ignorado el sexo femenino por lo que la antítesis no es masculino y femenino sino el poseedor de un pene y el castrado. Sólo después de la pubertad se sabe, inconscientemente, que hay hombres y mujeres. En la primera etapa nuestra sexuación está sostenida por los significantes padre y madre, mientras que la segunda está sostenida por los significantes fálicos y castrados, por eso que quien no concluye en una sexuación estructurada con los significantes: padre, madre, hombre y mujer, quedará afectado por la perversión y sus disfraces, o las diversas neurosis. Y si queda afectado en la primera fase quedará condenado a enamorarse de su delirio, desde su posición de forcluir el significante padre. Que forcluyó el significante padre se va a saber por après-coup cuando no pueda tomar la posición masculina, sin masculinizarse, la posición de castrado, en tanto nadie tiene falo, siendo el falo una función. Mientras que la represión o renegación del significante padre se va a saber cuando no pueda tomar la posición femenina, sin feminizarse, la posición de objeto causa de deseo, en tanto no hay quien no sea castrado. Esto quiere decir que la sexualidad ha quedado desligada de sus relaciones demasiado estrechas, con los genitales, describiéndose como una función que tiende hacia el placer y sólo secundariamente entra al servicio de la reproducción. El hecho de separarla de los genitales permite amplificar la sexualidad. El repudio que esto ha generado en los seres humanos ha afectado a la comunidad científica rayando incluso en lo anticientífico. En el campo médico esta hostilidad era motivada por el acento puesto en lo psíquico, mientras que entre los filósofos era motivada por el concepto de actividad psíquica inconsciente, pero en general era debido a la natural aversión del ser humano para considerar la sexualidad como un concepto. Algunos alumnos de Freud queriendo liberar a la humanidad del yugo de la sexualidad que el psicoanálisis le había impuesto, llegó a decir que la sexualidad no era la sexualidad sino algo distinto, abstracto y místico (Jung), y otro ha llegado a pretender que la vida sexual no es sino uno de los factores en los que el hombre quiere satisfacer la necesidad de poderío y dominio que lo mueve (Adler). Teorías, mentiras, que han llevado sus secuencias a una degradación de la vida humana. En general la sexualidad se haya recluida al servicio de la reproducción prohibiéndose ponerla al servicio del placer y pensar en ello, lo cual conlleva un deterioro individual y de la comunidad humana, pues no se puede reprimir pensar en algo sin reprimir el pensar. Freud nos dice "Representémonos cuán imposible se haría la sociedad humana si cada individuo tuviera su tabla de multiplicar particular y su sistema especial de pesas y medidas. Esperemos que el intelecto, el espíritu científico, logre la dictadura sobre la vida psíquica de los seres humanos, porque la coerción de pensar es un peligro para el porvenir de la Humanidad". Amelia
Díez Cuesta. Psicoanalista |
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PSICOANÁLISIS
Y MEDICINA |
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EXTENSIÓN
UNIVERSITARIA: |
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Lacan va a establecer una diferencia con Chomsky y con la lingüística en general. Entre lo que él denominó lalengua y el lenguaje de los lingüistas. El psicoanálisis no se ocupa del lenguaje sino del precio que se paga por advenir como sujeto del lenguaje. Advenir en "lalengua" supone un precio que tiene dos caras, supone una división que es: un imposible de escribirla, y una libra de carne que se entrega del propio cuerpo. Un imposible de escribir porque en lalengua no se escribe la relación sexual. Una libra de carne porque para el sujeto que adviene en el significante, hay una serie de objetos que se pierden, que el significante recorta y segrega como desechos y cuyo común denominador será la letra a. Tanto el objeto a, que causa el deseo, como el sujeto que está dividido por el significante, serán la condición de que lalengua sea imposible de considerar como un todo. La proposición será "lalengua no es toda" y es justamente porque no se escribe la relación sexual en esta lengua, que se sedimentará el saber que llamamos inconsciente. La lengua en psicoanálisis, es lo que practica el inconsciente para que ésta hable su verdad, por lo tanto está consagrada al equívoco, será una materia propicia para que el fantasma presente su objeto perdido. La colección de elementos que la constituyen no conforman un universo, no hay figura de universo, es informal, es el lugar donde el inconsciente corrompe y adultera a las palabras usuales. Es una lengua incompleta. Ésta es la diferencia con la lingüística. No hay lingüística sin teoría de la comunicación que no presente una escritura de la comunicación. Hay perfecta simetría entre el receptor y el emisor representando la más pura ficción imaginaria que intenta hacer del dos, uno. No contornea un imposible. El amor como el mejor invento para ocultar la imposibilidad de la relación sexual. En la lingüística como en el amor, los sujetos son anulados en sus diferencias, y sólo son considerados por aquellos rasgos que los tornan idénticos. En cambio el eje de lalengua son dos sujetos que no pueden confundirse en uno, son el uno y el otro, necesariamente discernibles y su diferencia no puede ser anulada. Así lalengua será siempre una lengua que se habla, es decir trabajada por un imposible. |
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Este imposible para Lacan es el escribir la relación sexual. Allí lalengua es como si cometiese un error lógico matemático con lo real del sexo. Es decir, donde habría dos sexos, lalengua entrega solamente un significante, el falo. para el discurso analítico, el sexo real no es subjetivable, entendiendo que todo proceso de subjetivación se organiza bajo la égida del significante, es decir que no hay en lo real ningún saber que indique qué es lo que tiene que hacer el hombre como hombre y la mujer como mujer. Lo paradojal es que en la medida en que la relación sexual no es inscribible dentro del campo significante, es posible el acto sexual, que es un acto fallido, el acto sexual está marcado por la repetición de un goce, un goce que siempre tiende a la muerte. El equilibrio del placer y la homeostasis del principio del placer, es avasallado por el trabajo del significante. Es el significante el que introduce en el cuerpo un plus que es goce, que es precisamente lo que está más allá del principio del placer. No podemos hablar del goce en un cuerpo donde el significante no haya intervenido. Significante y goce son antinómicos. El goce en la medida que es lo Real, es lo imposible para el significante, donde está el goce no está el significante, sin embargo sólo se puede hablar de goce en aquel lugar donde el cuerpo como tal ha quedado corporeizado por el significante. Goce sería el nombre que tomó Lacan para referirse a lo que en su momento Freud denominó pulsión de muerte, irreductibilidad del síntoma, masoquismo primordial. El goce es lo que no sirve para nada, no es útil, no constituye ningún bien, y a la vez no tiene ningún valor de cambio. A Lacan le interesó mostrar la implicación permanente entre el significante y el goce. Si las maneras de gozar son el síntoma y el fantasma, en el síntoma el goce es displacentero, en cambio en el fantasma el goce es placentero. El síntoma es ese real que irrita al ser parlante, en tanto el fantasma es lo que le da cierta consistencia. El acto sexual está marcado por la repetición de un goce que siempre tiende a la muerte y toma su punto de partida en que no hay relación sexual. Frente a este desencuentro sexual no queda más remedio que recomenzar, porque es un acto que no es hecho de una vez por todas. El discurso analítico no es un discurso sobre lo imposible, sino que es también efecto de ese imposible. La imposibilidad puede aparecer a veces enmascarada por prohibiciones, pero la prohibición es sólo una máscara, un semblante que vela esta imposibilidad. Que todo no se diga no es porque está prohibido, sino porque es imposible y el síntoma es el testimonio de la imposibilidad de decirlo todo. Norma
Menassa. Psicoanalista
Hay una gran ambigüedad de lo que está en cuestión cuando hablamos de la pulsión escópica. La mirada es ese objeto perdido y de pronto reencontrado. ¿Qué intenta ver el sujeto? El objeto de tanta ausencia, lo que el voyeur busca y encuentra aunque no es más que una sombra. Lo que busca no es el falo, como a veces se dice, sino precisamente su ausencia. Lo que se mira es lo que no se puede ver. La estructura de la pulsión aparece gracias a la introducción del otro (mín.) sólo se completa realmente en su forma invertida, bajo forma de retorno, que es la verdadera pulsión activa. Lo apuntado por el sujeto en el exhibicionismo es lo que se realiza en el otro semejante; más allá de su implicación en la escena, el deseo verdaderamente apunta al otro. En cuanto al masoquismo vemos que al principio de la pulsión sadomasoquista el dolor no aparece para nada. En qué momento se introduce en la pulsión sadomasoquista la posibilidad del dolor sufrido por lo que en este momento se ha convertido en el sujeto de la pulsión, donde el sujeto se ha tomado como término, terminal de la pulsión. En ese momento el dolor entra en juego en tanto el sujeto lo experimenta del otro (min.). Aquí lo que está en juego en la pulsión es: el camino de la pulsión, es la única forma de transgresión permitida al sujeto con respecto al Principio de Placer. El sujeto advertirá que su deseo es sólo un vano rodeo que busca pescar, enganchar el goce del otro (min.), pues al intervenir el otro (min.) advertirá que hay un goce más allá del Principio de Placer. El forzamiento del Principio de Placer por la incidencia de la pulsión parcial no hace ver que las pulsiones parciales, ambiguas, se instalen en el límite del mantenimiento de una homeostasis de su captura por esa figura velada que es la Sexualidad. El objeto de la pulsión debe ser situado a nivel de una subjetivación acéfala, sin sujeto. Una estructura, un trazo que representa una cara de la topología. La otra cara hace que un sujeto por sus relaciones con el significante sea un sujeto agujereado, la homeostasis no es solamente rebasamiento de un cierto umbral de excitación sino también repartición de vías que permiten el mantenimiento y la dispersión de una cierta catexis. La presión de lo que en la Sexualidad debe ser reprimido para mantener el Principio de Placer -la libido- es lo que ha permitido el progreso del propio aparato mental. A este nivel no hablamos de subjetivación del sujeto. El sujeto es un aparato, un aparato laguna y es en la laguna que el sujeto instaura la función de un cierto objeto, el objeto perdido. Se trata del estatuto del objeto a (min.) en tanto que está presente en la pulsión. En la fantasía aunque el sujeto pase inadvertido, está ahí, ya sea en el sueño, en la ensoñación o en cualquiera de sus formas. |
La fantasía es el sostén del deseo, no es el objeto lo que lo sostiene. El sujeto se sostiene como deseando con respecto a un conjunto significante cada vez más completo. Se ve en la forma de escenario donde el sujeto más o menos reconocible, está en algún lugar, dividido, escindido, a veces doble en su relación con este objeto que a menudo ya no muestra su verdadera figura. Lo que sostiene la realidad de la situación de lo que se llama pulsión sadomasoquista es exactamente el sujeto asumiendo este papel de objeto en la medida EN QUE EL SUJETO SE HACE OBJETO de otra voluntad, no sólo se clausura sino que la pulsión sadomasoquista se constituye. Sólo en un segundo tiempo el deseo sádico es posible con respecto a una fantasía. El sádico ocupa el lugar del objeto, sin saberlo en beneficio de otro, para cuyo goce ejerce su acción de sádico. El objeto a (min.) nunca ocupa el lugar de objetivo del deseo. Es o presubjetivo o fundamento de una identificación denegada por el sujeto. En ese sentido, el sadismo es una denegación del masoquismo. Y el objeto del deseo es una fantasía o un señuelo. María
Chévez. Psicoanalista Las instituciones del conocimiento y del poder han recubierto ese pequeño teatro cotidiano del sexo con discursos solemnes. Occidente en particular, ha invertido un gran aparato de discurrir, de analizar y de conocer esos gestos sin edad, esos placeres apenas furtivos. El sexo se ha convertido en algo que debe ser dicho, exhaustivamente, según dispositivos discursivos diversos pero, a su manera, coactivos. Confidencia sutil o interrogatorio autoritario, refinado o rústico, el sexo debe ser dicho en una gran conminación polimorfa. Hay que señalar que los discursos sobre el sexo, no se han multiplicado fuera del poder o contra él, sino en el lugar mismo donde se ejercía y como medio de su ejercicio, en todas partes fueron preparadas incitaciones a hablar, dispositivos para escuchar y registrar, procedimientos para observar, interrogar y formular. Se lo desaloja y constriñe, a una existencia discursiva. Desde el imperativo singular, que a cada cual impone transformar su sexualidad en un permanente discurso, hasta los mecanismos múltiples, que en el orden de la economía, la pedagogía, la medicina, la justicia, incitan, extraen, arreglan e institucionalizan el discurso del sexo. Quizá ningún otro tipo de sociedad, como Occidente, acumuló en una historia relativamente corta, semejante cantidad de discursos sobre el sexo. A pesar de ello, no es simplemente en términos de extensión continua, como se puede hablar de ese crecimiento discursivo; se puede ver también una dispersión de los focos emisores de los discursos, una diversificación de sus formas y el despliegue complejo de la red que los enlaza. Más que la uniforme preocupación en ocultar el sexo, más que una pudibundez general del lenguaje, lo que marcan nuestros últimos siglos, es la variedad, la amplia dispersión de los aparatos inventados para hablar, para hacer hablar del sexo, para obtener que él habla por sí mismo, para escuchar, registrar, transcribir y redistribuir lo que se dice. Se puede recordar como ejemplo, cuando se intentó hacer del sexo, por excelencia, lo que debe ser "confesado", presentándolo como el enigma inquietante: no lo que se muestra con obstinación, sino lo que se esconde, una presencia insidiosa a la cual puede uno permanecer sordo, puesto que habla en voz baja y a menudo disfrazada. El secreto del sexo, no es, claro está, la realidad fundamental respecto de la cual se sitúan las incitaciones a hablar de él; ya sea que intenten romper el secreto o mantengan su vigencia de manera oscura; porque en virtud del mismo modo, en que hablan forman parte de la mecánica de las incitaciones: una manera de dar forma a la exigencia de hablar, una fábula indispensable para la economía, indefinidamente proliferante, del discurso sobre el sexo. Un funcionamiento y razones de ser, de diferentes regímenes de "poder-conocimiento-placer", que sostiene en nosotros la sexualidad humana. Del sexo interesa todo es evidente, que se formulan prohibiciones y autorizaciones, se afirma y se niega su importancia, se niegan sus efectos y se castigan o no las palabras que lo designan, el hecho es que se habla de él. Siempre está en juego. Quiénes lo hacen, los lugares y los puntos de vista desde donde se habla; las instituciones que a tal cosa incitan, que almacenan y difunden lo que se dice, es decir, el hecho discursivo, la puesta en discurso del sexo. Lo que lleva a leer, que hay formas, canales a través de los cuales se desliza a lo largo de los discursos, el poder, hasta las conductas más tenues y más singulares; caminos que permiten alcanzar, por otro lado, formas infrecuentes o apenas perceptibles del deseo. Infiltrado y controlado el placer cotidiano, con efectos que pueden ser de rechazo, bloqueo, descalificación y también de incitación, es decir, las técnicas polimorfas del poder. Sin embargo, lo curioso de la cuestión, no es determinar si esas producciones discursivas, esos efectos de poder conducen a formular la verdad del sexo o por el contrario, llevan a mentiras destinadas a ocultarla, sino que lo que parece estar en juego es el control, el aislamiento y la aprehensión de "la voluntad de saber", es decir del deseo de saber, que al mismo tiempo les sirve de soporte y de instrumento. Los elementos, supuestamente negativos, prohibiciones, rechazos, censuras o denegaciones, que una hipótesis represiva, reagrupa en un gran mecanismo central destinado a decir "no"; tal vez sólo representen piezas que tienen un papel local y táctico que desempeñar, en una puesta en discurso del sexo. Operación que no ha obedecido a principios de selección, sino de diseminación e implantación de sexualidades polimorfas. Aparece la sexualidad así, como un punto de pasaje para las relaciones de poder, entre hombres y mujeres, jóvenes y viejos, padres hijos, educadores y alumnos, gobierno y población. En las relaciones de poder la sexualidad no es un elemento sordo, sino uno de los que permiten la mayor instrumentalidad: utilizable para el mayor número de maniobras y capaz de servir de apoyo a las más variadas estrategias. Jaime
Kozak. Psicoanalista
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Nos toca inicialmente, definir el término salud, para ello, introduciremos alguno de los aportes que el psicoanálisis podría hacer sobre esta cuestión. Lo primero que habría que despejar de este término son las concepciones médicas de salud como armonía, donde la salud sería el equilibrio, la armonía, y la enfermedad un desequilibrio. Una segunda tarea sería la de sacar el término salud del dualismo salud / enfermedad, donde la salud es lo contrario de la enfermedad. Separarlo de la idea de armonía, de equilibrio, es porque el equilibrio es siempre con respecto a algo, los números irracionales, son irracionales respecto de los números naturales. Equilibrio incluye una idea de adaptación, y para ser normal no hace falta ser un adaptado. Sacarlo del dualismo salud / enfermedad porque entonces no podríamos pensar ningún grado de salud para pacientes con enfermedades crónicas o congénitas. Con frecuencia en la clínica nos encontramos con pacientes que cuando se les pregunta durante la anamnesis médica si tienen alguna enfermedad, responden que no, que ellos siempre han estado sanos. Cuando el médico entra en pormenores y comienza a preguntar más incisivamente, resulta que el paciente ha sido sometido a dos o tres intervenciones quirúrgicas, ha tenido varias enfermedades, algunas de ellas crónicas, etc. El médico suele exclamar frente a esta situación: ¡Pues, vaya!, menos mal que estaba usted totalmente sano. Deberíamos pensar, antes de empeñarnos en decirle al paciente que es un enfermo, que si él se siente sano, y no pone con ello en peligro su vida, rechazando un tratamiento que precisa, por ejemplo, no debemos intentar convencernos y convencerle de que es un enfermo. Y digo: es un enfermo, utilizo intencionalmente el verbo ser en lugar del verbo estar, porque esa es otra de las tareas que tendríamos que realizar. Estar enfermo no es un ser, porque si no el paciente termina siendo la enfermedad; es un nefrópata, es un cardiópata... Esto no es tan sencillo en principio como podría parecer, ya que a veces el mismo paciente se siente cómodo en ese lugar, así consigue tener un ser. No hay sujeto biológico, que no sea psíquico, que no sea social. El sujeto es este triple anudamiento. Desde que Freud escribió Psicología de las masas y Marx El Capital, ésta triple articulación del sujeto está incorporada en todos nosotros, consciente o inconscientemente. La definición de la OMS a este respecto: la salud es el estado de bienestar físico, psíquico y social, alude de alguna manera a esta cuestión. Una ciencia nueva siempre es rechazada por el hombre en sus inicios. Servet fue quemado en la hoguera por su descubrimiento del círculo menor (la circulación sanguínea pulmonar). El psicoanálisis es una ciencia nueva, que apenas tiene un siglo, quizá pasen otros cuantos siglos más hasta que la medicina y otras disciplinas se puedan apropiar de los hallazgos del psicoanálisis. Una mujer joven queda viuda, al mes inicia otra relación, y nuestra sociedad la critica bajo una moral arcaica, sin embargo, la capacidad de sustitución es uno de los criterios de salud para el psicoanálisis. Una enfermedad como el asma, que clásicamente se ha considerado una enfermedad psicosomática, para la medicina es una enfermedad crónica, es decir, en el adulto el asma no se considera una enfermedad que se cura. No es así para el psicoanálisis. Según la concepción que uno tenga de una enfermedad, así será su práctica con respecto a ella. Si la enfermedad es incurable para la medicina, no habrá posibilidad de curarla desde la medicina. No es el único caso de enfermedad en la que el psicoanálisis podría intervenir con resultados satisfactorios. Debemos también decir aquí que hay infinidad de enfermedades orgánicas en las que es muy probable que el psicoanálisis no tenga nada que decir. No se trata de acabar con la medicina, se trata de trabajar juntos para la salud. Pero intentemos ser prácticos. Si hemos dicho que pueden pasar siglos hasta que la medicina oficial pueda apropiarse del descubrimiento de la teoría del Inconsciente, |
para que el psicoanálisis se socialice hasta el punto de que los sistemas sanitarios lo ofrezcan como un tratamiento entre sus prestaciones, el único camino ético para los médicos y psicoanalistas que ya hemos hecho el descubrimiento, es trabajar en microsistemas de salud, si me permiten utilizar este término, donde sea tan habitual la colaboración del psicoanalista con el médico en estas "enfermedades compartidas", como lo es la del cirujano con el anestesista para la realización de una intervención quirúrgica. Trabajar para construir una medicina del Psicoanálisis. Tenemos antecedentes. Cuando el psicoanálisis tomó la maternidad de Santa Rosa en Buenos Aires, se redujeron un 80% las cesáreas en seis meses de trabajo. Se ha trabajado con enfermos renales trasplantados, con la idea de reducir los rechazos. Se está trabajando con pacientes infectados por el HIV, para mejorar la respuesta al tratamiento, mejorando su adherencia (seguimiento estricto del tratamiento, del que depende de una manera estrecha la respuesta al mismo). Estamos trabajando en ese proyecto de microsistema, desde el Departamento de Clínica de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero y no partimos de la nada, veinte años de trabajo en España en el campo del psicoanálisis, profesionales formados como psicoanalistas con una rigurosa formación académica (análisis personal, supervisión de los casos, grupos terapéuticos, grupos de estudio de la obra de Freud, Lacan, Hegel, Marx, Heidegger, seminario de grupos, master en clínica psicoanalítica). Médicos especialistas en psiquiatría, medicina de familia, medicina interna, neurología, reumatología, congresos internacionales de Medicina y Psicoanálisis, publicaciones sobre estas cuestiones: Medicina Psicosomática; SIDA, Estrés, Depresión; Medicina y Psicoanálisis. Y la próxima apertura de un seminario de Medicina del Psicoanálisis. Alejandra
Menassa de Lucia. Médico-Psicoanalista
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SÍNDROME
DE DOWN: PRONÓSTICO La primera descripción clínica del Síndrome de Down la realizó en 1866 Langdon Down que describió las similitudes faciales de un grupo de sus pacientes con retardo mental. En 1959, Jérôme Lejeune descubre la trisomía 21, alteración genética del Síndrome de Down. Descubrió la primera enfermedad cromosómica de la especie humana. Es una alteración muy frecuente, un recién nacido de cada 700 nacimientos está afectado por ella. Es la causa más comúnmente identificable de incapacidad intelectual, casi uno de cada tres casos, y es posible hallarlo en todas las razas. Su incidencia aumenta a medida que aumenta la edad de la madre. Su causa es la presencia de 47 cromosomas en las células. En el ser humano, cada célula contiene 46 cromosomas repartidos en 23 pares. En el caso de esta patología, en el par 21 existiría un cromosoma de más. Existen tres causas que explican la existencia de esa sobreexpresión genética: En el 95% de los casos el error de distribución de los cromosomas se produce antes de la fecundación o en la primera división celular. Todas las células del cuerpo tendrían entonces 47 cromosomas. En un 5% de los casos, existe una traslocación. La totalidad o parte del cromosoma 21 está unida a una parte o a la totalidad de otro. Comporta riesgo de reaparición en el seno familiar que ya tenga un hijo con Síndrome de Down. En el 1% restante, existe mosaicismo, una mezcla de células normales con células trisómicas. No en todas las células se daría trisomía. En general las personas con esta variedad de Síndrome de Down presentan menos déficits fisiológicos y de desarrollo. La presencia de un cromosoma más en dicho par, sería responsable de alteraciones cerebrales y de diversos problemas que afectan al desarrollo intelectual. Alrededor de un tercio de los niños con trisomía 21 tienen problemas de salud derivados de su alteración congénita. Entre ellos se pueden destacar la susceptibilidad a la infección, trastornos cardíacos, intestinales, sensoriales, mayor riesgo a la leucemia y al Alzheimer, entre otros. Estos hándicaps físicos influyen en el desarrollo y educación de estos niños, fundamentalmente porque se predispone a los padres desde un principio a que así sea. Anivel cognitivo existe retardo mental moderado o fuerte, aunque hay casos en los que se ha alcanzado niveles próximos a la normalidad, incluso existen sujetos que han realizado estudios universitarios. Estos sujetos comparten una serie de peculiaridades físicas que los hacen fácilmente identificables: ojos característicos, cabeza pequeña, cuello corto, orejas pequeñas, etc. Todo ello implica que, a priori, por estas características, la persona sea incluida dentro de un grupo heterogéneo, y del que predominan obsoletos mitos y creencias, que dificultan su normal desarrollo individual y social. Las enfermedades psiquiátricas tienen una mayor incidencia en las personas con Síndrome de Down que en el resto de la población. Parece haberse observado una vulnerabilidad incrementada a la depresión en adultos con trisomía. Asimismo los trastornos de conducta también parecen ser más frecuentes en ellos que en otros niños. Habría que destacar la importancia del Psicoanálisis como prevención de este tipo de patologías. |
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XI CONGRESO INTERNAICONAL GRUPO CERO. PISCOANÁLISIS Y MEDICINA |
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Su esperanza de vida ha mejorado considerablemente en los últimos años debido a las mejoras en la calidad de vida, a los avances médicos, los cambios en las concepciones paternas y a su incorporación a la sociedad. Actualmente podríamos situarla en torno a los cincuenta o sesenta años. Aún así, su proceso de envejecimiento está acelerado, por ello es de especial importancia el cuidado de su salud y estilo de vida. La sexualidad en los adultos con Síndrome de Down es un tema que aún hoy plantea a los padres quebraderos de cabeza, impidiendo o no favoreciendo que sus hijos puedan desarrollar esta importante parcela de la vida de una forma saludable. Los distintos profesionales están trabajando para eliminar las falsas creencias y prejuicios paternos de modo que sea posible que estos sujetos puedan disponer de información sexual apropiada y una sexualidad satisfactoria. No hay que olvidar que las personas con minusvalías psíquicas tienen similares necesidades de intimidad, amistad y afectividad que el resto de seres humanos. A partir de 1965 aparecen los primeros trabajos que mencionan el papel de la familia en la educación de los niños y adultos con Síndrome de Down. La labor que juega en el desarrollo del sujeto es indudable y determinante, pues en gran medida somos inadefruto de lo que nos permiten nuestros progenitores. Desde el Psicoanálisis es en la familia, como estructura sexual, donde vamos a recibir la ley que nos funda como sujetos. En el caso del Síndrome de Down su papel está sobrevalorado, en ella se centra básicamente la intervención temprana tras el nacimiento del hijo, y en ella depositan médicos, psicólogos y educadores todas las esperanzas, pero hemos de decir, que no la consideran como la base, a través de la cual, se forma el sujeto psíquico. Nuestro trabajo como psicoanalistas recaerá, en un principio, también sobre los progenitores, considerando que son los que permiten la estructuración del sujeto. Asimismo, no debemos olvidar que el niño o adulto tiene sus propios intereses y expectativas, preocupaciones y deseos y también debemos concederle su lugar en el análisis. Ante el nacimiento de un hijo con esta patología, o cualquier otra, no basta con proferir un discurso a los padres con las características de su hijo y las posibilidades o límites que la moral "científica" actual le ofrece. El papel del psicoanalista será muy relevante en este primer momento, donde los padres se encuentran ante un hijo que rompe todos sus esquemas y han de enfrentarse a todos los mitos existentes al respecto. No hay que olvidar que la familia es una estructura dentro de lo social, en la que el individuo con Síndrome de Down también debe incluirse. Pero previamente, habría que plantearse si verdaderamente está integrado en ella como un "miembro" más o en cambio es un apéndice paterno, quiero decir, un ser sin independencia, sin un objetivo vital, que sobrevive tras sus padres. Es necesario establecerle un lugar en la estructura familiar, para que posteriormente pueda ser posible su integración social. Nos encontramos que la opinión del joven transcribe, en la mayoría de las ocasiones, las palabras maternas y puede suponer una barrera entre el propio matrimonio. La madre, que tanto ha sufrido por sacar adelante a su hijo, se refugia tras él separándose del marido, despojando a éste del papel tan relevante que tiene en la familia. Podemos decir entonces, que la madre juega una labor determinante y será el eje central sobre el que tendremos que trabajar. Deberá permitir la separación del hijo como sujeto y el desarrollo de sus propios intereses y afectos. Al igual que se plantea la necesidad, en cuanto se produce el nacimiento, de comenzar la orientación y formación paterna, por parte de médicos, pedagogos, etc, es necesario incluir el tratamiento psicoanalítico como profiláctico para permitir que los miembros de la familia y el propio niño se permitan una calidad de vida satisfactoria. El psicoanálisis puede ofrecer a los padres un discurso diferente del que se les ha dado hasta ahora que les ha hablado de patologías y limitaciones. Plantearles que los límites son los que ellos se impongan. Todo nuevo ser debe ser acogido en la infraestructura familiar, pero en ocasiones, dicha infraestructura no es capaz de soportar una situación potencialmente estresante como la que nos estamos planteando. Es necesario establecer nuevos pilares sobre los cuales edificar el presente y futuro de las personas con Síndrome de Down dentro de sus familias y dentro de nuestra sociedad. Cómo hacerlo, hemos de partir de que todo individuo tiene una capacidad de aprendizaje indeterminada, por lo tanto en función del trabajo que se realice, por parte de la sociedad (familia, escuela...) y del propio sujeto, podrá alcanzar una posición en el mundo que permita una vida propiamente humana. Puede ocurrir que los padres, ante el choque que puede suponer tener un hijo con Síndrome de Down, no se atrevan a tener más hijos, pueden y suelen sentirse culpables de lo que ha sucedido y conciben roto su proyecto familiar. Hay que tener en cuenta que siempre se tienen unas expectativas previas al nacimiento de todo hijo, pero entre lo esperado y lo acontecido siempre hay una distancia. También aquí es importante la figura del psicoanalista, cada familia tiene sus propias características y conforme a ellas debe producirse, y esto debe asentarse sobre el eje de la realidad. Podemos considerar que los padres de una persona con Síndrome de Down manifiestan los temores y preocupaciones que cualquier otro padre, pero no renuncian a ellos, impidiendo así la inclusión de sus hijos en lo social. Sería un interrogante continuo, por el futuro de sus hijos, por su salud..., es decir, se podría asemejar al discurso neurótico. Los padres se convertirán, si ellos ni nadie lo remedia, en los guardianes-protectores de sus "indefensos" hijos, que vivirán en una burbuja imaginaria construida para ellos. Como psicoanalistas debemos tolerar que los progenitores, ante el nacimiento, manifiesten sentimientos contradictorios e incluso de rechazo, pero hemos y han de permitir que se conviertan en trabajo de cara a este nuevo ser humano. |
Hemos de partir de la concepción del sujeto dentro de lo social, en la familia, el barrio, la escuela. El sujeto aislado no existe, un ser humano para serlo necesita de otros humanos, es por ello imprescindible la inscripción social del sujeto con Síndrome de Down, partiendo de su familia. En palabras de Menassa: "...sujeto, sujetado al paroxismo de leyes inviolables. Donde como persona no participa en la elección de la posición que le tocará ocupar en su vida por estar sojuzgado por ser hombre: a la tiranía del significante si se trata de la adquisición del lenguaje; a la tiranía de las relaciones de parentesco si se trata de la adquisición de la sexualidad o bien, y además simultáneamente, a la tiranía de los modos de producción si se trata de la producción del ser social". Por otro lado, siempre se les ha considerado como "eternos niños", destacando su gran afectividad e inocencia. En la actualidad es cuando se está abordando el hecho de que tanto los padres como las propias personas con Síndrome de Down trabajen en el sentido de ganar un lugar en el mundo como sujeto responsable. Pero a veces se llega demasiado tarde, el peso de toda una vida sin exigencias, puede llegar a resultar insalvable si no se realiza adecuadamente. Intentar concienciarles de su actual estado es insuficiente. Sería conveniente trabajar desde que el niño nace para construir en los padres una concepción más realista, son personas con capacidad de aprendizaje y de trabajo, que están esperando su oportunidad. Igualmente es necesario el asesoramiento, tanto a padres como al propio joven, en lo que respecta a conductas sociales y sexuales adecuadas que favorezcan el tránsito a la etapa adulta. Es necesario que la familia comprenda que el amor hacia sus hijos no es incompatible con una educación orientada a conseguir la mayor autonomía posible. Su labor consiste, además de ofrecerles amor, en capacitarles para una vida lo más independiente y satisfactoria posible, en la que puedan crecer personal y profesionalmente. Ello constituirá, a su vez, un gran motivo de satisfacción como progenitores, dejando los iniciales sentimientos de lástima olvidados en el tiempo y, por otro lado, mostrará a la sociedad las capacidades reales, con trabajo, que pueden alcanzar estas personas y favorecerá el aumento de oportunidades. Actualmente la integración escolar está prácticamente asumida, pero habría que destacar que ello no es simplemente incluir al niño en el Sistema Educativo ordinario, el sistema actual no es capaz de asumir las demandas de este tipo de población. Como ya hemos visto su ritmo de desarrollo, en general, es más lento y tienen dificultades especiales en determinadas áreas del desarrollo cognitivo y lingüístico, por lo tanto es preciso adaptar el ritmo educativo al nivel particular de cada individuo, optimizando con ello sus recursos y trabajando específicamente sobre sus carencias. No podemos engañar a los padres mostrándoles cómo su hijo está en una clase cuando no está al nivel o cómo está en otra en la que todos sus compañeros tienen una edad mucho menor. El propio niño, pese a que asume ser un compañero más, se reconoce distinto a los demás y por debajo de su nivel. Esto también es un factor importante en la falta de motivación de algunos niños a la hora de acudir a clase. Por ello, hay que reconocer la dificultad de querer integrar a este tipo de niños en un sistema que no va a su ritmo. Hay casos en los que los padres llegan incluso a dudar de si sus hijos deben acudir a centros educativos, si total "no van a trabajar". Parece que se busca la utilidad a todo, considerando ya de antemano lo que puede suceder en el futuro. Incluso se plantea, en la enseñanza lingüística enseñarles frases "útiles"en su entorno, como si el lenguaje fuera meramente una herramienta a través de la cual satisfacer las necesidades más básicas. No se tiene en cuenta, que lo que pueda o no suceder depende de lo que hoy y en lo sucesivo trabajemos. Tirar la toalla cuando aún no se ha planteado el combate es absurdo y permite una vida bastante limitada, en este caso, los padres les permiten a sus hijos una vida coartada por sus pobres expectativas. También surge el problema de que cuando el joven alcanza los 18 años debe abandonar el colegio, aunque no haya terminado todos los cursos escolares. Esto plantea un nuevo dilema, qué hacer ahora con él o ella. Los años de escuela le han capacitado para poco. Las perspectivas que se plantean entonces aún hoy son reducidas. Matricular a sus hijos en centros especiales o en centros de día, no es suficiente, aunque pueden pasar momentos de ocio o capacitarse para un futuro trabajo. En la actualidad, afortunadamente, las personas con Síndrome de Down están demostrando que son capaces de llegar más lejos de lo que previamente les estaba establecido, ya tenemos casos de licenciados universitarios, trabajadores en empresas, etc. Por ello, debemos exigir una formación de mayor calidad y especificidad en base a los intereses y capacidades de estas personas. Siguiendo a Freud, en Análisis Profano, destacaba el papel que el psicoanálisis podía jugar aplicado a la Pedagogía. Cuando el niño comienza a manifestar signos de una evolución indeseada, a través de un tratamiento mixto, psicoanalítico y pedagógico, se consigue muy pronto suprimir los síntomas indeseados. Por lo tanto, en este tipo de niños,
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donde es esperable que aparezcan conductas inadecuadas, el Psicoanálisis podría evitar, junto con el trabajo educativo, que se cumplan esas nefastas expectativas que recaen sobre ellos. Y aplicar el Psicoanálisis a estos niños, jóvenes o adultos no quiere decir realizar un tratamiento de segunda, un "tratamiento deficiente", el tratamiento será el mismo que para cualquier persona, pues ello le permitirá ser uno más entre otros. Volviendo sobre la familia, en la mayoría de los casos el niño con Síndrome de Down es el pequeño de más hermanos, este hecho podría ser una ventaja, pues se trataría de padres que ya tienen un estilo educativo formado y que toleran las diferencias, y donde el niño dispondría en sus hermanos de modelos de desarrollo normalizados. Aún así, existiría el riesgo de la sobreprotección hacia el pequeño, pero para ello deben estar los profesionales que tienen que saber aprovechar todas las herramientas posibles para optimizar el crecimiento de esa y de su familia y evitar que prosperen ideas y estilos de comportamiento inadecuados en el seno familiar. Hay que reconocer que los avances que podemos observar en la actualidad en las personas con Síndrome de Down se debe, en gran medida, al trabajo de los padres, que han sabido tratar a sus hijos como aprendices ávidos de conocimientos y experiencias y que han elegido a los profesionales la eliminación de los prejuicios de las capacidades de estas personas. Refiriéndonos, por otro lado, a la dirección de la investigación médica en la actualidad, ésta se dirige hacia la identificación de los genes implicados en el origen de esa trisomía. En base a la creencia de que conociendo el mapa genético se podrán resolver los problemas. Pero muchos padres se plantean si el tratamiento que proponen para evitar este síndrome es el aborto tras el diagnóstico precoz, idea que les parece fuera de lugar, tal vez porque no llegó a tiempo para ellos. En otras investigaciones se ha observado que un tratamiento indicado para personas con Alzheimer, podría mejorar la capacidad para comunicarse y la habilidad lingüística en algunos casos de Síndrome de Down. Dicho tratamiento sería la administración de Donepezilo, y parece haberse observado que mejora la capacidad de comunicación, la habilidad lingüística y el estado de ánimo de las personas tratadas. Esto nos lleva a plantearnos que las limitaciones orgánicas referidas en esta trisomía no serían insalvables, sería posible, con un tratamiento adecuado, relativizarlas. Mientras llega alguna solución que haga desaparecer este síndrome, los profesionales y los padres hemos de seguir trabajando para permitir que estos jóvenes y los no tan jóvenes, tengan un presente y futuro mejor, en el que poder amar y trabajar. Helena
Trujillo Luque. Psicoanalista
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DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL ENTRE LA NEUROSIS OBSESIVA Y LA PSICOSIS El síntoma es goce, displacentero y placentero, el analista va a funcionar en una lógica estructurante, sabemos, la palabra es paradojal con respecto a la ley, es así como la clínica psicoanalítica debe hacerse en términos de lógica paradojal. Nuestro trabajo permitirá suspender las certidumbres del sujeto, hasta que se consuman los últimos espejismos. Trabajamos con la inestimable colaboración de las formaciones del inconsciente, síntomas, sueños, actos fallidos, que en su interpretación permitirán restituir en el que habla, los significantes que restablecerán la con-tinuidad de la cadena significante. En las sesiones se irán produciendo los giros narrativos de un decir, donde el sujeto nos dice aquello que lo somete, sin él saberlo. Van a producirse puntuaciones, interpretaciones, donde el analizante puede llegar a reconocer esa verdad de su historia, donde no está toda ella en su pequeño papel y sin embargo su lugar se marca en él, por los tropiezos dolorosos que experimenta. La disposición sexual perversa, de la infancia, puede considerarsela fuente, de todas nuestras creaciones, el mal vivir, y el buen vivir, han sido gestados por un proceso inconsciente. Emilio Zola nos presenta en La alegría de vivir, a una joven que sacrifica gozosamente y sin esperar recompensa su fortuna, sus proyectos, cediendo en su deseo, ante las personas amadas, durante su infancia la había dominado una insaciable necesidad de cariño. Ha sido el deseo sexual infantil reprimido, aquel que vive insatisfecho en cada uno el que ha mostrado en esa joven su satisfacción sustitutiva, deseo de nada, promovido y promotor de las creaciones como los mitos, la poesía, rasgo que la palabra nos permite situar en la construcción de las historias. El título de la ponencia me compromete a encontrar en las márgenes del abismo que por instantes separa a la neurosis obsesiva y a la psicosis, los conceptos que la teoría psicoanalítica pone a nuestro alcance, dejándome trabajar por los escritos de Freud, Lacan, Marx, Menassa, tarea que seguramente me dejará en deuda con mis maestros. La neurosis obsesiva trae el recuerdo a la manera del autorreproche, a la manera de estructuras cuya naturaleza resulta ser, una transacción entre las ideas reprimidas y las represoras. Los productos del pensamiento obsesivo pueden equivaler a muy diversos actos psíquicos, deseos, tentaciones, impulsos, dudas, mandatos y prohibiciones. La secuencia de las obsesiones aparece en todos los casos despojada de afecto. La realidad es, la antesala de un presagio, la superstición, originada por impulsos hostiles y crueles reprimidos, es un salvoconducto para no vivir. La relación con la muerte ha sido sacada, de la cuenta de la vida, por lo tanto vive de renuncias y postergaciones. Las coordenadas de la inseguridad y la duda alojan grandes temas como la pate | |||||||